LA CARTOGRAFÍA SUBVERSIVA COMO HERRAMIENTA DE LA PRAXIS ESPACIAL LESBIANA

 

SUBVERSIVE CARTOGRAPHY AS A TOOL OF LESBIAN SPATIAL PRAXIS

 

Montserrat Vanessa Quintana López[1]

 

DOI: https://doi.org/10.32870/lv.v7i64.8306

 

Resumen

El siguiente trabajo tiene como objetivo exponer la relación entre dos trabajos cartográficos publicados de manera autónoma durante los últimos dos años: uno dedicado a cartografiar espacialmente los actos de lesbocidios en América Latina, y otro a visibilizar el activismo lésbico en México.

Desde mi primer trabajo publicado en 2022 “Propuesta para una Geografía Lésbica Mexicana” (Quintana López, 2022), he reiterado mi compromiso en poner a la vista y seguir planteando cómo las espacialidades lésbicas se producen a través de numerosos encuentros, activismos, prácticas y tejidos sociales en el territorio mexicano.

 

Palabras Clave: Cartografía subversiva, praxis espacial lésbica, geografía lésbica, violencias, resistencias

 

Abstract

This paper aims to analyze the relationship between two cartographic projects I have developed independently over the past two years. The first seeks to spatially visualize acts of lesbicide in Latin America, while the second focuses on mapping lesbian activism in Mexico.

Since my first publication in 2022, Proposal for a Mexican Lesbian Geography, I have maintained a commitment to making visible and problematizing how lesbian spatialities are constructed through various encounters, activisms, practices, and social fabrics within Mexican territory. This work reflects on cartographic methodology as a tool of resistance and documentation of lesbian experiences, as well as its potential to generate situated knowledge from feminist and dissident perspectives.

 

Keywords: Subversive cartography, Lesbian spatial praxis, Lesbian geography, Violence, Resistance

 

Recepción: 24 de septiembre de 2025/Aceptación: 19 de marzo de 2026

 

Introducción

 Nombrar y visibilizar las in/justicias espaciales de las mujeres lesbianas ha sido una tarea ardua que ha registrado las geografías lésbicas, corriente geográfica que funge como un parteaguas para entender el contexto espacial de la praxis lesbiana. Sin embargo, la mayoría de los trabajos de manera metodológica no contienen mapas o cartografías en las investigaciones realizadas dentro de esta corriente (Browne y Ferreira, 2018).

El uso de la cartografía desempeña en este trabajo una herramienta geográfica para poder visibilizar las violencias hacia las mujeres lesbianas, así como las resistencias de estas mujeres en los espacios que se constituyen a través de su visibilización; utilizar el uso de la cartografía para subvertir la práctica hegemónica y convencional de mostrar el espacio socialmente producido demuestra contener una connotación de soporte crítico individual y colectivo para reconocer de qué forma las mujeres lesbianas también han construido espacios a través de la resistencia y del tejido colectivo.

Hablar de una praxis espacial lesbiana es recordarnos a nosotras las lesbianas que enunciar desde nuestra existencia constituye una fuente de conocimiento a través de nuestras experiencias y prácticas para transgredir la institucionalización de la heterosexualidad y desequilibrar el poder de los hombres sobre las mujeres (Rich, 1996). No obstante, debido al sistema heteropatriarcal en el que se sustentan las sociedades, las lesbianas han sido violentadas y marginalizadas; y en este trabajo se pretende mostrar una de las prácticas violentas hacia las mujeres lesbianas: el asesinato de mujeres lesbianas por el hecho de serlo, el lesbofeminicidio[2]. Esta acción violenta no está constituida como una tipificación de delito en ningún país de América Latina, pero el hecho de que no exista en las leyes no quiere decir que no se estén llevando a cabo crímenes de odio contra las mujeres lesbianas en diferentes espacios. Evidenciar este fenómeno de forma espacial es contribuir a dar visibilidad a lo que llama Libertad García (2022) “continnum de violencia lesbofeminicida [...] el riesgo de ser lesbiana en nuestras sociedades latinoamericanas”.

Sin embargo, dentro de este trabajo también se tiene el carácter de reconocer las reivindicaciones espaciales de las mujeres lesbianas en el territorio mexicano, que no solo se quedan en el concepto de su participación en el derecho a la ciudad (Lefebvre, 1968) sino de su participación por medio de redes virtuales y materiales para conseguir la apropiación comunicativa y simbólica en diferentes espacios. La escala urbana es importante, pero no es solo la única escala que atraviesa a las mujeres lesbianas en su cotidianidad.

También se toma en cuenta desde una mirada crítica, que con base en Binnie y Valentine (1999, como se citó en Silva, 2009), la investigación espacial tiene que superar la barrera de las metodologías descriptivas del mapeo de espacios lésbicos/gay/queer, emprender una lectura que evidencie las formas de exclusión y marginación deben extenderse a debates más amplios. No obstante, confío que este primer trabajo, por descriptivo que sea, fuese una base de disrupción metodológica y teórica en la académica para futuros trabajos cartográficos alrededor de las espacialidades lésbicas.

 

Cartografía de la violencia

La producción espacial de la violencia hacia las mujeres lesbianas se ha construido en las bases del patriarcado que deshumaniza, odia y ve como un peligro a aquellas mujeres que representan un peligro para mantener su orden hegemónico. La lesbofobia como práctica y discurso significante como la repulsión hacia las mujeres lesbianas se produce a través de la violencia que se materializa desde invisibilizar a las lesbianas hasta el justificar ese sistema como “forma de control y de opresión a las mujeres por salirse de su condición genérica” (Alfarache, 2012).

Al hablar de las violencias que les atraviesan a las mujeres es mencionar los focos rojos que se localizan de manera simbólica y material y que se registran desde el ámbito privado y público; la invisibilidad de la existencia lesbiana ha propiciado la forma de crear, producir y vivir una vida diferente del régimen heterosexual, la producción del espacio heterosexual existe porque existe un régimen que silencia las voces que reclaman la diferencia. Por eso es que una de las luchas políticas más persistentes de las lesbianas ha sido su “invisibilidad” social, histórica y espacial (Wolfe, 1997). Como explica Alfarache (2012) “los abusos y la violencia contra las lesbianas suelen ocultarse tras un velo de silencio, miedo e indiferencia”. Por ello, el visibilizar las prácticas espaciales de violencia hacia las mujeres lesbianas es importante, porque se crean herramientas para comprender y aceptar la opresión a las que son sometidas en la vida cotidiana. Esta violencia espacial radica y se sostiene a través de relaciones sociales y de poder que se oponen a la espacialización de la diferencia, esto es, que ataca a las mujeres lesbianas al saber y conocer que sus prácticas sostienen una politización espacial para fragmentar su sistema que se sostiene de una base heterosexual.

El sistema heterosexual ha buscado disciplinar a las mujeres lesbianas desde su invisibilización, la cual se sustenta en el espacio privado, que se refuerza en una violencia psicológica y emocional con base en los insultos y abuso de familiares y en el trabajo o escuela; y en el espacio público en el que tienen que reservarse muestras de cariño y afecto con sus respectivas parejas.

Que las mujeres lesbianas busquen ocultar su identidad tiene implicaciones espaciales que ya han sido estudiadas por Valentine (1993), en el que advierte que, para evitar la hostilidad y la discriminación, las mujeres lesbianas optan muchas veces por no expresarse en determinados lugares y en determinadas etapas de la vida, estableciendo para ellas estrategias de supervivencia. Este último ha significado también la estigmatización y el desplazamiento del activismo lésbico a espacios periféricos para hablar y entretejer redes de apoyo entre mujeres lesbianas.

El poder elaborar y visibilizar una cartografía que retracte las violencias hacia las mujeres lesbianas no es una tarea fácil, y mucho menos cuando se trata de evidenciar la práctica espacial feminicida, pues es plantear el abandono y la omisión de un Estado al que no le importa proteger a un grupo de mujeres que representa un peligro y cuestionamiento de un orden espacial. Hacer una práctica cartográfica del lesbofeminicidio es comenzar a desordenar espacialmente ese simbolismo patriarcal que delata la falta de justicia social hacia las mujeres lesbianas. El caso de América Latina constata ser una prueba de la falta de derechos y seguridad hacia las mujeres lesbianas, hilando esto, al hecho de que no existen bases de datos gubernamentales oficiales que nos dicten a cuántas compañeras lesbianas les han arrebatado la vida, esta omisión refleja la falta de importancia hacia la vida de las mujeres lesbianas y con ello, a la memoria de las que parecen, no quieren ni nombrar.

La cartografía aquí presentada, se construyó con bases de datos a partir de dos fuentes principales. Por un lado, el artículo académico de Libertad García Sanabria (2022), única sistematización académica existente sobre lesbocidios en América Latina, que se incorporó como base independiente dado que da cuenta del vacío de registro institucional que caracteriza estos crímenes.

Por otro lado, una búsqueda sistemática por país en motores de búsqueda, Twitter y Facebook, utilizando términos como "lesbofeminicidio", "lesbocidio" y "crimen de odio lesbiana" combinados con el nombre de cada país, lo que permitió identificar registros de observatorios y organizaciones lésbico-feministas y LGBT como el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT (Argentina), el Observatorio de los Derechos de la Población LGBT (Bolivia), Caribe Afirmativo (Colombia), Movilh (Chile) y TRANSSA (República Dominicana), así como notas periodísticas de medios independientes especializados en diversidad sexual como agenciapresentes.org, letraese.org.mx y acapa.com.br, priorizados sobre medios masivos dado que históricamente ofrecen mayor cobertura de estos crímenes. El corpus final integra 59 registros de 11 países latinoamericanos abarcando el período 1984-2024.

En cuanto a la tipificación de crímenes de odio hacia población LGBT+, solo lo responden unos cuantos países; por ejemplo, Argentina, quien cuenta con un Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT, el cual fue creado por la Defensoría LGBT dependiente del Instituto contra la Discriminación de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, en articulación con la Federación Argentina LGBT y la Defensoría del Pueblo de la Nación, en mayo de 2016[3].

En el caso chileno, dentro de la Ley N° 21.212, la cual modifica el Código Penal, sancionan el asesinato de haberse realizado con motivo de la orientación sexual, identidad de género o expresión de género de la víctima[4]. Costa Rica en su Código Penal en el artículo 112 de la Ley 4573 impone una pena al asesinato por motivos de odio a causa de la orientación sexual.

 

Figura 1. Mapa de lesbofeminicidios en América Latina. Presentado en Google MyMaps, 2025.

Fuente: Vanessa Quintana. Mapa de Lesbocidios en América Latina - Google My Maps

 

 De la información investigada se obtuvieron los siguientes datos:

País

Número de asesinatos a mujeres lesbianas registrados

Argentina

4

Bolivia

2

Brasil

4

Chile

9

Colombia

13

Costa Rica

1

Guatemala

2

México

20

Paraguay

2

Venezuela

3

 

Los datos presentados en la tabla deben leerse en el contexto de un vacío jurídico generalizado en la región: ninguno de los países registrados cuenta con la tipificación específica del lesbofeminicidio, lo que evidencia la nula o escasa importancia que los Estados otorgan a la penalización de los crímenes de odio contra mujeres lesbianas.

Desafortunadamente, en el caso mexicano la penalización por crimen de odio por orientación sexual solo se cumple en algunas entidades federativas del país y no se encuentra a nivel federal. Esto se refleja en el subregistro: la base de datos aquí presentada documenta 20 víctimas de lesbocidio en México en 17 eventos entre 2016 y 2024, todos identificados a través de medios independientes como letraese.org.mx y notas periodísticas, ante la ausencia de un registro institucional sistemático a nivel nacional.       Destaca que 2019 fue el año con mayor número de casos registrados, con 8 víctimas, y que al menos 3 eventos involucraron ataques contra más de una mujer lesbiana de manera simultánea. Por esto último, de acuerdo con Alfarache (2012) “estas violaciones constituyen una amenaza y un impedimento para la democracia en el país porque implican la falta de respeto a la dignidad, la libertad y la igualdad de las lesbianas en el país”.

En consecuencia, elaborar una cartografía enfocada en la muerte no se compone de solo visibilizar elementos espaciales o un dato meramente estadístico, sino que mi postura es contribuir a la memoria espacial desde el respeto y desarrollar un marco en el que un mapeo se vincule con la memoria, el afecto y el recuerdo de la deuda histórica que tiene el Estado con las mujeres lesbianas, a su vez con el objetivo de crear un espacio simbólico de la memoria encarnada de las mujeres que fueron asesinadas y así coadyuvar con los espacios virtuales del duelo, esta conmemoración puede ser virtual pero incorpora expresiones culturales y afectivas (Maddrell y Sidaway, 2012).

Ampliar nuestras geografías lésbicas hacia la cartografía de la memoria y del duelo nos dará un panorama de renombrar, de conmemorar y de recordar cómo la existencia lesbiana sigue en una lucha por resistir a la opresión, discriminación y la violencia que nos quiere no solo alejadas de nuestros cuerpos, sino de los lugares o de la vida, y de un sistema que nos quiere heridas y en espacios violentos.

 

Cartografía de la resistencia

En 2024 me di el trabajo de elaborar un mapa que visibilizara los espacios, servicios, arte y trabajo académico que se encontraban realizando las mujeres lesbianas en territorio mexicano con el fin de tejer redes y acercarnos entre lesbianas. Me di cuenta de que había una gran cantidad de mujeres lesbianas que buscaban en sus propias entidades federativas servicios proporcionados por otras mujeres lesbianas con el objetivo de remunerar trabajo a otras mujeres que estuvieran en situación de precarización, así mismo, otras buscaban colectivas lésbicas dentro de sus estados y había colectivas que buscaban a lesbianas para la creación de espacios seguros. Esto tenía el propósito no solo de presentar un mapa que visualizara puntos o referencias, sino que transgrediera la cartografía lésbica y representara una de tantas formas en que lo lesbiano se produce como experiencia espacial (Robles, 2017).

Me permito recuperar la tesis de Ángela Robles (2017) Las palabras son mapas: cartografía para explorar la espacialidad de experiencias lesbianas en Bogotá, donde la autora emplea el concepto de constelación para usarlo como “herramienta teórica que me permite rastrear la espacialidad de las experiencias lesbianas […] tanto de la cristalización identitaria de dichas experiencias, así como en contra de la aparente invisibilidad de las mismas”. En este trabajo me propicio a hablar tanto de las experiencias, como de las vivencias y de los aportes de las mujeres lesbianas desde sus espacios como producto de una praxis espacial que se entreteje con la constelación propuesta por Ángela, y que se caracteriza por un compromiso de apropiación del espacio que va desde una aceptación y apropiación corporal, hasta la reunión y el lugar comunitario. Desde una postura de diferenciación las lesbianas configuran espacialmente su lugar en el mundo.

Así surge el siguiente mapa lésbico mexicano:

 

Figura 2. Mapa lésbico mexicano. Presentado en Google MyMaps, 2024.

Fuente: Vanessa Quintana. Mapa Lésbico-MyMaps.

 

 En este trabajo cartográfico, se visualizan 5 subgrupos:

1.      Grupos lésbicos. En el cual se encuentran las colectivas de mujeres lesbianas que construyen espacios de identidad y seguros para otras mujeres lesbianas; hasta este momento (2025) se cuenta con el registro de 15 colectivas con presencia en el norte, centro y sur del país mexicano.

2.      Arte. Esta categoría se realiza a partir de dar visibilidad a las mujeres lesbianas que son artistas y que hacen, por ejemplo, ilustraciones desde el modelo digital hasta trabajo colaborativo en murales urbanos y rurales; esta subcategoría cuenta con 14 participaciones de mujeres lesbianas artistas.

3.      Servicios. El impulso y apoyo al emprendimiento de mujeres lesbianas es un punto importante para el soporte económico continuo en la vida de las mujeres; esta subcategoría tiene como fin estimular la economía de las mujeres lesbianas a través de sus trabajos y servicios (que va desde promover la terapia, así como apoyar negocios veganos, o bien correctoras de estilo, hasta llegar con las que ofrecen servicios educativos, por ejemplo, de cafetería, etc.), esta sección cuenta con 28 participaciones de mujeres lesbianas.

4.      Literatura. Aquí se pueden encontrar a las lesbianas creativas y escritoras, que han publicado desde poemas hasta novelas y que no son muy reconocidas, una oportunidad de conocer proyectos y articular la creación y la escritura; la subcategoría cuenta con 7 participaciones lésbicas.

5.      Trabajos académicos. Esta sección es importante al evidenciar a las lesbianas que se encuentran en el espacio académico y que se atreven y revolucionan este espacio que mantiene un gran orden patriarcal y heterosexual; cuenta con 6 lesbianas registradas.

 

 A partir de esta cartografía se percibe que las lesbianas no solo son víctimas de un sistema que las oprima o que busca visibilizarlas, sino la muestra de la perseveración por la visibilidad de sus cuerpos y de la construcción de otros espacios, y que esto parte de la reivindicación especifica de que los espacios materiales también importan, y que estas se forman a partir de diferentes formas de organización colectiva y comunitaria que resisten a los nodos de desigualdad espacial. Crear espacios lésbicos seguros mediante esta configuración político-espacial consiste en enfrentarse a la marginación espacial a las que son empujadas a estar, pero a su vez, creando relaciones espaciales alternativas y de resistencia (Goh, 2017).

La materialización de espacios lésbicos también mantiene un entramado emocional, muy contrario al duelo o el dolor, que se realiza desde la esperanza, la añoranza y el amor por cimentar otros mundos posibles. Por ello, es indispensable también hablar en estos casos de priorizar la emoción como forma de entender la vida espacial (Davidson y Milligan, 2004) y para entenderla como evidencia del régimen heterosexual como régimen espacial y temporal (Sandoval, 2017).

Si bien existe un marco conceptual de multiterritorialidad  propuesto por Haesbaert (2013) para hablar de la posibilidad de tener la experiencia y/o sucesiva de diferentes territorios construyendo el propio, me parece pertinente tenerlo presente pero relacionarlo con la experiencia lesbiana que va acumulando vivencias, sentires, su lugar en el territorio y construirlo desde la constitución de la concientización del cuerpo y del ser-estar en compañía de otras mujeres cerca o lejos de ella.

A través de la cartografía lésbica hablamos más de una multiterritorialidad simbólica que se teje entre redes virtuales y materialidades, y donde, por ende, se observa un proceso de apropiación del espacio (Haesbaert, 2013), como ejercicio político de las mujeres lesbianas que trabajan desde los márgenes hacia el centro en forma de resistencia al orden heteropatriarcal. Los espacios lésbicos y las redes entre mujeres lesbianas integrarán y formarán una praxis espacial en el que la reivindicación del espacio sea más concreta y, a su vez, más territorial, para poder superar las barreras de las relaciones de poder impuestas por el patriarcado.

 

La subversión cartográfica en la praxis lesbiana

Subvertir el entramado espacial para resignificar la memoria se convierte en una praxis emancipadora para recordar lo que social e históricamente nos han arrebatado, pero también, para reivindicar el nombre de las lesbianas que prevalecieron en la lucha por su visibilización; y seguir produciendo espacialmente la autogestión y la comunidad lésbica a través de la participación política que nos empuja a seguir fragmentando este sistema desde la diferencia, y a continuar entretejiendo lazos de lucha para desordenar espacialmente el orden patriarcal que buscar controlar los cuerpos de las lesbianas y su movilidad en los espacios abstractos y materiales.  

En su artículo “(Hetero)sexing space: lesbian perceptions and experiences of everyday spaces”, Valentine (1993) menciona que las mujeres lesbianas, al verse capaces de apropiarse, de dominar lugares e influir en el uso del espacio público, mantienen una fuerza expresada en el espacio.

Lo anterior lo leo (y de aquí surge la propuesta) como que una praxis espacial lesbiana será entendida como la fragmentación de un sistema heterosexual causado por la actividad política de las mujeres lesbianas para mantener un reconocimiento espacial constituido desde la diferencia, lo legitimo y lo radical. Teniendo en cuenta que lo político no es el espacio para impugnar identidades ya constituidas; por el contrario, dichas identidades se construyen en relación consigo mismas como parte del proceso político (Massey, 2005).

La cartografía es ya una herramienta para visibilizar la práctica lesbiana, una herramienta para ampliar los espacios para las mujeres (políticos, sociales y culturales) de tal manera que su presencia se constituya en norma y no en excepción (Alfarache, 2012), y en este marco reconocer el dinamismo espacial de las mujeres lesbianas por entrelazar encuentros físicos y virtuales para crear paisajes de memoria y de resistencia.

Por lo anterior, la cartografía subversiva como un accionar de las mujeres lesbianas para tener la memoria colectiva referida no solo al pasado, sino al presente y al futuro Halbwachs (2004) y como el propósito de conectar protestas moldeadas por las emociones y el espacio. La praxis espacial lesbiana como forma de socavar las desigualdades espaciales a través del potencial subversivo del cuerpo y del territorio.

En un futuro se espera desarrollar y ampliar este trabajo, con base en el discurso en que la violencia atraviesa el cuerpo de las mujeres lesbianas. En esta ocasión se mantuvo un análisis por encima de los lugares materiales y una cartografía descriptiva, pero se espera abrir un abanico de propuestas para discutir las prácticas violentas a las que son sujetas las mujeres lesbianas; sin embargo, también hablar de las formas en que ellas radicalmente proponen y sitúan espacios de representación.

 

Bibliografía

Alfarache Lorenzo, Á. G. (2012). La construcción cultural de la lesbofobia. Una aproximación desde la antropología. En J. Muñoz Rubio (Coord.), Homofobia: Laberinto de la ignorancia. Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, UNAM. https://ru.ceiich.unam.mx/handle/123456789/3207

Browne, K. y Ferreira, E. (2018). Lesbian geographies. Routledge.

Davidson, J. y Milligan, C. (2004). Embodying emotion sensing space: introducing emotional geographies. Social & Cultural Geography, 5(4), 523-532. https://doi.org/10.1080/1464936042000317677

García Sanabria, L. (2022). Lesbofeminicidios en Latinoamérica: entre la vitalidad y el riesgo de la existencia lesbiana. Tramas y Redes, (4), 231-249. https://doi.org/10.54871/cl4c400l

Goh, K. (2017). Safe Cities and Queer Spaces: The Urban Politics of Radical LGBT Activism. Annals Of The American Association Of Geographers, 108(2), 463-477. https://doi.org/10.1080/24694452.2017.1392286

Haesbaert, R. (2013). Del mito de la desterritorialización a la multiterritorialidad. Cultura y representaciones sociales, 8(15), 9-42. http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2007-81102013000200001&lng=es&tlng=es

Halbwachs, M. (2004). La memoria colectiva. Prensas de la Universidad de Zaragoza.

Lefebvre, H. (1968). Le droit à la ville. Anthropos. 

Maddrell, A. y Sidaway, J. D. (Eds.) (2012). Deathscapes: Spaces for death, dying, mourning and remembrance. Routledge. 

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Quintana López, M. V. (2022). Propuesta para una geografía lésbica mexicana. Revista Latinoamericana de geografía e género, 13(1), 253-276. https://doi.org/10.5212/Rlagg.v.13.i1.0013

Rich, A. (1996). Heterosexualidad obligatoria y existencia lesbiana. DUODA: Estudis de la Diferència Sexual, 10, 13-37. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2658057

Robles, Á. P. (2017). Las palabras son mapas: cartografía para explorar la espacialidad de experiencias lesbianas en Bogotá [Tesis de maestría]. Pontificia Universidad Javeriana. http://hdl.handle.net/10554/38808

Sandoval Páez, P. F. (2017). Sentir para desnaturalizar el espacio: Experiencias de mujeres lesbianas en Bogotá [Tesis de maestría, Universidad Nacional de Colombia]. Repositorio Institucional UNAL.

Silva, J. M. (Org.) (2009). Geografias subversivas: Discursos sobre espaço, gênero e sexualidades. TODAPALAVRA. https://www.todapalavraeditora.com.br/wp-content/uploads/2019/04/E-book.pdf

Valentine, G. (1993). (Hetero)sexing space: Lesbian perceptions and experiences of everyday spaces. Environment and Planning D: Society and Space, 11(4), 395-413. https://doi.org/10.1068/d110395

Wolfe, M. (1997). Invisible women in invisible places: The production of social space in lesbian bars. En G. B. Ingram, A. M. Bouthilliette e Y. Retter (Eds.), Queers in space: Communities, public spaces, sites of resistance (pp. 301-324). Bay Press.



[1] Universidad Nacional Autónoma de México, México. Correo electrónico: vane.lopqu@gmail.com

[2] Este término varía según la región, se le nombra como lesbicidio, lesbocidio, lesbofeminicidio. Para este trabajo el vocablo que usaremos será el último.

[3] https://falgbt.org/crimenes-de-odio/

[4] Biblioteca del Congreso Nacional de Chile. https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=1143040