LA CARTOGRAFÍA SUBVERSIVA COMO HERRAMIENTA DE LA PRAXIS
ESPACIAL LESBIANA
SUBVERSIVE CARTOGRAPHY AS A TOOL OF
LESBIAN SPATIAL PRAXIS
Montserrat Vanessa Quintana López[1]
DOI: https://doi.org/10.32870/lv.v7i64.8306
Resumen
El siguiente trabajo tiene como
objetivo exponer la relación entre dos trabajos cartográficos publicados de
manera autónoma durante los últimos dos años: uno dedicado a cartografiar
espacialmente los actos de lesbocidios en América Latina, y otro a visibilizar
el activismo lésbico en México.
Desde mi primer trabajo publicado en
2022 “Propuesta para una Geografía
Lésbica Mexicana” (Quintana López, 2022), he reiterado mi compromiso en
poner a la vista y seguir planteando cómo las espacialidades lésbicas se
producen a través de numerosos encuentros, activismos, prácticas y tejidos
sociales en el territorio mexicano.
Palabras
Clave: Cartografía subversiva, praxis
espacial lésbica, geografía lésbica, violencias, resistencias
Abstract
This paper
aims to analyze the relationship between two cartographic projects I have
developed independently over the past two years. The first seeks to spatially
visualize acts of lesbicide in Latin America, while the second focuses on
mapping lesbian activism in Mexico.
Since my
first publication in 2022, Proposal for a Mexican Lesbian Geography, I
have maintained a commitment to making visible and problematizing how lesbian
spatialities are constructed through various encounters, activisms, practices,
and social fabrics within Mexican territory. This work reflects on cartographic
methodology as a tool of resistance and documentation of lesbian experiences,
as well as its potential to generate situated knowledge from feminist and
dissident perspectives.
Keywords: Subversive
cartography, Lesbian spatial praxis, Lesbian geography, Violence, Resistance
Recepción: 24 de septiembre
de 2025/Aceptación: 19 de marzo de 2026
Introducción
Nombrar y visibilizar las in/justicias
espaciales de las mujeres lesbianas ha sido una tarea ardua que ha registrado
las geografías lésbicas, corriente geográfica que funge como un parteaguas para
entender el contexto espacial de la praxis lesbiana. Sin embargo, la mayoría de
los trabajos de manera metodológica no contienen mapas o cartografías en las
investigaciones realizadas dentro de esta corriente (Browne y Ferreira, 2018).
El uso de la cartografía desempeña
en este trabajo una herramienta geográfica para poder visibilizar las
violencias hacia las mujeres lesbianas, así como las resistencias de estas
mujeres en los espacios que se constituyen a través de su visibilización;
utilizar el uso de la cartografía para subvertir la práctica hegemónica y convencional
de mostrar el espacio socialmente producido demuestra contener una connotación
de soporte crítico individual y colectivo para reconocer de qué forma las
mujeres lesbianas también han construido espacios a través de la resistencia y
del tejido colectivo.
Hablar de una praxis espacial
lesbiana es recordarnos a nosotras las lesbianas que enunciar desde nuestra
existencia constituye una fuente de conocimiento a través de nuestras
experiencias y prácticas para transgredir la institucionalización de la heterosexualidad
y desequilibrar el poder de los hombres sobre las mujeres (Rich, 1996). No
obstante, debido al sistema heteropatriarcal en el que se sustentan las
sociedades, las lesbianas han sido violentadas y marginalizadas; y en este
trabajo se pretende mostrar una de las prácticas violentas hacia las mujeres
lesbianas: el asesinato de mujeres lesbianas por el hecho de serlo, el
lesbofeminicidio[2].
Esta acción violenta no está constituida como una tipificación de delito en
ningún país de América Latina, pero el hecho de que no exista en las leyes no
quiere decir que no se estén llevando a cabo crímenes de odio contra las
mujeres lesbianas en diferentes espacios. Evidenciar este fenómeno de forma
espacial es contribuir a dar visibilidad a lo que llama Libertad García (2022)
“continnum de violencia
lesbofeminicida [...] el riesgo de ser lesbiana en nuestras sociedades
latinoamericanas”.
Sin embargo, dentro de este trabajo
también se tiene el carácter de reconocer las reivindicaciones espaciales de
las mujeres lesbianas en el territorio mexicano, que no solo se quedan en el
concepto de su participación en el derecho a la ciudad (Lefebvre, 1968) sino de
su participación por medio de redes virtuales y materiales para conseguir la
apropiación comunicativa y simbólica en diferentes espacios. La escala urbana
es importante, pero no es solo la única escala que atraviesa a las mujeres
lesbianas en su cotidianidad.
También se toma en cuenta desde una
mirada crítica, que con base en Binnie y Valentine (1999, como se citó en
Silva, 2009), la investigación espacial tiene que superar la barrera de las
metodologías descriptivas del mapeo de espacios lésbicos/gay/queer, emprender
una lectura que evidencie las formas de exclusión y marginación deben
extenderse a debates más amplios. No obstante, confío que este primer trabajo,
por descriptivo que sea, fuese una base de disrupción metodológica y teórica en
la académica para futuros trabajos cartográficos alrededor de las
espacialidades lésbicas.
Cartografía de la
violencia
La producción espacial de la
violencia hacia las mujeres lesbianas se ha construido en las bases del
patriarcado que deshumaniza, odia y ve como un peligro a aquellas mujeres que
representan un peligro para mantener su orden hegemónico. La lesbofobia como práctica
y discurso significante como la repulsión hacia las mujeres lesbianas se
produce a través de la violencia que se materializa desde invisibilizar a las
lesbianas hasta el justificar ese sistema como “forma de control y de opresión
a las mujeres por salirse de su condición genérica” (Alfarache, 2012).
Al hablar de las violencias que les
atraviesan a las mujeres es mencionar los focos rojos que se localizan de
manera simbólica y material y que se registran desde el ámbito privado y
público; la invisibilidad de la existencia lesbiana ha propiciado la forma de
crear, producir y vivir una vida diferente del régimen heterosexual, la
producción del espacio heterosexual existe porque existe un régimen que
silencia las voces que reclaman la diferencia. Por eso es que una de las luchas
políticas más persistentes de las lesbianas ha sido su “invisibilidad” social,
histórica y espacial (Wolfe, 1997). Como explica Alfarache (2012) “los abusos y
la violencia contra las lesbianas suelen ocultarse tras un velo de silencio,
miedo e indiferencia”. Por ello, el visibilizar las prácticas espaciales de
violencia hacia las mujeres lesbianas es importante, porque se crean
herramientas para comprender y aceptar la opresión a las que son sometidas en
la vida cotidiana. Esta violencia espacial radica y se sostiene a través de
relaciones sociales y de poder que se oponen a la espacialización de la
diferencia, esto es, que ataca a las mujeres lesbianas al saber y conocer que
sus prácticas sostienen una politización espacial para fragmentar su sistema
que se sostiene de una base heterosexual.
El sistema heterosexual ha buscado
disciplinar a las mujeres lesbianas desde su invisibilización, la cual se
sustenta en el espacio privado, que se refuerza en una violencia psicológica y
emocional con base en los insultos y abuso de familiares y en el trabajo o
escuela; y en el espacio público en el que tienen que reservarse muestras de
cariño y afecto con sus respectivas parejas.
Que las mujeres lesbianas busquen
ocultar su identidad tiene implicaciones espaciales que ya han sido estudiadas
por Valentine (1993), en el que advierte que, para evitar la hostilidad y la
discriminación, las mujeres lesbianas optan muchas veces por no expresarse en
determinados lugares y en determinadas etapas de la vida, estableciendo para
ellas estrategias de supervivencia. Este último ha significado también la
estigmatización y el desplazamiento del activismo lésbico a espacios
periféricos para hablar y entretejer redes de apoyo entre mujeres lesbianas.
El poder elaborar y visibilizar una
cartografía que retracte las violencias hacia las mujeres lesbianas no es una
tarea fácil, y mucho menos cuando se trata de evidenciar la práctica espacial
feminicida, pues es plantear el abandono y la omisión de un Estado al que no le
importa proteger a un grupo de mujeres que representa un peligro y
cuestionamiento de un orden espacial. Hacer una práctica cartográfica del
lesbofeminicidio es comenzar a desordenar espacialmente ese simbolismo
patriarcal que delata la falta de justicia social hacia las mujeres lesbianas.
El caso de América Latina constata ser una prueba de la falta de derechos y
seguridad hacia las mujeres lesbianas, hilando esto, al hecho de que no existen
bases de datos gubernamentales oficiales que nos dicten a cuántas compañeras
lesbianas les han arrebatado la vida, esta omisión refleja la falta de
importancia hacia la vida de las mujeres lesbianas y con ello, a la memoria de
las que parecen, no quieren ni nombrar.
La cartografía aquí presentada, se
construyó con bases de datos a partir de dos fuentes principales. Por un lado,
el artículo académico de Libertad García Sanabria (2022), única sistematización
académica existente sobre lesbocidios en América Latina, que se incorporó como
base independiente dado que da cuenta del vacío de registro institucional que
caracteriza estos crímenes.
Por otro lado, una búsqueda
sistemática por país en motores de búsqueda, Twitter y Facebook, utilizando
términos como "lesbofeminicidio", "lesbocidio" y
"crimen de odio lesbiana" combinados con el nombre de cada país, lo
que permitió identificar registros de observatorios y organizaciones
lésbico-feministas y LGBT como el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio
LGBT (Argentina), el Observatorio de los Derechos de la Población LGBT (Bolivia),
Caribe Afirmativo (Colombia), Movilh (Chile) y TRANSSA (República Dominicana),
así como notas periodísticas de medios independientes especializados en
diversidad sexual como agenciapresentes.org, letraese.org.mx y acapa.com.br,
priorizados sobre medios masivos dado que históricamente ofrecen mayor
cobertura de estos crímenes. El corpus final integra 59 registros de 11 países
latinoamericanos abarcando el período 1984-2024.
En cuanto a la tipificación de crímenes de odio
hacia población LGBT+, solo lo responden unos cuantos países; por ejemplo,
Argentina, quien cuenta con un Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT,
el cual fue creado por la Defensoría LGBT dependiente del Instituto contra la
Discriminación de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, en
articulación con la Federación Argentina LGBT y la Defensoría del Pueblo de la
Nación, en mayo de 2016[3].
En el caso chileno, dentro de la Ley N° 21.212, la
cual modifica el Código Penal, sancionan el asesinato de haberse realizado con
motivo de la orientación sexual, identidad de género o expresión de género de
la víctima[4]. Costa
Rica en su Código Penal en el artículo 112 de la Ley 4573 impone una pena
al asesinato por motivos de odio a causa de la orientación sexual.
Figura 1. Mapa de lesbofeminicidios en América
Latina. Presentado en Google MyMaps, 2025.
Fuente: Vanessa Quintana. Mapa de
Lesbocidios en América Latina - Google My Maps
De la información
investigada se obtuvieron los siguientes datos:
|
País |
Número
de asesinatos a mujeres lesbianas registrados |
|
Argentina |
4 |
|
Bolivia |
2 |
|
Brasil |
4 |
|
Chile |
9 |
|
Colombia |
13 |
|
Costa Rica |
1 |
|
Guatemala |
2 |
|
México |
20 |
|
Paraguay |
2 |
|
Venezuela |
3 |
Los datos presentados en la tabla deben leerse en el
contexto de un vacío jurídico generalizado en la región: ninguno de los países
registrados cuenta con la tipificación específica del lesbofeminicidio, lo que
evidencia la nula o escasa importancia que los Estados otorgan a la
penalización de los crímenes de odio contra mujeres lesbianas.
Desafortunadamente, en el caso mexicano la
penalización por crimen de odio por orientación sexual solo se cumple en
algunas entidades federativas del país y no se encuentra a nivel federal. Esto
se refleja en el subregistro: la base de datos aquí presentada documenta 20
víctimas de lesbocidio en México en 17 eventos entre 2016 y 2024, todos
identificados a través de medios independientes como letraese.org.mx y notas
periodísticas, ante la ausencia de un registro institucional sistemático a
nivel nacional. Destaca que 2019 fue
el año con mayor número de casos registrados, con 8 víctimas, y que al menos 3
eventos involucraron ataques contra más de una mujer lesbiana de manera
simultánea.
Por esto último, de acuerdo con Alfarache (2012) “estas violaciones
constituyen una amenaza y un impedimento para la democracia en el país porque
implican la falta de respeto a la dignidad, la libertad y la igualdad de las
lesbianas en el país”.
En consecuencia, elaborar una
cartografía enfocada en la muerte no se compone de solo visibilizar elementos
espaciales o un dato meramente estadístico, sino que mi postura es contribuir a
la memoria espacial desde el respeto y desarrollar un marco en el que un mapeo
se vincule con la memoria, el afecto y el recuerdo de la deuda histórica que
tiene el Estado con las mujeres lesbianas, a su vez con el objetivo de crear un
espacio simbólico de la memoria encarnada de las mujeres que fueron asesinadas
y así coadyuvar con los espacios virtuales del duelo, esta conmemoración puede
ser virtual pero incorpora expresiones culturales y afectivas (Maddrell y
Sidaway, 2012).
Ampliar nuestras geografías lésbicas
hacia la cartografía de la memoria y del duelo nos dará un panorama de
renombrar, de conmemorar y de recordar cómo la existencia lesbiana sigue en una
lucha por resistir a la opresión, discriminación y la violencia que nos quiere
no solo alejadas de nuestros cuerpos, sino de los lugares o de la vida, y de un
sistema que nos quiere heridas y en espacios violentos.
Cartografía
de la resistencia
En 2024 me
di el trabajo de elaborar un mapa que visibilizara los espacios, servicios,
arte y trabajo académico que se encontraban realizando las mujeres lesbianas en
territorio mexicano con el fin de tejer redes y acercarnos entre lesbianas. Me
di cuenta de que había una gran cantidad de mujeres lesbianas que buscaban en
sus propias entidades federativas servicios proporcionados por otras mujeres
lesbianas con el objetivo de remunerar trabajo a otras mujeres que estuvieran
en situación de precarización, así mismo, otras buscaban colectivas lésbicas
dentro de sus estados y había colectivas que buscaban a lesbianas para la
creación de espacios seguros. Esto tenía el propósito no solo de presentar un
mapa que visualizara puntos o referencias, sino que transgrediera la
cartografía lésbica y representara una de tantas formas en que lo lesbiano se
produce como experiencia espacial (Robles, 2017).
Me permito
recuperar la tesis de Ángela Robles (2017) Las palabras son mapas:
cartografía para explorar la espacialidad de experiencias lesbianas en Bogotá,
donde la autora emplea el concepto de constelación para usarlo como “herramienta teórica que me permite
rastrear la espacialidad de las experiencias lesbianas […] tanto de la
cristalización identitaria de dichas experiencias, así como en contra de la
aparente invisibilidad de las mismas”. En este trabajo me propicio a hablar
tanto de las experiencias, como de las vivencias y de los aportes de las
mujeres lesbianas desde sus espacios como producto de una praxis espacial que
se entreteje con la constelación propuesta por Ángela, y que se caracteriza por
un compromiso de apropiación del espacio que va desde una aceptación y
apropiación corporal, hasta la reunión y el lugar comunitario. Desde una
postura de diferenciación las lesbianas configuran espacialmente su lugar en el
mundo.
Así surge el
siguiente mapa lésbico mexicano:
Figura 2. Mapa lésbico mexicano. Presentado en Google
MyMaps, 2024.
Fuente:
Vanessa Quintana. Mapa Lésbico-MyMaps.
En este trabajo cartográfico, se visualizan 5 subgrupos:
1.
Grupos
lésbicos. En el cual se encuentran las colectivas de mujeres lesbianas que
construyen espacios de identidad y seguros para otras mujeres lesbianas; hasta
este momento (2025) se cuenta con el registro de 15 colectivas con presencia en
el norte, centro y sur del país mexicano.
2.
Arte.
Esta categoría se realiza a partir de dar visibilidad a las mujeres lesbianas
que son artistas y que hacen, por ejemplo, ilustraciones desde el modelo
digital hasta trabajo colaborativo en murales urbanos y rurales; esta
subcategoría cuenta con 14 participaciones de mujeres lesbianas artistas.
3.
Servicios.
El impulso y apoyo al emprendimiento de mujeres lesbianas es un punto
importante para el soporte económico continuo en la vida de las mujeres; esta
subcategoría tiene como fin estimular la economía de las mujeres lesbianas a
través de sus trabajos y servicios (que va desde promover la terapia, así como
apoyar negocios veganos, o bien correctoras de estilo, hasta llegar con las que
ofrecen servicios educativos, por ejemplo, de cafetería, etc.), esta sección
cuenta con 28 participaciones de mujeres lesbianas.
4.
Literatura.
Aquí se pueden encontrar a las lesbianas creativas y escritoras, que han
publicado desde poemas hasta novelas y que no son muy reconocidas, una
oportunidad de conocer proyectos y articular la creación y la escritura; la
subcategoría cuenta con 7 participaciones lésbicas.
5.
Trabajos
académicos. Esta sección es importante al evidenciar a las lesbianas que se
encuentran en el espacio académico y que se atreven y revolucionan este espacio
que mantiene un gran orden patriarcal y heterosexual; cuenta con 6 lesbianas
registradas.
A partir de esta cartografía se percibe que las lesbianas no solo son víctimas
de un sistema que las oprima o que busca visibilizarlas, sino la muestra de la
perseveración por la visibilidad de sus cuerpos y de la construcción de otros
espacios, y que esto parte de la reivindicación especifica de que los espacios
materiales también importan, y que estas se forman a partir de diferentes
formas de organización colectiva y comunitaria que resisten a los nodos de
desigualdad espacial. Crear espacios lésbicos seguros mediante esta
configuración político-espacial consiste en enfrentarse a la marginación
espacial a las que son empujadas a estar, pero a su vez, creando relaciones espaciales
alternativas y de resistencia (Goh, 2017).
La
materialización de espacios lésbicos también mantiene un entramado emocional,
muy contrario al duelo o el dolor, que se realiza desde la esperanza, la
añoranza y el amor por cimentar otros mundos posibles. Por ello, es indispensable también hablar en
estos casos de priorizar la emoción como forma de entender la vida espacial
(Davidson y Milligan, 2004) y para entenderla como evidencia del régimen
heterosexual como régimen espacial y temporal (Sandoval, 2017).
Si bien existe un marco conceptual
de multiterritorialidad propuesto por Haesbaert
(2013) para hablar de la posibilidad de tener la experiencia y/o sucesiva de
diferentes territorios construyendo el propio, me parece pertinente tenerlo
presente pero relacionarlo con la experiencia lesbiana que va acumulando
vivencias, sentires, su lugar en el territorio y construirlo desde la
constitución de la concientización del cuerpo y del ser-estar en compañía de
otras mujeres cerca o lejos de ella.
A través de la cartografía lésbica
hablamos más de una multiterritorialidad simbólica que se teje entre redes
virtuales y materialidades, y donde, por ende, se observa un proceso de
apropiación del espacio (Haesbaert, 2013), como ejercicio político de las
mujeres lesbianas que trabajan desde los márgenes hacia el centro en forma de
resistencia al orden heteropatriarcal. Los espacios lésbicos y las redes entre
mujeres lesbianas integrarán y formarán una praxis espacial en el que la
reivindicación del espacio sea más concreta y, a su vez, más territorial, para
poder superar las barreras de las relaciones de poder impuestas por el
patriarcado.
La subversión
cartográfica en la praxis lesbiana
Subvertir el entramado
espacial para resignificar la memoria se convierte en una praxis emancipadora
para recordar lo que social e históricamente nos han arrebatado, pero también,
para reivindicar el nombre de las lesbianas que prevalecieron en la lucha por
su visibilización; y seguir produciendo espacialmente la autogestión y la
comunidad lésbica a través de la participación política que nos empuja a seguir
fragmentando este sistema desde la diferencia, y a continuar entretejiendo
lazos de lucha
para desordenar espacialmente el orden patriarcal que buscar controlar los
cuerpos de las lesbianas y su movilidad en los espacios abstractos y
materiales.
En su artículo “(Hetero)sexing
space: lesbian perceptions and experiences of everyday spaces”, Valentine
(1993) menciona que las mujeres lesbianas, al verse capaces de apropiarse, de
dominar lugares e influir en el uso del espacio público, mantienen una fuerza expresada
en el espacio.
Lo anterior lo leo (y de aquí surge
la propuesta) como que una praxis espacial lesbiana será entendida como la
fragmentación de un sistema heterosexual causado por la actividad política de
las mujeres lesbianas para mantener un reconocimiento espacial constituido
desde la diferencia, lo legitimo y lo radical. Teniendo en cuenta que lo
político no es el espacio para impugnar identidades ya constituidas; por el
contrario, dichas identidades se construyen en relación consigo mismas como
parte del proceso político (Massey, 2005).
La cartografía es ya una herramienta
para visibilizar la práctica lesbiana, una herramienta para ampliar los espacios
para las mujeres (políticos, sociales y culturales) de tal manera que su
presencia se constituya en norma y no en excepción (Alfarache, 2012), y en este
marco reconocer el dinamismo espacial de las mujeres lesbianas por entrelazar
encuentros físicos y virtuales para crear paisajes de memoria y de resistencia.
Por lo
anterior, la cartografía subversiva como un accionar de las mujeres lesbianas
para tener la memoria colectiva referida no solo al pasado, sino al presente y
al futuro Halbwachs (2004) y como el propósito de conectar protestas moldeadas
por las emociones y el espacio. La praxis espacial lesbiana como forma de
socavar las desigualdades espaciales a través del potencial subversivo del
cuerpo y del territorio.
En un futuro
se espera desarrollar y ampliar este trabajo, con base en el discurso en que la
violencia atraviesa el cuerpo de las mujeres lesbianas. En esta ocasión se
mantuvo un análisis por encima de los lugares materiales y una cartografía
descriptiva, pero se espera abrir un abanico de propuestas para discutir las
prácticas violentas a las que son sujetas las mujeres lesbianas; sin embargo,
también hablar de las formas en que ellas radicalmente proponen y sitúan
espacios de representación.
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Press.
[1]
Universidad Nacional Autónoma de México, México.
Correo electrónico: vane.lopqu@gmail.com
[2]
Este término varía según la región,
se le nombra como lesbicidio, lesbocidio, lesbofeminicidio. Para este trabajo
el vocablo que usaremos será el último.
[3]
https://falgbt.org/crimenes-de-odio/
[4]
Biblioteca del Congreso Nacional de Chile.
https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=1143040