LA DIMENSIÓN LABORAL DE LOS FEMINICIDIOS EN
MÉXICO (2015-2023)
THE LABOR DIMENSION OF FEMINICIDE IN MEXICO (2015-2023)
Julia Juárez García[1]
Uberto Salgado Nieto[2]
José Nabor Cruz Marcelo[3]
DOI:
https://doi.org/10.32870/lv.v7i63.8059
Resumen
Las condiciones
laborales de las mujeres en México no solo reflejan desigualdades económicas,
sino que también refuerzan su exposición a formas extremas de violencia
ancladas en estructuras patriarcales. Este estudio explora la relación entre
ingresos, ocupación y nivel educativo con la violencia feminicida, a través del
Estatus Social Relativo Laboral (ESRL) como herramienta analítica. A partir de
un conjunto modelos de datos panel con información trimestral de la Encuesta
Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), se analizan las 32 entidades federativas entre 2015 y 2023. Los
resultados revelan una asociación significativa entre las condiciones laborales
de las mujeres y los feminicidios. En particular, se identifica una asociación
significativa: mayores ingresos y menor subocupación femenina con alta
escolaridad se vinculan con menor violencia feminicida. Sin embargo, tras la
pandemia de COVID-19, esta tendencia se revierte: el incremento de ingresos se
asocia con un alza en los feminicidios, al igual que una mayor participación
femenina en sectores altamente calificados. Esto sugiere la persistencia de tensiones
estructurales frente al avance de las mujeres en el mercado laboral. Los
hallazgos destacan la necesidad de políticas públicas que aborden tanto la
violencia de género como las desigualdades estructurales que la perpetúan.
Palabras clave: Feminicidios,
Mercado laboral, Violencia de género, Desigualdad de género, Estatus social
relativo
JEL:
J16, B54, K14
Abstract
Women's labor conditions in Mexico not only reflect economic
inequalities but also reinforce their exposure to extreme forms of violence
rooted in patriarchal structures. This study explores the relationship between
income, occupation, and educational attainment and femicide, using the Relative
Labor Social Status (ESRL) as an analytical tool. Based on a set of panel data
models with quarterly information from the National Survey of Occupation and
Employment (ENOE), the analysis covers all 32 Mexican states from 2015 to 2023.
The results reveal a significant association between women's labor conditions
and femicide rates. Specifically, higher income and lower underemployment among
highly educated women are associated with lower levels of femicide. However, this
trend reverses after the COVID-19 pandemic: increases in income and greater
female participation in highly skilled sectors are linked to a rise in
femicides. These findings suggest the persistence of structural tensions in
response to women's advancement in the labor market. The study underscores the
urgent need for public policies that address both gender-based violence and the
structural inequalities that sustain it.
Keywords: Femicides, Labor market,
Gender-based violence, Gender inequality, Relative social status
JEL: J16, B54,
K14
Recepción: 16 de octubre de 2024/Aceptación: 02 de mayo de 2025
Introducción
La visibilización del
feminicidio como forma extrema de la violencia de género ha ampliado el debate
sobre sus causas y soluciones (Hernández-Flórez et al., 2024), destacando las
condiciones laborales de las mujeres, ya que las desigualdades en el acceso y
calidad del empleo pueden aumentar su vulnerabilidad (Pina Canseco et al.,
2020; Kerr-Wilson et al., 2020). Este análisis requiere un enfoque
interdisciplinario que reconozca su dimensión estructural, siguiendo el modelo
ecológico de Heise (1998), que concibe la violencia como un fenómeno
multicausal presente en diversos ámbitos sociales.
Las desigualdades laborales no solo limitan el acceso de
las mujeres a recursos, sino que refuerzan su subordinación en contextos
patriarcales, lo que debilitó su estatus social y amplía su vulnerabilidad ante
relaciones de poder desiguales. Esta subordinación se sustenta, según Pratto y
Walker (2004), en cuatro pilares: fuerza, control de recursos,
responsabilidades sociales e ideología de género, que explican la persistencia
de las brechas laborales y evidencian las limitaciones de los marcos económicos
tradicionales.
Entre los modelos económicos con enfoque de género que
explican las desigualdades estructurales en el mercado laboral, se distinguen
tres principales. El primero, la teoría neoclásica, atribuye las brechas
salariales a diferencias en calificación y productividad asociadas al capital
humano, y sugiere que el compromiso familiar limita la participación femenina
(Becker, 1981). No obstante, esta perspectiva omite las relaciones de poder y
la discriminación estructural.
El segundo, el enfoque del mercado dual, cuestiona la
visión neoclásica al señalar la segmentación del empleo en un sector primario,
estable y mejor remunerado, y uno secundario, precario y mal pagado, donde se
concentran mayoritariamente las mujeres (Klimczuk y Klimczuk-Kochańska, 2016).
El tercero, el enfoque de segregación de género, distingue entre la segregación
horizontal –ocupaciones diferenciadas por género– y la vertical –subrepresentación femenina en puestos
de liderazgo– (Anker, 1998; Barberá et al., 2011; Martínez León y Marengo, 2021).
Sin
embargo, el vínculo entre el empoderamiento económico y la violencia de género
continúa siendo objeto de debate. Aunque una baja autonomía económica puede
aumentar la vulnerabilidad de las mujeres frente a situaciones de violencia
(Kerr-Wilson et al., 2020; Cools y Kotsadam, 2017), el acceso a recursos
materiales no implica necesariamente una reducción del riesgo (Bergvall, 2024).
Esta ambigüedad se explica por la persistencia de estructuras ideológicas que
reproducen jerarquías de género (Pratto y Walker, 2004), lo que limita el
alcance del empoderamiento económico (Megías y Montañés, 2012). En este
sentido, se vuelve indispensable avanzar hacia transformaciones estructurales y
culturales que cuestionen y desmantelen dichas desigualdades (Navarro Mantas,
2022).
Este
artículo examina la relación entre las condiciones laborales de las mujeres y
la violencia de género en México, con particular atención en los feminicidios y
el impacto de la pandemia de COVID-19. Se parte de la hipótesis de que la
mejora en las condiciones laborales no conlleva necesariamente una reducción de
la violencia, debido a la persistencia de factores estructurales, sociales e
ideológicos que limitan el alcance del empoderamiento económico. Con este
propósito, se propone una herramienta metodológica –el Estatus Social Relativo
Laboral (ESRL)– que permite analizar esta relación a nivel estatal entre 2015 y
2023, contemplando tres posibles dinámicas: mejora, protección o reacción
negativa. El análisis se realiza mediante una metodología de datos panel, a
partir de información trimestral proveniente de la Encuesta Nacional de
Ocupación y Empleo (ENOE) y del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de
Seguridad Pública (SESNSP).
Los
resultados validan el ESRL para explorar la violencia feminicida. Tras la
pandemia, entre 2021 y 2023, el aumento de ingresos femeninos se correlaciona
positivamente con los feminicidios, en contraste con la tendencia negativa
entre 2015 y 2019. Asimismo, la asociación entre feminicidios y el porcentaje
de mujeres empleadas con altos niveles educativos sugiere una reacción adversa
ante su creciente presencia en posiciones de influencia, impulsada por
dinámicas patriarcales. También se ha revertido la relación entre el empleo en
el sector secundario y los feminicidios, lo que indica un retroceso en la
equidad de género y nuevas vulnerabilidades para las mujeres en el mercado
laboral postpandemia. Estos hallazgos resaltan la urgente necesidad de
implementar políticas integrales que se ocupen de las raíces socioeconómicas y
estructurales de la violencia de género.
Este arículo se organiza en cinco secciones, además de la
introducción. La primera delimita la tipificación del feminicidio en México; la
segunda presenta el Estatus Social Relativo Laboral (ESRL) como herramienta de
análisis; la tercera expone hechos estilizados sobre empleo femenino y
feminicidios; la cuarta presenta el modelo de datos panel y los resultados; y
la quinta ofrece las conclusiones del estudio.
El feminicidio en
México
Las mujeres enfrentan
diversas formas de violencia, impulsadas por actitudes misóginas profundamente
arraigadas y legitimadas. La mayoría de las víctimas sufre agresiones
reiteradas, que responden a dos patrones: uno severo y creciente, y otro
moderado asociado a estallidos ocasionales de violencia (Heise y García-Moreno,
2002). En este marco, el feminicidio constituye la forma más extrema de
violencia en relaciones íntimas y refleja también una violencia institucional
amparada en la impunidad (Castellano Suárez et al., 2023).
En
México, el reconocimiento del feminicidio surgió a raíz de los asesinatos de
mujeres en la maquila de Ciudad Juárez (Monárrez, 2002). Lagarde (2005, 2024)
lo definió como una forma agravada de homicidio de mujeres que evidencia
responsabilidad estatal por su omisión ante crímenes evitables. A diferencia
del femicidio, que alude solo al asesinato por razones de género, el
feminicidio expone la dimensión estructural de la violencia y la impunidad
institucional (Pasinato y de Ávila, 2023).
La
ratificación de las convenciones CEDAW y Belém do Pará fortalecería las
políticas contra la violencia de género en México. La Ley General de Acceso de
las Mujeres a una Vida Libre de Violencia define el feminicidio como la forma
más extrema de violencia, impulsada por la misoginia y la impunidad. Sin
embargo, su inclusión en los códigos penales ha encontrado resistencia debido a
conceptos misóginos como el crimen pasional, que perpetúan la supremacía
masculina (Velasco Domínguez, 2023). En 2012, el feminicidio fue integrado como
delito grave en el Código Penal Federal, lo que implicó ajustes en su castigo y
criterios de acreditación, reflejando violaciones previas a los derechos de las
mujeres.
De
acuerdo con la Comisión Nacional de Derechos Humanos (2021), el feminicidio
está tipificado en los códigos penales de las 32 entidades federativas de
México, aunque en siete de ellas se clasifica como homicidio (Chiapas,
Guerrero, Michoacán, Quintana Roo, Tabasco, Tamaulipas y Tlaxcala). En Nayarit,
el homicidio de mujeres por motivos de misoginia se define utilizando los
mismos elementos del feminicidio. La principal diferencia entre las
legislaciones radica en las penas, siendo la sanción máxima de 70 años de
prisión en la Ciudad de México, el Estado de México, Morelos, Jalisco y
Veracruz. Adicionalmente, los criterios para la acreditación y condena
dificultan tanto el seguimiento de las cifras como el análisis de la magnitud
del delito.
Este
artículo sostiene que la discriminación laboral de género es una manifestación
de la violencia contra las mujeres, vinculada al feminicidio. Al igual que su
tipificación, que evidencia la violencia estructural impulsada por la misoginia
y la impunidad, las condiciones laborales refuerzan este ciclo de violencia.
Así, este estudio aporta al análisis de cómo la dimensión laboral incide en la
violencia extrema de género.
Estatus Social
Relativo Laboral (ESRL)
Una vía para articular
las dimensiones sociales con la violencia de género es el Estatus Social
Relativo (ESR), definido por Liu y Fullerton (2015), mismo que integra factores
educativos, económicos y políticos. Este estudio propone una ampliación del
concepto mediante el Estatus Social Relativo Laboral (ESRL), (ver Figura 1).
Figura 1. Dimensiones del Estatus Social
Relativo Laboral.
Fuente: Elaboración
propia.
En primer lugar, en la
dimensión económica, se reconoce la relevancia del nivel de ingresos para la
autonomía, sin embargo, por sí solo no garantiza la erradicación de la
violencia. Córdova López (2017) advierte que el control económico puede
persistir incluso con mayores ingresos, limitando la independencia femenina y,
en algunos casos, reforzando el poder masculino sobre los recursos.
En
segundo lugar, la inclusión de la dimensión educativa en el modelo busca
cuestionar la perspectiva neoclásica que vincula la violencia de género
únicamente con mujeres de baja escolaridad, sin considerar los factores
estructurales ni la responsabilidad de los agresores. Aunque diversos estudios
señalan que las mujeres con menor educación y recursos enfrentan mayores
riesgos de violencia (Ahmadabadi et al., 2020), también se ha documentado un
aumento de la violencia entre mujeres con alto nivel educativo e ingresos
(Garrido Lastra y Tapia Marchina, 2022). Esto pone de manifiesto que la
relación entre educación y violencia es más compleja de lo que tradicionalmente
se ha asumido (Weissman, 2022).
Finalmente,
se incorpora la dimensión política del empleo para examinar el impacto de la
participación femenina en cargos directivos sobre los niveles de violencia
extrema de género. Diversas investigaciones sobre liderazgo y dinámicas organizacionales
abordan esta relación (Moncayo Orjuela y Zuluaga, 2015). En este contexto,
destaca el concepto de "techo de cristal", introducido por
Segerman-Peck (1991), que describe la barrera invisible que limita el acceso de
mujeres altamente cualificadas a puestos jerárquicos. Este fenómeno, basado en
estereotipos de género arraigados en las organizaciones, perpetúa la exclusión
femenina de los espacios de poder y toma de decisiones (Camarena Adame y
Saavedra García, 2018).
En general, el enfoque multidimensional que aquí se
propone busca mostrar que las desigualdades de género se arraigan en las
estructuras sociales, según la perspectiva ecológica de Heise (1998), que
sostiene que la violencia de género debe abordarse no solo desde factores
individuales, sino también desde las estructuras culturales que la perpetúan.
Suponer que el acceso a mejores ingresos, educación o empleo erradicará la
violencia de género es una visión reduccionista que revictimiza a las mujeres,
al centrarse en su situación laboral en lugar de la responsabilidad de los
agresores. Como señalan Bosch-Fiol y Ferrer-Pérez (2012), esta lógica reproduce
los "mitos de la violencia de género", como el de la marginalidad,
que vincula la violencia solo con la pobreza, obviando su raíz estructural y
cultural (Expósito, 2011). Mejorar las condiciones laborales es fundamental,
pero insuficiente mientras persistan las estructuras de desigualdad y no se
enfrente la responsabilidad de los agresores.
Este
planteamiento es clave al observar que, en economías desarrolladas, el
empoderamiento económico y educativo de las mujeres se asocia con una
disminución de la violencia de género (Htun y Jensenius, 2022). En cambio, en
economías en desarrollo se ha visto que la mejora de sus condiciones laborales
en algunas ocasiones puede desafiar normas sociales y generar reacciones
violentas de quienes buscan preservar su dominio (Mishra y Kray, 2022).
Tomando
en cuenta lo anterior, la Tabla 1 presenta las hipótesis relacionadas con las
dimensiones del Estatus Social Relativo Laboral (ESRL), basadas en la
literatura feminista y criminológica (Gu y Zhong, 2024). La primera hipótesis,
de mejora, sugiere que una mayor autonomía de las mujeres, impulsada por
mejores ingresos y educación, puede reducir la violencia extrema de género.
Tabla 1. Estatus Social Relativo Laboral:
Hipótesis.
Fuente: Elaboración propia con base en Liu y Fullerton
(2015).
En segundo lugar, la hipótesis de protección sugiere que, al alcanzar un
mayor estatus social, las mujeres adquieren más capacidad para influir en el
ámbito político y promover cambios que favorezcan su bienestar (Liu y
Fullerton, 2015). Desde la perspectiva del ESRL, una menor incidencia de
violencia extrema podría asociarse con el empoderamiento profesional de las
mujeres, al fortalecer su posición relativa. Sin embargo, si la relación es
positiva, el empoderamiento laboral político, podría interpretarse como una
respuesta reactiva machista ante la percepción de pérdida de control. Por
último, la hipótesis de reacción negativa sostiene que el avance de las mujeres
en los ámbitos económico y educativo puede desencadenar una respuesta violenta
de los hombres, al percibir una amenaza a su dominio político y económico. En
el siguiente apartado, se presentarán hechos estilizados relevantes para el
contexto mexicano.
Feminicidios
y condiciones laborales en México
La
violencia extrema de género en México tiene su origen en los feminicidios de
trabajadoras maquiladoras en Ciudad Juárez durante los años noventa, que
atrajeron la atención internacional. Estos crímenes, aún impunes, reflejan la
persistencia de la violencia (Tirado Villegas y Carreto Tirado, 2024). La
industrialización impulsada por el Tratado de Libre Comercio de América del
Norte (TLCAN) atrajo mano de obra migrante de estados empobrecidos, pero
también consolidó la violencia de género, empeorada por el deterioro urbano y
los enfrentamientos entre cárteles (Cervera Gómez et al., 2010). La industria
maquiladora transformó los roles de género sin crear redes de protección
adecuadas (Pineda Jaimes y Herrera Robles, 2007; Gutiérrez Amparán, 2022). Las
políticas ineficaces son evidentes en el aumento de casos de violencia entre
2015 y 2023 (ver Gráfica 1).
Gráfica 1. Número de
feminicidios en México entre 2015-2023 (trimestral).
Fuente: Secretariado
Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (2023).
Los
datos sobre feminicidios a nivel estatal revelan que entidades como Chihuahua y
Nuevo León, que comparten frontera con Estados Unidos y albergan importantes
centros industriales como Ciudad Juárez y Monterrey, experimentaron las mayores
variaciones en la tasa de feminicidios entre 2015 y 2023. Esta tasa se calcula
por cada 100,000 mujeres en edad laboral, como se observa en la Tabla 2.
|
Tabla 2. Feminicidios por Entidad Federativa (Mujeres de
18 años y más). |
|||||||
|
2015 |
2023 |
Variación (2015-2023) |
|||||
|
Entidad |
Fem |
F/PEA* |
Fem |
F/PEA* |
Fem |
F/PEA* |
|
|
00 |
Nacional |
333 |
1.678 |
715 |
2.905 |
382 |
1.227 |
|
01 |
Aguascalientes |
0 |
0.000 |
2 |
0.720 |
2 |
0.720 |
|
02 |
Baja California |
10 |
1.641 |
17 |
2.280 |
7 |
0.639 |
|
03 |
Baja California Sur |
0 |
0.000 |
2 |
1.067 |
2 |
1.067 |
|
04 |
Campeche |
3 |
2.211 |
12 |
7.076 |
9 |
4.865 |
|
05 |
Coahuila |
15 |
3.077 |
10 |
1.641 |
-5 |
-1.435 |
|
06 |
Colima |
5 |
3.480 |
6 |
3.634 |
1 |
0.154 |
|
07 |
Chiapas |
30 |
5.444 |
28 |
3.863 |
-2 |
-1.581 |
|
08 |
Chihuahua |
0 |
0.000 |
43 |
5.929 |
43 |
5.929 |
|
09 |
Ciudad de México |
57 |
2.892 |
54 |
2.459 |
-3 |
-0.434 |
|
10 |
Durango |
2 |
0.716 |
10 |
2.973 |
8 |
2.256 |
|
11 |
Guanajuato |
18 |
1.820 |
24 |
2.063 |
6 |
0.243 |
|
12 |
Guerrero |
0 |
0.000 |
14 |
2.002 |
14 |
2.002 |
|
13 |
Hidalgo |
0 |
0.000 |
16 |
2.514 |
16 |
2.514 |
|
14 |
Jalisco |
57 |
4.101 |
29 |
1.676 |
-28 |
-2.425 |
|
15 |
Estado de México |
40 |
1.475 |
71 |
2.094 |
31 |
0.619 |
|
16 |
Michoacán |
9 |
1.270 |
15 |
1.686 |
6 |
0.416 |
|
17 |
Morelos |
12 |
3.764 |
33 |
8.690 |
21 |
4.926 |
|
18 |
Nayarit |
0 |
0.000 |
6 |
2.268 |
6 |
2.268 |
|
19 |
Nuevo León |
1 |
0.115 |
64 |
5.630 |
63 |
5.515 |
|
20 |
Oaxaca |
8 |
1.247 |
37 |
4.699 |
29 |
3.452 |
|
21 |
Puebla |
7 |
0.686 |
30 |
2.355 |
23 |
1.669 |
|
22 |
Querétaro |
6 |
1.889 |
8 |
1.639 |
2 |
-0.249 |
|
23 |
Quintana Roo |
0 |
0.000 |
15 |
3.780 |
15 |
3.780 |
|
24 |
San Luis Potosí |
2 |
0.468 |
10 |
1.848 |
8 |
1.379 |
|
25 |
Sinaloa |
12 |
2.340 |
26 |
4.250 |
14 |
1.910 |
|
26 |
Sonora |
15 |
2.805 |
28 |
4.604 |
13 |
1.799 |
|
27 |
Tabasco |
2 |
0.600 |
17 |
4.145 |
15 |
3.545 |
|
28 |
Tamaulipas |
0 |
0.000 |
16 |
2.346 |
16 |
2.346 |
|
29 |
Tlaxcala |
1 |
0.463 |
14 |
5.063 |
13 |
4.600 |
|
30 |
Veracruz |
20 |
1.933 |
40 |
3.011 |
20 |
1.078 |
|
31 |
Yucatán |
1 |
0.255 |
8 |
1.559 |
7 |
1.304 |
|
32 |
Zacatecas |
0 |
0.000 |
10 |
3.763 |
10 |
3.763 |
*Feminicidios por cada 100,000 mujeres
pertenecientes a la Población Económicamente Activa
Fuente: Elaboración propia con datos de Secretariado Ejecutivo
del Sistema Nacional de Seguridad Pública (2023) e Instituto Nacional de Estadística y Geografía (2023).
Entre
2015 y 2023, la violencia extrema de género en México incrementó, afectando a
todas las entidades federativas, siendo Nuevo León la más impactada. A pesar de
este aumento, el Estado ha priorizado atraer inversión extranjera,
flexibilizando las regulaciones laborales para captar empresas transnacionales
que buscan menores exigencias, según Olney (2013). Esta estrategia, vinculada
históricamente a la violencia en la industria maquiladora, ha sido agravada por
la globalización y la precarización laboral, especialmente entre trabajadoras,
con efectos negativos tras la pandemia (Sotelo Valencia, 1998).
Las Gráficas 2.1 y 2.2
muestran la distribución de la población ocupada por nivel de ingreso. Desde
2018, ha crecido el porcentaje de personas que ganan hasta un salario mínimo,
alcanzando el 40% en mujeres y el 30% en hombres en 2023. A su vez, disminuyó
el porcentaje de quienes ganan más de tres salarios mínimos, con un aumento en
los que reciben hasta un salario mínimo en mujeres y entre uno y dos salarios
en hombres.[4]
A nivel estatal, se
destaca el aumento de mujeres que ganan hasta un salario mínimo en las regiones
centro (Ciudad de México, Hidalgo, Tlaxcala) y norte (Baja California,
Coahuila, Chihuahua, Tamaulipas), y la disminución de las que perciben más de
cinco salarios mínimos (ver Tabla 3). Este fenómeno está relacionado con el
crecimiento de la industria maquiladora, en otras regiones del país.
Gráfica
2.1.
Porcentaje de población ocupada de Mujeres según nivel de ingresos
(2015-2023).
Fuente:
Elaboración propia con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía
(2023).
Gráfica
2.2.
Porcentaje de población ocupada de Hombres según nivel de ingresos
(2015-2023).
Fuente:
Elaboración propia con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía
(2023).
|
Tabla
3. Porcentaje
de mujeres que perciben hasta un salario mínimo o más de cinco salarios
mínimos por Entidad Federativa (2015-2023). |
|||||||
|
2015 |
2023 |
Variación (2015-2023) |
|||||
|
Entidad |
HSM |
MCSM |
HSM |
MCSM |
HSM |
MCSM |
|
|
00 |
Nacional |
19.15 |
4.88 |
42.55 |
0.85 |
23.40 |
-4.03 |
|
01 |
Aguascalientes |
10.15 |
2.3 |
24.075 |
2.15 |
13.93 |
-0.15 |
|
02 |
Baja California |
7.925 |
3.35 |
33.475 |
2.75 |
25.55 |
-0.60 |
|
03 |
Baja California Sur |
12.8 |
2.725 |
26.95 |
2.05 |
14.15 |
-0.68 |
|
04 |
Campeche |
22.45 |
2.075 |
51.4 |
1.625 |
28.95 |
-0.45 |
|
05 |
Coahuila |
11.625 |
4 |
31.85 |
1.45 |
20.23 |
-2.55 |
|
06 |
Colima |
17.675 |
3.95 |
35.6 |
1.6 |
17.93 |
-2.35 |
|
07 |
Chiapas |
35.075 |
3.4 |
60.325 |
1.6 |
25.25 |
-1.80 |
|
08 |
Chihuahua |
6.55 |
3.625 |
36.125 |
1.725 |
29.58 |
-1.90 |
|
09 |
Ciudad de México |
13.675 |
5.675 |
40.125 |
1.325 |
26.45 |
-4.35 |
|
10 |
Durango |
20.025 |
6.125 |
43.75 |
1.7 |
23.73 |
-4.43 |
|
11 |
Guanajuato |
20.575 |
5.05 |
40.225 |
1.65 |
19.65 |
-3.40 |
|
12 |
Guerrero |
26.3 |
5.725 |
51.125 |
1.325 |
24.83 |
-4.40 |
|
13 |
Hidalgo |
27.65 |
7 |
51.65 |
1.025 |
24.00 |
-5.98 |
|
14 |
Jalisco |
14.85 |
6.6 |
29.725 |
1.325 |
14.88 |
-5.28 |
|
15 |
México |
20.55 |
6.1 |
46.7 |
1.1 |
26.15 |
-5.00 |
|
16 |
Michoacán |
23.75 |
7.175 |
47.55 |
0.825 |
23.80 |
-6.35 |
|
17 |
Morelos |
17.7 |
5.85 |
37.45 |
1.775 |
19.75 |
-4.08 |
|
18 |
Nayarit |
23.975 |
6.375 |
38.5 |
1.4 |
14.53 |
-4.98 |
|
19 |
Nuevo León |
10.575 |
6.4 |
26.05 |
1.225 |
15.48 |
-5.18 |
|
20 |
Oaxaca |
31.225 |
5.8 |
55.325 |
1.125 |
24.10 |
-4.68 |
|
21 |
Puebla |
26.075 |
4.2 |
50.575 |
2.1 |
24.50 |
-2.10 |
|
22 |
Querétaro |
10.475 |
4.55 |
32.4 |
2.05 |
21.93 |
-2.50 |
|
23 |
Quintana Roo |
14.925 |
4.425 |
37.425 |
1.95 |
22.50 |
-2.48 |
|
24 |
San Luis Potosí |
20.65 |
4.325 |
39.875 |
1.7 |
19.23 |
-2.63 |
|
25 |
Sinaloa |
14.45 |
3.7 |
33.125 |
2.975 |
18.68 |
-0.73 |
|
26 |
Sonora |
12.85 |
4.6 |
33.85 |
2.425 |
21.00 |
-2.18 |
|
27 |
Tabasco |
21.025 |
4.05 |
50.5 |
2.575 |
29.48 |
-1.48 |
|
28 |
Tamaulipas |
16.925 |
3.575 |
51.875 |
2.275 |
34.95 |
-1.30 |
|
29 |
Tlaxcala |
25.975 |
2.6 |
56.925 |
3.325 |
30.95 |
0.73 |
|
30 |
Veracruz |
25.175 |
2.1 |
53.675 |
2.975 |
28.50 |
0.88 |
|
31 |
Yucatán |
29.225 |
2.425 |
51.95 |
3.1 |
22.73 |
0.68 |
|
32 |
Zacatecas |
21.85 |
1.925 |
43.825 |
3.025 |
21.98 |
1.10 |
|
HSM: Hasta un salario mínimo MCSM: Más de cinco salarios mínimos |
|
|
|||||
Fuente:
Elaboración propia con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía
(2023).
Por
su parte, la variación en la distribución salarial refleja el impacto
desproporcionado de la pandemia sobre las mujeres, agravado por desigualdades
preexistentes (Ferreyra Beltrán, 2020). Una expresión de esto, es que las
mujeres con niveles educativos más altos enfrentan tasas de desempleo más
elevadas que sus homólogos masculinos, superada por el choque de la Pandemia (ver
Gráfica 3).
Gráfico 3. Tasa de desocupación:
Nivel educativo Medio superior y superior (2015-2023).
Fuente:
Elaboración propia con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía
(2023).
Teniendo
este escenario en cuenta, el siguiente apartado presenta la evidencia a través
de la modelación de las variables que componen el ESRL, considerando la
compleja relación presentada en este apartado respecto a los fenómenos que
acompañan a cada variable. El objetivo será probar la validez de una relación entre
el los feminicidios en México y el ESRL.
Feminicidios y Estatus
Social Relativo Laboral
A.
Modelo con datos panel
El
uso de modelos de datos panel es común en estudios de género, como el análisis
de la relación "en forma de U" entre la participación femenina y el
desarrollo económico (Zuazu, 2024). Esta metodología permite comparar contextos
nacionales y detectar patrones estructurales. Al combinar variabilidad entre
unidades y cambios a lo largo del tiempo, mejora la precisión de las
estimaciones, reduce la multicolinealidad y controla variables no observadas.
Si bien, el modelo busca validar empíricamente la relación entre las variables,
no se pretende establecer causalidad, sino reforzar el análisis
microfundamentado a nivel estatal. El tratamiento econométrico sigue el enfoque
de Cameron y Trivedi (2010), a partir de la expresión:
Siendo
B. Resultados: Análisis estatal del ESRL y los
feminicidios
El modelo general propuesto en la Figura
1, sugiere una relación entre la incidencia de feminicidios y las tres
dimensiones del ESRL: educativa, económica y política. Esta relación, se
expresa en la siguiente ecuación:
Para comprender la
integración de la base de datos, la Tabla 4 desglosa las variables que
corresponden a cada una de las dimensiones definidas en la Figura 1. En la
dimensión económica, se incluyen mujeres con ingresos inferiores a un salario
mínimo y superiores a cinco salarios mínimos. La dimensión político-laboral
distingue entre trabajadoras por cuenta propia, asociadas al trabajo precario
sin contrato formal ni prestaciones (de Oliveira y Ariza, 2000) y mujeres en
sectores profesionales, financieros y corporativos, con roles de liderazgo. Por
último, la dimensión educativa abarca a mujeres subempleadas con estudios de
nivel medio superior y superior.
|
Tabla 4. Variables independientes del modelo panel. |
||
|
|
|
Feminicidios (Fem) |
|
Dimensión Económica ( |
Nivel de Ingreso |
Hasta un salario mínimo (HSM) Más de 5 salarios mínimos (MCSM) |
|
Dimensión Política del empleo ( |
Posición en el empleo |
Trabajadoras por cuenta propia (CP) Servicios profesionales, financieros y corporativos (Serv. P.) |
|
Dimensión Educativa ( |
Nivel Educativo |
Población subocupada con educación media superior-superior (PS-MS) |
|
Condiciones generales de empleo |
Tasa de Ocupación en el Sector Informal (TOSI) Sector Secundario (SS) Tasa de Desocupación (TD) |
|
|
Variable de Control |
Tasa de Subocupación de los Hombres (TSH) |
|
Fuente: Elaboración
propia con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (2023).
Las condiciones
laborales se evalúan mediante indicadores como la Tasa de Ocupación en el
Sector Informal, el empleo en el Sector Secundario y la Tasa de Desocupación.
La Tabla 5 presenta las variables del estudio, que abarca de 2015 a 2023,
excluyendo 2020 por su atipicidad. Este enfoque permite analizar la evolución
laboral antes y después de la pandemia, considerando el inicio de los registros
de feminicidios en 2015.
En
primer lugar, se observa un incremento en el promedio nacional de feminicidios,
acompañado de una mayor variabilidad entre entidades federativas, lo que
evidencia una creciente concentración regional del fenómeno. En el tercer
trimestre de 2020, el Estado de México alcanzó el mayor número de casos
registrados en un solo trimestre, con un total de 40 feminicidios. De forma
paralela, se observa una disminución en el porcentaje de mujeres con ingresos
superiores a cinco salarios mínimos, que pasó del 3.01 % en el periodo 2015-2019
al 2.76 % entre 2021 y 2023.
|
Tabla 5. Estadística descriptiva por periodos. |
||||||
|
|
2015-2023 |
|
|
|||
|
|
Media |
Desviación Estándar |
Min |
Max |
||
|
Within |
Between |
Overall |
||||
|
Fem |
5.2285 |
3.7491 |
4.6057 |
5.8843 |
0 |
40 |
|
HSM |
28.3465 |
8.4531 |
8.5094 |
11.9023 |
5.3 |
62.6 |
|
MCSM |
2.8736 |
2.3502 |
0.1783 |
2.3567 |
0.1 |
14.4 |
|
CP |
22.8707 |
6.4975 |
0.4906 |
6.5155 |
10.6 |
43.3 |
|
PS-MS |
36.0510 |
9.3975 |
1.1695 |
9.4678 |
11.4 |
78.4 |
|
TSH |
9.1507 |
2.8748 |
3.6598 |
4.6100 |
0.5 |
27.7 |
|
|
2015-2019 |
|
|
|||
|
|
Media |
Desviación Estándar |
Min |
Max |
||
|
Within |
Between |
Overall |
||||
|
Fem |
4.5921 |
3.7308 |
4.1508 |
5.5350 |
0 |
34 |
|
HSM |
22.4071 |
3.7124 |
8.0638 |
8.7678 |
5.3 |
50.4 |
|
MCSM |
3.0164 |
2.5850 |
0.2474 |
2.5965 |
0.1 |
14.4 |
|
Serv. P. |
6.5699 |
2.8526 |
0.2814 |
2.8661 |
1.9 |
17.7 |
|
TOSI |
27.4957 |
8.6024 |
0.7761 |
8.6363 |
11.4 |
51.2 |
|
SS |
16.9021 |
6.9007 |
0.5580 |
6.9226 |
5.8 |
37.2 |
|
|
2021-2023 |
|
|
|||
|
|
Media |
Desviación Estándar |
Min |
Max |
||
|
Within |
Between |
Overall |
||||
|
Fem |
6.1041 |
2.9203 |
5.3919 |
6.0635 |
0 |
35 |
|
MSCM |
2.7565 |
2.0060 |
0.3632 |
2.0377 |
0.2 |
10.8 |
|
Serv. P. |
6.3512 |
2.0814 |
0.3460 |
2.1092 |
2.1 |
12.4 |
|
TOSI |
28.2812 |
8.1974 |
1.1186 |
8.2712 |
11.1 |
46.9 |
|
SS |
17.4919 |
6.5466 |
0.5983 |
6.5731 |
5.3 |
34.2 |
|
TSH |
9.4101 |
2.5762 |
3.7814 |
4.5305 |
0.7 |
22.5 |
Fuente: Elaboración propia con datos de Secretariado
Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (2023) e Instituto Nacional de Estadística y Geografía (2023).
Finalmente, el
análisis descriptivo muestra un incremento en la participación de las mujeres
en el sector secundario tras la pandemia, lo que refleja una mayor precariedad
laboral, dada la histórica vulnerabilidad de este sector, como se indicó
previamente. A nivel agregado, destaca el caso de Baja California, donde el
porcentaje de mujeres subempleadas con estudios de nivel medio superior y
superior alcanzó un máximo de 78.4 %. En general, se advierte un deterioro
significativo en las condiciones laborales de las mujeres en el periodo
posterior al COVID-19, como lo señalan diversos estudios (Rodríguez Pedraza,
2020).
Ahora,
la Tabla 6 presenta los resultados del modelo de panel estimado para tres
periodos distintos, con los feminicidios como variable dependiente: (1)
2015-2023, (2) 2015-2019 y (3) 2021-2023. En todos los casos, el Factor de
Inflación de la Varianza (VIF) fue inferior a 10, lo que respalda la robustez y
precisión de las estimaciones obtenidas.
|
Tabla 6. Modelo Panel por Periodos |
|||||
|
|
|
Feminicidios |
|||
|
|
|
2015-2023 |
2015-2019ª |
2021-2023ª |
|
|
Nivel de Ingreso |
HSM |
0.0778*** [R] (0.0205) |
0.0749* (0.0357) |
|
|
|
MCSM |
-0.4560*** [L] (0.1531) |
-0.4529** [L] (0.1423) |
0.4724*** [L] (0.0802) |
||
|
Posición en el empleo |
CP |
-0.0356** (0.0167) |
|
|
|
|
Serv. P. |
|
0.1124 (0.0679) |
0.1973*** (0.0431) |
||
|
Condiciones generales de
empleo |
TOSI |
|
0.0922*** [R] (0.0220) |
-0.0101 [R] (0.0143) |
|
|
SS |
|
-0.0464* (0.0220) |
0.0495*** (0.0098) |
||
|
TD |
|
|
0.2133 (0.1252) |
||
|
Nivel Educativo |
PS-MS |
-0.0389*** (0.0167) |
|
|
|
|
Variables de Control |
TSH |
0.1227 (0.0676) |
|
|
|
|
Constante |
4.5696*** |
0.8634 |
3.0448** |
||
|
(1.1966) |
(1.9374) |
(0.7118) |
|||
|
No. Observaciones |
1056 |
608 |
352 |
||
|
No. De Grupos |
32 |
32 |
32 |
||
|
No. De Periodos |
35 |
20 |
16 |
||
|
Prueba de Hausman |
0.7712 |
0.2965 |
0.0092 |
||
|
Prueba de Ramsey |
0.5768 |
0.1918 |
0.1323 |
||
|
ªDriscoll y Kraay para el control de posible
dependencia en sección cruzada y heterocedasticidad (Ver Hoechle, 2007) L: Logaritmo natural R: Un rezago *p<0.05, **p<0.01, ***p<0.001 Nota: Se presenta entre paréntesis la desviación
estándar de cada estimador |
|||||
Fuente: Elaboración propia con datos de Secretariado
Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (2023) e Instituto Nacional de Estadística y Geografía (2023).
El modelo de panel del periodo completo confirma una relación significativa
entre las condiciones laborales de las mujeres y los feminicidios, validando el
uso del Estatus Social Relativo Laboral (ESRL). Se observa una correlación
positiva entre bajos ingresos (hasta un salario mínimo) y feminicidios y
negativa cuando los ingresos superan los cinco salarios mínimos, apoyando la
hipótesis de mejora. Además, la relación negativa entre subocupadas con altos
niveles educativos y violencia feminicida, destaca la necesidad de mejorar las
oportunidades laborales para reducir la violencia de género. Las trabajadoras
por cuenta propia muestran una relación inversa con los feminicidios,
reforzando que las condiciones laborales influyen en la violencia extrema. En
resumen, el ESRL muestra que las condiciones laborales son clave para explica
la incidencia de feminicidios, según el modelo econométrico.
C.
Resultados por periodos
La segmentación de los datos en dos periodos revela cambios importantes.
Entre 2015 y 2019, se observa una relación negativa entre ingreso y
feminicidios, lo que respalda la hipótesis de mejora. También se identifica una
correlación positiva con el empleo informal, lo que destaca la importancia de
la estabilidad laboral y otras condiciones relacionadas.
Entre
2021 y 2023, los feminicidios se correlacionan positivamente con altos ingresos
y empleo en sectores profesionales, respaldando la hipótesis de reacción
negativa ante el avance femenino en espacios de poder. Esta correlación sugiere
que la violencia puede intensificarse cuando las mujeres acceden a posiciones
influyentes, aunque no implica causalidad, sino la validez empírica del vínculo
propuesto.
Resulta
relevante destacar que, en el periodo posterior a la pandemia, la relación
entre el empleo en el sector secundario y la incidencia de feminicidios se
torna positiva. Un patrón similar se observa en el caso de las mujeres con
ingresos superiores a cinco salarios mínimos. Asimismo, el coeficiente asociado
a ocupaciones de mayor responsabilidad y calificación –particularmente en los
sectores profesionales, financieros y corporativos– muestra una relación
positiva y estadísticamente significativa con los feminicidios. Estos
resultados respaldan la hipótesis según la cual el acceso de las mujeres a
posiciones jerárquicas superiores puede estar vinculado a mayores niveles de
violencia de género, lo que sugiere que persisten estructuras que refuerzan los
roles tradicionales de género y condicionan su participación en espacios de
toma de decisiones.
Los
resultados muestran que las barreras estructurales en el ámbito laboral limitan
el desarrollo de las mujeres y se vinculan con expresiones extremas de
violencia. El modelo confirma una relación significativa entre condiciones
laborales y feminicidios, lo que valida el Estatus Social Relativo Laboral
(ESRL) como herramienta analítica. Esto subraya la necesidad de políticas de
género que promuevan cambios culturales profundos, más allá del acceso a
mejores empleos, en una estructura históricamente marcada por patrones
masculinos que perpetúan la violencia.
Conclusiones
Entre 2015 y 2023, los
altos niveles de feminicidio en México reflejan el deterioro de las condiciones
que enfrentan las mujeres. Comprender este fenómeno exige una visión integral
que reconozca su carácter estructural. En este marco, las condiciones laborales adquieren especial relevancia, ya
que las brechas persistentes en el acceso y la calidad del empleo configuran
escenarios de vulnerabilidad que pueden amplificar los riesgos de violencia en
otros ámbitos de la vida.
Desde
la economía, crece el interés por explorar las raíces estructurales de la
desigualdad de género. Este estudio aporta al debate al evidenciar la relación
entre la dimensión laboral y la violencia feminicida, mediante un análisis
econométrico con datos trimestrales estatales sobre empleo y feminicidios en
México.
Los
resultados confirman la relación y revelan su complejidad. Ingresos, posición
laboral y nivel educativo son factores significativos, pero el análisis desde
el ESRL muestra que el vínculo no es lineal: a nivel nacional, mayores ingresos
femeninos se asocian negativamente con los feminicidios, reflejando la
influencia de factores culturales e ideológicos.
El
análisis por periodos muestra que, en los años recientes, la hipótesis de
mejora se invierte: mayores ingresos femeninos se asocian con más feminicidios,
lo que evidencia un retroceso en las condiciones para una vida libre de
violencia. De 2015 a 2019, el empleo en el sector secundario –incluidas las
maquilas– se relacionaba negativamente con los feminicidios, pero entre 2021 y
2023 esta relación se volvió positiva, indicando un resurgimiento de la
vulnerabilidad tras la pandemia.
En
resumen, las regresiones con datos panel revelan las complejas interacciones
entre empleo, educación y violencia de género en México, subrayando la urgencia
de políticas integrales que aborden tanto la violencia como sus raíces
socioeconómicas y estructurales. Es crucial evitar revictimizar a las mujeres,
reconociendo que los feminicidios son perpetrados por hombres en un contexto de
misoginia arraigada.
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[1] Facultad de Estudios Superiores
Acatlán, Universidad Nacional Autónoma de México, México. Correo electrónico:
julia.juarez.garcia@comunidad.unam.mx
[2] Instituto de Investigaciones
Económicas, Universidad Nacional Autónoma de México, México. Correo
electrónico: ubertosalgado@comunidad.unam.mx
[3] Instituto de Investigaciones
Económicas, Universidad Nacional Autónoma de México, México. Correo
electrónico: jnabor@unam.mx
[4] A pesar del aumento nominal y real del salario mínimo y sus efectos positivos para las mujeres, como indican Alvarado Pérez et al. (2023), la proporción de mujeres que ganan hasta un salario mínimo sigue siendo mayor que la de quienes perciben más de cinco salarios mínimos.