ESCREVIVENDO NUESTRAS MADRES PARA HACER FRENTE A
“NUESTRA” HISTORIA
ESCREVIVENDO OUR MOTHERS
TO FACE ‘OUR’ HISTORY
Aline de Moura Rodrigues[1]
Daniela Guedes dos Santos[2]
DOI: https://doi.org/10.32870/lv.v7i64.8320
Resumen
Este artículo es un ejercicio de
reconstrucción, tejido a cuatro manos, en donde seguimos algunas ideas
trabajadas antes en el capítulo Amefricanas Escreviventes: las mujeristas
africanas y el pensamiento feminista negro desde Lélia González. En este
capítulo están presentes reflexiones acerca de las diferentes formas con las
cuales nos posicionamos como mujeres negras, mientras nos relacionamos con
nuestras diferentes historias, desde la escritura, impulsadas por una constante
inquietación: la intersección entre nuestras historias de vida y las de
nuestras madres. Este texto es un ejercicio de mirada hacia nuestros
archivos-memorias para tejer una relación con trayectorias que se reflecten,
pero siendo distintas, aunque a veces las líneas del presente y del pasado hacen
que nos veamos como continuación lineal de las historias de ellas.
Palabras clave: memoria, escritas, mujeres negras, interseccionalidad, trayectorias
de vida
Abstract
This article
is an exercise in reconstruction, woven with four hands, in which we continue
from some ideas previously worked on in the chapter Amefricanas
Escreviventes: las mujeristas africanas y el pensamiento feminista negro desde
Lélia González. This chapter features reflections about the different ways
in which we position ourselves as Black women, while relating to our different
histories through writing, driven by a constant unease: the intersection
between our life stories and those of our mothers. This text is an exercise in
looking towards our archive-memories to weave a relationship with trajectories
that reflect each other but being distinct, although sometimes the lines of the
present and past make us see ourselves as a linear continuation of their
stories.
Keywords: memory, writings,
Black women, intersectionality, life trajectories
Recepción:
02 de octubre de 2025/Aceptación: 25 de marzo de 2026
Introducción
Esta escritura es el producto de una
tesitura hecha hace cerca de ocho años, cuando dos mujeres negras, actualmente
antropólogas en distintos puntos de sus trayectorias académicas e intelectuales,
deciden caminar juntas desde una hermandad que no viene de la sangre, sino de
la ancestralidad. Realizamos un ejercicio para contar por escrito nuestras
madres una para la otra; después reconocimos que los propósitos de nuestras
investigaciones fueron estas dos mujeres –Vera Lúcia y Rosângela– que en muchos sentidos dieron inicio a las nacientes relaciones
con el escribir y vivir historias, también en la antropología. Al decidir
construir este escrito, se agrega la producción artística de Patrian Matheus
Gomes, quién al acompañar los procesos de construcción del ejercicio ha
realizado la pintura que se ve como parte de este texto. Esta realización
colectiva ocurrió en 2022, a veces de manera digital, pero sumamente en
diálogos en nuestras casas, junto a los recuerdos vivos de estas mujeres que
son parte de nuestras escrituras y pasos.
La metodología del ejercicio estuvo basada en la invitación de escribirnos la una a la otra por correo electrónico, respondiendo quienes son Vera y Rosângela –respectivamente la mamá de Aline y la mamá de Daniela– con el intento de reconocer en nuestras letras, las líneas de nuestras expectativas y nuestros sueños, así como los que ellas tienen sobre nosotras, para al fin poder reflexionar sobre las líneas de la autoría y de las poéticas negras generadas por la producción del pensamiento de mujeres negras, sean aquellas que han habitado directamente los espacios de la universidad, sea de las que han semillado un camino de luchas organizadas de distintas formas para que sus hijas pudieran lograr todo lo que quisieran, incluso, ser antropólogas.
Sobre la elaboración de esta escritura
Pintura
y fotografía por Patrian Matheus Gomes.
Novo Hamburgo/RS, Septiembre, 2022.
Escribir como una retomada[3], un
acto de tomar de vuelta algo que es colectivamente personal, es siempre una
tarea difícil. Retomada es un concepto difícil de traducir al español,
aunque mucho de los adentros del concepto se pueda referenciar en las
trayectorias de intelectuales de la negra diáspora de Améfrica Ladina, como nos
enseña Lélia Gonzalez (2018), al decir de la categoría político-cultural de
amefricanidad. Para intentar explicar mejor la idea de este artículo,
compartimos abajo el poema Mandume de Mel Duarte:
Es más que hacer ruido y tener de
vuelta lo que nos pertenece por derecho/ Por ellos, nosotros aún no tendríamos
voz, ¡imagínate haciendo historia, haber escrito libros!/ Entienda que venimos
de África y es nuestro compromiso recordar la diáspora de un pueblo que ha sido
oprimido/ Queremos más que reparación histórica, queremos ver a nuestra gente
en destaque y esto no es una solicitación/ Basta de tanta didáctica, la vida es
muy grande para perder nuestro tiempo enseñando lo que ya tenían de haber
aprendido/ Porque más que un ritmo fuerte, es hacer resonar en sus mentes el
legado de Mandume/ Y en lo que sea de responsabilidad de nuestra generación,
compa, no más van a pasar impunemente. (Emicida, 2016, traducción propia)[4]
Es reconstruir. No solamente rehusar
palabras sino es visitar otra vez caminos empezados que se van creando en el encuentro. En este
artículo tejido a cuatro manos, seguimos desde algunas ideas trabajadas
anteriomente en el capítulo “Amefricanas
Escreviventes: las mujeristas africanas y el pensamiento feminista negro desde
Lélia Gonzalez”[5]. En
este capítulo están presentes reflexiones acerca de las diferentes formas con
las cuales nos posicionamos como mujeres negras, mientras nos relacionamos con
nuestras diferentes historias desde la escritura.
La
trayectoria de este artículo tuvo lugar en medio de encuentros presenciales y
virtuales, impulsados por las ganas de una escritura compartida, que comenzamos
desde que nos conocimos. Durante nuestras conversaciones de construcción y selección
de cuáles ideas íbamos a profundizar se ha expresado una presencia común e
incluso a veces incómoda: la presencia de nuestras madres, que es ineludible en
nuestras escrituras. No hemos logrado escribir nada sin que no estén ahí,
aunque jamás hubiéramos hablado o mirado directamente a esta verdad. De esta
percepción conjunta nació la idea de una experiencia de escritura en la cual
acogemos y no solo percibimos a nuestras madres en nuestras escrituras. Hicimos
el pacto de escreviver nuestras madres (Evaristo, 2020), Rosângela y
Vera, la una para la otra. Nosotras llamamos a este experimento: “Escrevivendo nossas mães”.
Desde el primer momento nosotras
hemos definido que nuestra intención no es evaluar estos escritos para
interpretarlos, sino para mirar de frente a nuestras madres con cariño e
intensamente desde estas hojas que compartimos. Mirar y ver lo que viene cuando
ponemos el bolígrafo imaginario en esta hoja vacía y empezamos a ocuparla con nuestras
memorias y con las compartidas, aquello que tuvimos coraje de compartir, mismo
delante de la paradoja de la autoría: “Lo que es de ella en mí, pero no es mío”.
De esta manera, cuando un cuerpo
amefricano y escrevivente como el mio, lanza letras-memoria en el universo de
este capítulo, se hace real un ejercicio de pertenencia a uno mismo, através de
existencias ancestrales, como las de Lélia González, Conceição Evaristo y Vera
Lúcia Costa de Moura, mi madre. (Rodrigues, 2022, p. 280)
Guardo un recuerdo muy vivo de una
vieja fotografía: tengo seis años. Estoy de pie, entre mi padre y mi madre, la
cabeza ladeada hacia la derecha, los dedos de mis pies planos aferrándose al
suelo. Agarrada a la mano de mi madre. Hasta el día de hoy, no estoy segura de
dónde encontré la fuerza para abandonar la fuente, mi madre, separarme de mi
familia, mi tierra, mi gente, y todo lo que esta fotografía significaba.
(Anzaldúa, 2016, p. 55)
En dos archivos de texto enviados
por correo electrónico, nos encontramos con trayectorias difíciles de definir linealmente
desde los pronombres que nos presenta la lengua portuguesa. Mientras leíamos
nuestro ejercicio, nos preguntamos: “¿A quién he conocido? ¿La hija? ¿La madre?”.
A la vez, ahí también se podía ver el rasgo generacional, una perspectiva de
observación participante rehecha en el
tiempo mientras se hacían nuevas letras desde los recuerdos reportados en cada
censura cuando recordábamos que el recuerdo no es nuestro, pero es parte de
nosotras.
A lo largo del artículo expusimos a
través de nuestras experiencias y pensamientos de mujeridades negras y
por lo tanto, desde una mirada que trasciende una perspectiva solamente
centrada en la feminidad en el mundo, lo que nos enseñan las mujeristas africanas:
que somos semillas vivas de África y esto está más allá de la limitación de las
definiciones de género occidentales. Acá nos referimos a los puntos de
converger y divergir lo que la existencia como mujeres negras propicia, entre
las cuales está la conciencia de colectividad como personas negras en el mundo.
Esta posicionalidad rebosa y confronta los binarismos de género que orientan
puntos de vista feministas centrados en la superación del sistema
cisheteropatriarcal.
Una escrita hecha por dos niñas
negras, hijas de mujeres negras, que jamás se han conocido, pero que desde sus
niñas se miran como Oxum a sus espejos y se permiten intentar escribir, otra
vez, escribir. Para nosotras, este texto es también una ofrenda. Cómo
amefricanas al sur de América, intentamos mirar de frente la presencia de estas
dos mujeres negras con las cuales compartimos no solamente la sangre, sino las
historias en este territorio que está hecho de muchas existencias prietas.
Una invitación a pensar que nuestros
referentes a veces pasan como incomprensíbles a la sensibilidad feminista
blanca o blanqueada. ¿Cómo explicar que los recuerdos no son solamente
nuestros, ni tampoco solamente de ellas? Es como nos enseña Conceição Evaristo
(2006), son historias de nosotres, a la vez que son historias de otres.
Proponemos un espacio de vida, un sitio futuro de ser y estar, donde nosotras y
nuestras mamás co-existimos como mujeres negras que se constituyen más allá de
los regímenes de subalternización que inciden y se siguen imponiendo en
nuestros cotidianos.
Sobre los retos
La necesidad de narrar historias que
no son de nuestra autoría fue un reto, lo mismo que se ha puesto delante de
nosotras al intentar foto-palabrear[6]
nuestras mamás. Son recuerdos y situaciones de otras vidas, las cuales no son
nuestra tarea traducir para el mundo. Nuestra apropiación, generada en estos
detalles contados por ellas, es circunstancial y ligera, puesto que tales
recuerdos son determinantes en nuestra constitución como personas, aunque no
sean nuestras experiencias.
Hablar de escrevivência es decir que
nosotras nos vamos sabiendo en el mundo por medio de las voces de los ancestros
que cargamos. (Rodrigues, 2022, p. 283)
Escrevivência, en su concepción
inicial, se realiza como un acto de escrita de las mujeres negras, como una
acción que tiene por interés borrar, deshacer una imagen del pasado, en lo cual
el cuerpo-voz de mujeres negras esclavizadas tenía su potencia de emisión
también sob el control de los escravocratas, homens, mujeres y hasta niños. Y
si ayer ni la voz pertenecía a las mujeres negras esclavizadas, hoy la letra,
la escritura, nos pertenece también. (Evaristo, 2020, p. 30, traducción propia)
Está apropiación a la que nos
referimos, ocurre mientras nos involucramos en la tarea de establecer una
relación entre nosotras y las memorias de vida de otras sujetas, desde la
escucha, la escritura y la presentación. La expresión de esto que decimos y se
puede ver manifestado en la escrevivência, podrá venir a relacionarse
con otras escuchas y lecturas que, desde hace rato, se han establecido como
memorias compartidas. De esta manera se impone una continua circulación de la
palabra, cosa incompleta por la multiplicidad de voces y seres que escucharon,
escribieron y han circulado recuerdos de otros y otras en distintos universos:
el académico, los chismes de barrio, publicaciones en redes sociales, así como
otras expresiones de oralitura.
A los actos de habla y de
performance de los congadeiros, he denominado oralitura, matizando en este
término a la singular inscripción del registro oral que, como littera,
letra, grafa el sujeto en el territorio narratario y enunciativo de una nación,
imprimiendo así, en el neologismo, su valor de litura, rasura del
lenguaje, alteración significativa, constituyente de la diferencia y de la
alteridad de los sujetos, de la cultura y de sus representaciones simbólicas.
(Martins, 1997, p. 20, traducción propia)
“Oralitura” es un concepto trabajado
a profundidad por investigadoras de semiótica, lingüística, literatura y performance,
tales como Odete Semedo y Leda Maria Martins. Acá la oralitura tiene el sentido
de recordar este camino de recuerdos que se cambian en palabras, que se cambian
en apartados que no siguen las líneas lógicas de los lineamientos oficiales de
la academia. Entonces, ¿de quién es la autoría de recuerdos oralizados entre
madre e hija?
Ou terei que falar nesta língua lusa/ E
eu sem arte nem musa/ Mas assim terei palavras para deixar/ Aos herdeiros do
nosso século/ Em crioulo gritarei/ A minha mensagem/ Que de boca em boca/ Fará
a sua viagem. [Tendré que hablar en esta lengua lusa/ Y yo sin arte ni musa/
Pero así tendré palabra para dejar/ A los herederos de nuestro siglo/En criollo
gritaré/ A mi mensaje/ que de boca en boca/ Hará su viaje]. (Semedo, 1996, p.
11, traducción propia)
Andújar el sentido en completo de la
apropiación de los conceptos movilizados por la palabra es una paradoja. Al
abrirnos para que pudieran emerger los ecos de los recuerdos y las autorías
coexistentes en nuestras escrituras, también establecemos retos en el manejo de
las narraciones de memorias que llegaron hasta nosotras desde la oralidad de
nuestras madres.
Es especialmente difícil esta tarea.
Construir en palabras - imaginate dentro de una línea cronológica - los hechos
que cuentan su historia de vida es un gran desafío. Primero, porque es como si
no fuera posible huir de las emociones que emergen cuando pienso en ti y en las
historias que nos involucran a la vez. En cualquier sitio, en cualquier rato me
veo delante del peligro de llorar, tartamudear, quedarme contenta y a la vez,
me pone triste si empiezo a hablar de tu trayectoria. Probablemente no hay nadie
en el mundo que me pueda despertar tales emociones, como tu y nuestras
historias. (Apartado del ejercicio “Escrevivendo
nossas mães”)
El límite –este que inscribe una terrible
paradoja en nuestra práctica– entonces
se presenta como: ¿cómo utilizar las historias de nuestras mamás, sin
establecer una relación depredadora, de utilización sin cuidados con este
archivo de memorias inmensamente potentes y a la vez tan sensibles y tristes?
En cierto sentido, nuestra escritura y nuestro ejercicio de escreviver impone
un tipo de representación de aquellas personas que están en las historias que
tejemos en la posición de personajes principales. ¿De qué forma las estamos
presentando al mundo por medio de nuestras letras? ¿Hay posibilidad de que
nuestra escritura pueda caer en un marco que no es verosímil con la manera con
que a ellas les gustaría ser vistas y percibidas por otres?
La
escritura fue tan solo un sencillo intento de describir los recuerdos que
componen nuestras percepciones acerca de nuestras madres y nuestra relación con
ellas. Creemos que la escrevivência existe en este movimiento, siempre
de una organización rota, incompleta, en pocas líneas, una inmensidad de
dimensiones que hace de una existencia, algo más ancho, compartido y se cambia
en una co-existencia, como la de nuestras memorias tejidas desde los recuerdos
que ellas compartieron con nosotres.
Una de las cosas más difíciles en
estos procesos de escucha fue oírla contar cosas extremadamente violentas, que
me llenaban de rabia, de una manera cariñosa y casi como si aquellos momentos
la hicieron falta, los momentos con la gente blanca con la cual trabajaba. Ella
contaba de estas experiencias como quien habla de una escuela importante, donde
vivió dificultades, pero le ha quedado algo de cariño. (Apartado del ejercicio
“Escrevivendo nossas mães”)
En términos de posicionalidad,
nosotras somos el punto de inicio de nuestro escreviver. Lo que no
significa individualidad, sino, en términos de perspectiva, un punto de vista.
La individualidad es una ficción estratégica reemplazada como verdad, incluso
cuando es criticada para recordarnos y mantenernos fragmentados. Aunque
nuestras formulaciones sean cruzadas por otras agencias, es nuestro el control
que impone el tono de la constitución de la narrativa. O sea, al final acá nos
resta expresar vinculaciones: entre nosotras y las palabras, nosotras y las
personas, nosotras y las memorias. En este juego de sitios, en que a veces
ocupamos la supuesta pasividad de la escucha, a veces nos enfrentamos con el
bolígrafo en nuestras manos, vamos lidiando con la palabra de manera artesanal,
tratando en serio las ficciones-verdad que ocupan los huecos entre nuestras
propias palabras y las de la gente que nos ha confiado las suyas. Acá en
nuestro texto, nuestras mamás.
Los
afectos que movilizan el texto, los sentimientos de alegría, luto, tristeza que
envuelven los recuerdos, dificultan el proceso de escritura. En un ritmo ir y
venir, pareciera que un recuerdo nacía por encima de otro, una situación
traspasaba otra y así siguió. Esto se sumó al listado de desafíos que fue el
continuar con la construcción de esta escritura. Quizás sea este mismo trayecto
desalineado lo que contribuyó con el carácter distinto que las palabras
tuvieron al final. En uno de los bocetos de trabajo, una de nosotras, escribió:
El ejercicio de escribir sobre mi
mamá no ha sido sencillo. Siempre me ronda lo que a veces llamo de respeto, a
veces miedo. Recuerdo vivamente sus reacciones, cuando comentábamos sobre lo
tanto que su historia de vida, las anécdotas, recuerdos y tejidos el los cuales
estuvo insertada y tejiendo junto, eran interesantes, darían un libro. Ella se
aburría, decía no querer que fuera publicada su historia. Jamás comprendí del
todo el porqué. Creo, como observadora suya, quien además me enseñó a observar,
que mucho de su rabia y desgano que la historia fuera publicada por las por
palabras de otros, tenía que ver con la constatación de que le robaron la
posibilidad de estudiar y de investigar. (Apartado del ejercicio “Escrevivendo nossas mães”)
Entre las memorias compartidas,
descritas desde nosotras en este ejercicio de escrevivência, se han
presentado datos que hablan de estudios y planes de vida. En el intento de
optar por las palabras que tuvieran la capacidad de resguardar los límites de
exposición establecidos por quienes han enunciado los recuerdos, tuvimos que
reposicionar e identificar lo que era fruto de una interacción y lo que vendría
a ser una descripción densa de detalles innecesariamente explícitos sobre vidas
que no son nuestras. Para esto es importante contar que una de nosotras, las
que acá son autoras de este artículo, ya no vive al lado de su mamá, que murió
en 2018. Esto trae otra dimensión al tema de la ausencia y presencia, desde el
luto. Escribir se ha demorado más por esto, por tener que lidiar con esta nueva
manera de extrañar a alguien. Mirar hacia las imágenes mentales de alguien que
estuvo tan intensamente vivo en su trayectoria, fue tener que lidiar con el
ineludible factor de que este es un tipo de ausencia sin cura. Tratamos esto
como una invitación a seguir escribiendo estos álbumes de familia y así,
escribiendo más y más desde estos lugares de “nuevas” realidades, donde la
ausencia es una presencia constante y concreta. En esto hay algo muy importante
y es el cómo esta presencia de la mamá ausente, de los recuerdos de lo que ha
sido confesado y de lo que fue vivido conjuntamente, es un llamado, antes que
nada, para no olvidar.
Es
como si fuéramos cuadernos en los cuales, oralmente, ellas han registrado
historias, dolores, sonrisas, desconfianzas y cuando estos cuadernos
curiosamente se volvieron vivos y más que esto, demostraron que tenían en sus
adentros mucho más de lo que pensaban que iban a registrar de las cosas
escuchadas; fue un poco aterrador para las mamás. Nosotras no somos cuadernos y
ellas no fueron bolígrafos. Nosotras fuimos una escucha y una voz que se han
encontrado y de ahí nació otra cosa. Estas ganas intensas de escribir es, de
cierta manera, un intento de hacer más o menos como ellas y luchar para que
sepan que existieron dos meninas mulheres da pele preta[7],
de las cuales nosotras diferimos de muchas maneras, aunque ellas sean parte
intensa de lo que somos. Las historias de pasteles, besos y combates que nos
han confiado, como un bolígrafo tiene confianza en las cuartillas de un
cuaderno, se cambiaron en algo más que esto. Ahora y acá son un texto que nace,
un espacio que es tejido y parte de estos dos universos, las cuartillas y el
bolígrafo.
Sobre un ejercicio de pertenecer
A medida que fueron emergiendo las
ideas a lo largo de la formulación de este ejercicio, hemos percibido que la
escritura no tenía que ver sólo con memorias ancestrales. Reactivar y lidiar
con nuestro pasado fueron solo dos de las muchas posibilidades que nos gustaría
profundizar en este acto de escreviver nuestras mamás. Todavía, el
intento de poner la vida el la hoja de papel, echar entre las líneas todo lo
que late en nuestros corpus de recuerdos, ha movilizado cuestiones que a
la vez que están relacionadas con pasados, y que también apuntan a acciones
futuras. El tejer de las palabras, desde esta perspectiva que tiene en la
escritura algo que interviene en el mundo, impulsa una potencia creativa.
Consideramos
que poner en acción un intento de ejercicio de pertenencia es en sí mismo un
objetivo que necesitaría de un largo plan de investigación para tratar a
profundidad todo lo que se conecta a esto. En este punto del artículo nos
proponemos presentar las comprensiones
que estuvieron en las bases de este concepto en construcción: ejercicio de
pertenencia. Escreviver nuestras mamás es una práctica de este
ejercicio, que al mismo tiempo en que recuerda las posibilidades de existencia
que huyen de las fronteras de la Palabra, se entretejen en sus adentros. La
multiplicidad de dimensiones que están involucradas en este proceso de
especulación, implicado las diferentes maneras de conectar la palabra –escrita, conversación, escucha,
narrativa– se expresan
en las ideas de espacio y el ejercicio de pertenencia de una manera
perturbadora. La Palabra acá es parte de este espacio en que se hace posible
existir colectiva y personalmente, de manera pluriversal.
Como
mujeres negras vivas que escriben junto a los visibles e invisibles, pensamos
la Palabra como potente para romper con el racismo epistémico, desde este lugar
de paradoja que ejerce. Retomar, tomar de vuelta la palabra, con sus
limitaciones marcadas por el epistemicidio y el intento de callar al pretugués,
es un acto más amplio que sencillamente decirte al mundo. Es tomar a la palabra
como llave que saca a la lógica de su reino, esta lógica que es profundamente hecha
aparte de nosotres como agentes de producción de conocimiento en las múltiples
partes del continente africano, especialmente en este texto, nos referimos a la
diáspora ladinoamefricana.
No
es nuestra intención hacer un ejercicio de tan solo descripción sencilla de
estas mujeres y sus recuerdos. En las líneas cruzadas, buscamos no reducir sus
vidas a las dimensiones de sufrimiento que han cruzado sus trayectorias. El
hecho de que buscamos transponer tales dimensiones, impone una acción de
escritura que está arraigada en la intención de real-imaginar, desde estos
recuerdos de vida compartidos por ellas y por nosotras, de manera que quede
presente lo complejo que son estas vidas, mismas en medio del sufrimiento que
también las constituyen. Esto nos ha llevado a comprender el papel de la
ficcionalización en esta escritura.
Es cierto que la incompletitud de
las memorias está presente en nuestros ejercicios de escreviver, sin
embargo, también es correcto afirmar que este factor no es un limitante. Acá la
escritura, también se mira como posibilidad de creación. Crear, ficcionalizar,
real-imaginar… todo esto compone este gran ejercicio de pertenencia que es la
práctica de escreviver. De este modo, nosotras establecemos un
territorio de posibilidad para nuestras existencias: deseos, cuerpos y saberes,
ante una herramienta impar que nos hace retomar de manera sensible e incompleta
historias-memorias pasadas, pero también nos invita a imaginar una inmensidad
de futuridades para nuestros quehaceres de investigación y más allá[8].
A medida que fui creciendo, fui
conociendo otras obras. La biblioteca se convirtió en mi fiel compañera en el
colegio y, al llegar a casa, acompañaba a mi mamá en las labores domésticas y
la escuchaba. (Rodrigues, 2022, p. 281)
Ser negra en el mundo
occidentalizado, en el continente amefricano, es inventar ganas de vivir,
frente al constante miedo del asesinato. (Rodrigues, 2022, p. 296)
Como antropólogas amefricanas,
ubicadas en el sur-sur, apostamos a la elaboración de nuevos imaginarios que
traten de instar un quiebre con determinadas formulaciones normativas que
impiden respirar a nuestras potencialidades. Al reducir nuestras existencias y
posibilidades de creación a las líneas temporales y a los sentidos consensuados
en epistemes estructuradas en el alejamiento de las cuerpas prietas de los
“lugares de escritura”, las distintas academias europensadas[9] tienen
dificultad constante de vernos más allá de objetos rebeldes que ahora quieren
tener voz. Es por esto que nuestros esfuerzos de escreviver fluyen hacia
una cierta práctica especulativa. Imaginativa en su esencia, que no tiene la
pretensión de acceder a la realidad stricto sensu de una vida, pero que
por intermedio de partes rotas de memorias, afectos agridulces, reconstruye una
línea de sentido para sistematizar, ampliar y crear experiencias vividas.
Escribir para lidiar con “nuestra” historia
No he empezado el texto con la
pretensión de finalizarlo, pero el desarrollo de las ideas fueron produciendo
huecos y más huecos, hasta llegar al riesgo de cambiar aquello que abordaba a
mi mamá y mi relación con ella, en otra cosa. Completamente diferencial de
aquella primera idea pensada al inicio. (Apartado del ejercicio “Escrevivendo nossas mães”)
Esta reflexión nace de un ejercicio
práctico de pertenencia, desde un compartir de nuestros escreviveres.
Nosotras pensamos la escritura como acción, una manera de inscribir, registrar
e intervenir. En esta práctica de foto-palabrar nuestras madres, hemos
realizado una escritura basada en la experiencia, acción y agencia. La
construcción de estas letras se ha dado enfocada en los límites de la palabra,
a la vez parcial e inventiva.
Nosotras, en este artículo como
autoras, ya habíamos platicado sobre escribir juntas hace tiempo, desde que nos
(re)conocimos en estos pasos de formación como investigadoras en ciencias
sociales. Sin embargo, lo que no podríamos imaginar es que este tejer vendría a
ser hecho desde tantas co-autorías. De un ejercicio de escreviver
nuestras madres una para a otra, al rebose y ampliación de este encuentro en
una otra performance escrevivente. Nuestras letras juntas; las historias
a la vez nuestras y de ellas, se cambiaron en una materialización fabulada en
cores, por los sentidos de una otra autoría que acá se sumó.
En medio de la realización de
nuestra escritura, hemos contado con la elaboración de una pintura hecha por
las manos y el corazón del artista plástico Patrian Matheus Gomes. El cuadro fue
construído en medio de conversaciones cotidianas, al largo del desarrollo de
nuestras ideas, que fueron oídas, leídas y reflectadas por el artista gaúcho.
Compartimos diferentes perspectivas al respecto de nuestros procesos de
escritura que atraviesan nuestras prácticas como investigadoras y artistas que
utilizan sus memorias ancestrales en los quehaceres de sus producciones. El
resultado de este compartir se ha concretizado en la imagen que abre este
texto. La elaboración de esta pintura direcciona la mirada hacia la confluencia
de potencias que habitan cuerpos negros, prietos, estos mismos que gestionan escrevivências
más allá de los imaginarios binarios.
Lo que creemos que hay de nuevo en
esta práctica que intentamos poner en acción acá, es el acto o el intento de
lidiar con las dimensiones de nuestra historia que no nos pertenece, pero que
nos constituye, de manera directa y anunciada. La decisión de no solo percibir,
sino acoger las contradicciones que emergen en nuestros procesos de escritura y
construcción de miradas de mundo, es incorporada acá como llave metodológica
para la existencia de este artículo, que aún antes de estar finalizado, ya ha
gestado otras posibilidades en el encuentro con otras memorias negras
encarnadas, visibles e invisibles. En el seguir de esta acción de enfrentar,
hemos descubierto que nuestra práctica ha posibilitado emerger un ejercicio y
espacio nuevo de pertenecer, de nosotras con nuestras historias-memorias y con
nuestras madres y nosotras mismas.
Referencias
Anzaldúa, G. (2016).
Movimientos de rebeldía y las culturas que traicionan. En Borderlands/La
frontera: The New Mestiza (pp. 55-66). Capitán Swing.
Emicida (2016). Mandume (feat. Drik Barbosa, Amiri, Rico Dalassam, Muzzike
y Raphão Alaafin). [Canción] En Sobre crianças, quadris, pesadelos e Lições
de casa. Laboratório Fantasma
Evaristo, C. (2020). A
Escrevivência e seus subtextos. En C. Lima Duarte e I. R. Nunes (Orgs.), Escrevivência:
a escrita de nós. Reflexões sobre a obra de Conceição Evaristo (pp. 26-47).
Mina Comunicação e Arte.
Martins, L. M. (1997). Afrografias da memoria. O
reinado do Rosário no Jatobá. Mazza Edições.
Evaristo, C. (2006). Becos da Memória. Mazza.
Rodrigues, A. de M. (2022). Amefricanas
Escreviventes: las mujeristas africanas y el pensamiento feminista negro desde
Lélia Gonzalez. En M. Fonseca Santos, G. Hernández Rivas y T. Mitjans Alayón
(Coords.), Memoria y Feminismos: cuerpos, sentipensares y resistencias (pp.
273-300). CLACSO.
Semedo, O. (1996). Entre o ser e o amar.
Bissau.
[1] Universidade
Federal do Rio Grande do Sul, Brasil. Correo electrónico: linymourar@gmail.com
[2]
Brasil. Correo electrónico: danielaguedes01@hotmail.com
[3] Para otra comprensión del concepto,
desde las geopoéticas de lucha de los pueblos originarios, ver el trabajo de
Ailton Krenak y Davi Kopenawa Yanomami. Otra referente importante, sobre todo
en lo que tiene que ver con la relación entre retomada y escritura, es Eliane
Potiguar.
[4] Se puede escuchar la versión en
portugués del poema en voz de Mel Duarte, directamente en la canción Mandume
de Emicida: https://www.youtube.com/watch?v=mC_vrzqYfQc.
[5] Capítulo del libro Memória y
Feminismos: cuerpos, senti pensares y resistencias (Rodrigues, 2022).
[6] Es un neologismo que representa el
intento de compartir en palabras las muchas otras dimensiones visuales de las
personas, situaciones, olores y otros sentidos guardados en el momento de la
narración/descripción de algo, alguien o algún recuerdo.
[7] Esta es una alusión al nombre de una
canción de Jorge Ben Jor. La traducción sería algo como niña-mujer de negra
piel. Sigue el enlace para escuchar la canción: https://www.youtube.com/watch?v=COGWtCxmxrI.
[8] Más adelante vamos a retomar los
entendimientos de tiempo que traspasan estas afirmaciones de pasados, presentes
y futuros. Nos parece importante registrar acá que nosotras no estamos tratando
de una temporalidad lineal, sino que estamos próximas de la idea de tiempo
espiral como trabajado por Leda Maria Martins.
[9]
Neologismo para decir de la epistemología eurocéntrica desde la cual son
mantenidas las bases de la mayor parte de las universidades en América Latina.