CONSTRUYENDO
SORORIDAD: EXPERIENCIAS DESDE EL TALLER DE GÉNERO DE LA PREPARATORIA EMILIANO ZAPATA,
BUAP-MÉXICO
BUILDING SORORITY:
EXPERIENCES FROM THE GENDER WORKSHOP AT PREPARATORIA EMILIANO ZAPATA-MÉXICO
Rosa Patricia Muñoz Gutiérrez[1]
Gabriela Jiménez
Bandala[2]
Doi: https://doi.org/10.32870/lv.v7i64.8346
Resumen
Este artículo analiza
algunas de las experiencias de estudiantes que participan en el Taller de
Género de la Preparatoria Emiliano Zapata de la Benemérita Universidad Autónoma
de Puebla en torno a la sororidad, los mandatos de género, el desarrollo del
pensamiento crítico y los espacios seguros. El objetivo es analizar el impacto
de esta estrategia pedagógica en la deconstrucción de estereotipos de género.
El análisis explora
los aprendizajes y cuestionamientos que han surgido de esta experiencia
pedagógica. Se desarrolla desde un enfoque cualitativo con perspectiva feminista
y de alcance descriptivo, se basa en las reflexiones escritas por un grupo de
estudiantes (n=7), a partir de tres ejes: las razones por las que asisten al
taller, los cambios en sus relaciones con otras mujeres y su comprensión sobre
los mandatos de género en la vida cotidiana. Se concluye que el taller funciona
como un dispositivo de resistencia y acompañamiento que transforma la rivalidad
en alianzas sororas.
Palabras clave: taller de género,
sororidad, mandatos de género, espacios seguros, pensamiento crítico
Abstract
This article analyzes some of
the experiences of students who participate in the Gender Workshop at the
Emiliano Zapata High School of the Benemérita Universidad Autónoma de Puebla,
focusing on sorority, gender norms, the development of critical thinking, and
the creation of safe spaces. The objective is to analyze the impact of this
pedagogical strategy on the deconstruction of stereotypes.
The analysis explores the
learning processes and reflections that have emerged from this pedagogical
experience. It is conducted from a qualitative approach with a feminist
perspective and a descriptive scope, is based on written reflections produced
by a group of seven students (n=7), organized around three main axes: their
reasons for attending the workshop, changes in their relationships with other
women, and their understanding of gender norms in everyday life. It is
concluded that the workshop functions as a device for resistance and support
that transforms rivalry into sororal alliances.
Keywords: gender workshop,
sorority, gender mandates, safe spaces, critical thinking
Recepción: 30 de octubre de
2025/Aceptación: 25 de marzo de 2026
Introducción
La Preparatoria
Emiliano Zapata (PEZ) de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), fundada
en el año 1969, se ha distinguido por su calidad académica y por su compromiso
social. Como parte de las actividades extracurriculares que se ofertan dentro
de esta unidad académica se encuentra el taller de género, que fue creado en
septiembre de 2022, en respuesta a la violencia de género reportada por las
alumnas.
El objetivo del
taller es fomentar la reflexión crítica sobre el género en la vida cotidiana de
las participantes, favorecer el reconocimiento de los mandatos sociales que atraviesan
sus experiencias y brindar herramientas emocionales y colectivas para enfrentar
las problemáticas derivadas de los roles de género. Desde una perspectiva
feminista, busca fortalecer la autonomía, la sororidad y la construcción de
espacios seguros para el diálogo.
El taller se lleva a
cabo los viernes de 13:30 a 15:00 horas en el salón de teatro. La mayoría de
las temáticas que se abordan provienen de las inquietudes de las personas que
participan en él o de las problemáticas y situaciones que se presentan en la
preparatoria. El número de asistentes varía según las evaluaciones, entregas de
trabajos o actividades extraescolares que se deben realizar, en ocasiones han
asistido más de veinticinco personas, y en algunos casos, sólo tres.
En la primera parte
del texto, se exponen algunos principios teóricos y propuestas metodológicas
para abordar los conflictos generados por los mandatos de género que dificultan
las relaciones entre las alumnas. Posteriormente, se describen las
particularidades del taller de género, así como algunas de las dificultades y tensiones
que los roles de género provocan en la convivencia entre las alumnas. En la
tercera parte se expone la metodología empleada tanto en el desarrollo del taller
como en el análisis de las reflexiones producidas por el alumnado. Finalmente,
se presentan y analizan algunos de los resultados y experiencias que han surgido
a partir de esta experiencia pedagógica.
Género y sororidad: categorías clave en la
formación educativa
La desigualdad
continúa manifestándose en las aulas de todos los niveles educativos afectando
especialmente a grupos históricamente marginados por su raza, género,
orientación sexual, discapacidad, entre otros factores. En este contexto
resulta fundamental analizar cómo opera lo que Marcela Lagarde denomina “[...]
la jerarquía de género que hace vivir bajo sometimiento, servidumbre y
discriminación a muchas mujeres” (2023a, p. 232). Esta jerarquía también se
manifiesta en los espacios educativos, donde condiciona las relaciones entre
estudiantes e influye en la manera en que el alumnado construye su identidad y
comprende las diferencias de género. Aunado a ello, la falta de sensibilidad y
comprensión hacia la diversidad dificulta la integración social y la convivencia
escolar.
La categoría “género” ha sido útil para
comprender los procesos sociales mediante los cuales se aprende a ser hombre y
a ser mujer. En las instituciones educativas estos aprendizajes se reproducen
por medio de normas, expectativas y estereotipos, condicionando las
aspiraciones y trayectorias del alumnado. En este sentido, el género es “[...]
la construcción cultural de los comportamientos, roles, valores, asignados a
las mujeres y a los varones. Es un concepto relacional, que implica jerarquías.
Lo masculino sobrevaluado y lo femenino devaluado en las sociedades
patriarcales” (Alonso et al., 2007, p. 113). Así, las relaciones
de género atraviesan la vida social y el ámbito educativo, modelando
expectativas, oportunidades académicas y las formas de interacción dentro de la
escuela.
Aunque la noción de
género ha sido incorporada como categoría de análisis desde hace varias décadas,
la reproducción de roles tradicionales continúa presente en muchos espacios
educativos. Frente a la persistencia de estas desigualdades, organismos internacionales
como la UNESCO han impulsado diversas estrategias orientadas a promover la
igualdad de género en las escuelas. Entre sus objetivos estratégicos se
encuentra fortalecer las comunidades educativas y fomentar prácticas
pedagógicas que contribuyan a reducir las brechas de género, así como promover la
creatividad y el uso de la tecnología (UNESCO, 2024).
Las normas y estereotipos
de género constituyen obstáculos para los grupos más jóvenes, lo que en algunos
casos puede derivar en deserción escolar. Las niñas y las mujeres en situación
de vulnerabilidad experimentan mayores niveles de exclusión, no sólo por factores
como la pobreza o el embarazo, sino también por la violencia derivada de
estereotipos y mandatos de género (UNESCO, 2024). Por ello, la comunidad
educativa internacional ha propuesto adoptar un enfoque de género transformador
que integre la igualdad tanto en los planes de estudio como en las prácticas
pedagógicas.
La perspectiva de
género, promovida por la UNESCO y la ONU a través de la Agenda 2030, constituye
un marco fundamental para avanzar hacia la igualdad al proporcionar
herramientas para cuestionar las estructuras patriarcales, prevenir la
violencia y promover la inclusión y la diversidad (García y Castellanos, 2020).
Dentro de las instituciones educativas, este enfoque permite problematizar las
desigualdades que enfrenta el alumnado y cómo los estereotipos y mandatos de
género influyen en sus experiencias escolares. Esto resulta de utilidad para
identificar las posibilidades y recursos con los que hombres y mujeres pueden
enfrentar distintas adversidades (Lagarde, 2022).
En el contexto
nacional, el proyecto educativo de la Nueva Escuela Mexicana reconoce la
necesidad de crear espacios educativos igualitarios. Uno de sus ejes
articuladores
Apunta hacia la
construcción de una sociedad en la que se eliminen aquellas barreras sociales,
económicas, educativas o de cualquier otro tipo, que basadas en prejuicios y
estereotipos de género históricamente han obstaculizado el libre ejercicio y
desarrollo de las personas. (Comisión Nacional para la Mejora Continua de la
Educación, 2023, p. 5)
En este sentido, el taller
de género se alinea operativamente con los ejes articuladores de Igualdad de
Género e Inclusión, pues problematiza desigualdades y fomenta el reconocimiento
de la diversidad en el aula. El taller se construye como una praxis pedagógica
que materializa el derecho a una educación libre de violencias, promueve la
formación integral basada en la empatía y la justicia social como fundamento
del aprendizaje comunitario.
La sensibilización
sobre los mandatos de género presentes en la vida cotidiana es clave para
transformar los sistemas de organización social que discriminan y subordinan
(Fernández, et al., 2015). Estos preceptos se reproducen a través de “códigos,
leyes, mandatos y mandamientos escritos, memorizados y transmitidos oral,
ejemplar, gráfica o imaginariamente” (Lagarde, 2022, p. 34). Por ello, resulta
necesario diseñar planes y programas que promuevan formas de convivencia
basadas en la equidad, la democracia y la justicia. Siendo la reflexión y la
autorreflexión dos ejes metodológicos fundamentales para la toma de conciencia
y la transformación de las relaciones de poder.
Desde esta
perspectiva, la pedagogía feminista representa una “[...] alternativa para
frenar la reproducción de desigualdades y construir ciudadanías en equidad”
(Martínez, 2016, p. 129). Existen diversas propuestas y metodologías que,
mediante grupos de intervención, cuestionan las nociones tradicionales de lo
masculino y lo femenino como determinantes de los roles de género. Estas
metodologías promueven la reflexión, la cual “posibilita generar dudas,
interrogantes, contradicciones capaces de crear procesos de cambio a nivel
personal e institucional y conformar así políticas y proyectos con una visión
de igualdad y equidad para hombres y mujeres” (Fernández et al., 2015, p. 42).
La educación popular
impulsa el cambio social a través de procesos educativos que alientan una
actitud crítica frente a la injusticia. Una de sus estrategias es el “taller
inclusivo”, entendido como un espacio donde se escuchan diversas voces, se
fomenta el respeto y la reflexión, y las vivencias cotidianas se convierten en
fuente de conocimiento, priorizando la confianza y el cuidado comunitario
(Molina y Cornils, 2020).
Los grupos de
sensibilización permiten cuestionar los roles tradicionales, identificar los
mecanismos de reproducción del patriarcado, evidenciar que son estructuras
sociales modificables, explorar nuevas formas de feminidad y masculinidad, y
desarrollar una postura crítica y transformadora frente a la desigualdad
(Fernández, Virgilí y Alfonso, 2015).
Aunado a esto, como
señala Maceira Ochoa (2008), el grupo constituye un espacio fundamental tanto
para la construcción colectiva del conocimiento -en la que se aprende con y de
otras- como para la articulación entre mujeres. En estos espacios se favorecen
procesos de identificación genérica, la creación de referentes compartidos, el
establecimiento de alianzas y la definición de acciones comunes frente a problemáticas
e intereses compartidos. En este sentido, la generación de espacios como el taller
de género de la PEZ puede contribuir significativamente al fortalecimiento de
sus participantes y de la comunidad en general.
Asimismo, además de
cuestionar los mandatos de género presentes en la vida cotidiana, estos
espacios educativos buscan fortalecer dimensiones subjetivas fundamentales para
el bienestar de sus participantes, como la autoestima y la construcción de
vínculos solidarios entre ellos.
La autoestima es
clave para la calidad de vida de las mujeres al ser “[…] parte de la identidad
personal y está profundamente marcada por la condición de género que determina
en gran medida la vida individual y colectiva de las mujeres, tanto de manera
positiva como de forma nociva” (Lagarde, 2023a, p. 101). Fomentar la reflexión
sobre la autoestima debería ser parte de los objetivos educativos, ya que
impacta en el bienestar de las personas. Lagarde (2023a) destaca el valor de
los “pequeños grupos” como espacios para que las mujeres se encuentren a sí
mismas, para escucharse, para pensar por sí mismas y fortalecer su identidad
colectiva.
Los talleres
dirigidos a mujeres han fortalecido su autoestima y mejorado las relaciones
entre ellas. La sororidad es resultado de ese trabajo colectivo y del
reconocimiento mutuo. Se convierte en fuente de autoestima “porque aquí se
trata además de una experiencia consciente de orgullo e identificación entre
mujeres que, al reconocerse, avalarse, darse autoridad y apoyarse, apoyan a
cada una” (Lagarde, 2023a, p. 240). De esta manera, la sororidad puede fortalecer
la autoestima de las mujeres, y a su vez, una mayor autoestima puede favorecer
los vínculos sororos entre ellas.
Otra dimensión central
de la sororidad, como plantea Marcela Lagarde, es la posibilidad de reconocer
las diferencias entre mujeres sin que éstas sean un motivo de rivalidad o
confrontación: “[…] asumir que no estoy de acuerdo con la otra, pero no por eso
me lanzo destructivamente sobre ella” (Lagarde, 2023b, p. 107). La presencia de
sororidad en cualquier grupo de mujeres fomenta su autoestima, y fortalece también
la autoestima colectiva, posibilitando una mayor participación política y mejores
condiciones de vida.
Los mandatos de
género condicionan y limitan el desarrollo pleno de las personas. A menudo,
reproducen violencia y discriminación, lo que afecta la autoestima y debilita
la sororidad entre mujeres. Incorporar la perspectiva de género en la educación
permite visibilizar estas desigualdades y cuestionar los roles que las
sostienen. Estrategias como los talleres de sensibilización abren espacios de
análisis crítico, fortalecen los vínculos entre sus participantes y promueven
procesos de reflexión-acción orientados al cambio. En atención a estas problemáticas
se creó el taller de género en la Preparatoria Emiliano Zapata, cuya
implementación y resultados se presentan a continuación.
Del diagnóstico a la acción: el taller de género
como respuesta a la violencia
La Preparatoria
Emiliano Zapata de la BUAP se ubica en el centro histórico de la ciudad de
Puebla. Sus edificios datan del siglo xvi
y fue fundada en 1969 como respuesta al gran número de aspirantes que habían
quedado fuera del nivel medio superior por falta de cupo. Estudiantes
universitarios, madres y padres de familia, junto con docentes, se organizaron
para crear una alternativa que permitiera a más personas acceder a la formación
media superior.
Después de un año de
esfuerzo, en febrero de 1970, la Preparatoria Popular Emiliano Zapata fue
incorporada oficialmente a la Universidad, como respuesta a la necesidad de ampliar
la matrícula en este nivel educativo. Desde entonces, esta unidad académica se
ha distinguido por su compromiso social y por posicionarse como una de las
mejores preparatorias del estado (Vallejo y Ramírez, 2002).
La institución
funciona en turnos matutino y vespertino. En 2024, la comunidad estudiantil estaba
conformada por 1,114 estudiantes: 580 alumnas y 534 alumnos. Ese mismo año, la
planta docente estaba integrada por 66 personas: 41 profesoras y 25 profesores
(BUAP, 2024, p. 43).
A raíz del paro
estudiantil de 2019 (en el que el estudiantado expuso diversas formas de violencia
y exigió medidas institucionales contra el acoso) y de los “tendederos”
(estrategia utilizada por colectivos feministas para señalar presuntos
agresores) en los espacios universitarios y redes sociales, se visibilizaron diversas
prácticas de violencia hacia el alumnado al interior de la BUAP. Como respuesta
institucional, se creó la Dirección Institucional de Igualdad de Género (DIIGE)
y, con ella, las unidades de género en cada unidad académica.
En 2021 se conformó la unidad de género de la
PEZ, la cual comenzó a canalizar a las personas que solicitaban apoyo. Entre
agosto de 2021 y julio de 2024 se recibieron más de 30 quejas, en su mayoría
presentadas por alumnas. Las problemáticas recurrentes incluían violencia en
las relaciones de pareja, violencia digital y violencia sexual, entre otras. Sin
embargo, se identificó que la canalización, aunque necesaria, no incidía
directamente en la disminución de los casos de violencia y discriminación por
razón de género. Esto evidenció la necesidad de implementar estrategias preventivas
orientadas a fomentar la reflexión y la sensibilización de la comunidad.
Como respuesta a esta
necesidad, en septiembre de 2022 se creó el taller de género. Este espacio es
coordinado por una de las autoras del presente trabajo y está abierto a toda
persona interesada en participar. Es un lugar para compartir vivencias,
inquietudes, alegrías y reflexiones. Se lleva a cabo los viernes al final del
turno matutino y los temas y actividades son propuestos por sus asistentes. Uno
de sus principales objetivos ha sido fortalecer los lazos entre el alumnado y
generar espacios de sororidad y afecto entre las estudiantes.
Al inicio de cada
ciclo escolar, el alumnado que asiste al taller realiza una lista de los temas
que consideran importantes y necesarios de abordar. Algunos de los más
recurrentes incluyen: salud mental, cómo cerrar vínculos afectivos, roles de
género, represión emocional y gestión de emociones, feminismo comunitario,
relaciones afectivas conflictivas, racismo, violencia en la preparatoria,
páginas de odio, idealización de personas, misoginia en los medios, feminismo,
salir del clóset, clasismo, capacitismo, lenguaje incluyente, religión y
género, personas transgénero, padres homofóbicos, y feminismos puestos en
práctica. Estas temáticas son tan diversas y complejas que no siempre es
posible abordarlas todas, pero reflejan las inquietudes y necesidades del
alumnado de la PEZ.
Durante las primeras
sesiones del ciclo escolar 2023-2024, las alumnas expusieron una problemática
particular: la existencia de una página en Instagram en la que grupos de
alumnas de quinto semestre se estaban atacando entre sí. Los comentarios
giraban en torno a qué área de estudios era “mejor”, incluían juicios sobre la
vida privada de otras compañeras e incluso descalificaban a quienes habían
denunciado comportamientos inapropiados de algunos varones.
Este hecho es una muestra de las tensiones que existen
entre algunas alumnas. Desde un análisis crítico, este conflicto evidencia la
persistencia de la violencia digital y la misoginia interiorizada, en tal
situación, las redes sociales se convierten en espacios para reproducir la “rivalidad
entre mujeres”. Como señala Lagarde (2023b), el patriarcado ha fomentado la
enemistad histórica entre mujeres como un mecanismo de control que debilita su
identidad colectiva. En este contexto, la respuesta de las estudiantes no fue
reactiva, fue política: decidieron no interactuar con el contenido violento y
apostar por campañas de sensibilización, transformaron la confrontación en una
práctica de sororidad. Este episodio permite comprender que la sororidad es una
herramienta ética y política necesaria para resarcir el tejido social dentro de
la preparatoria.
En este contexto, el taller
de género funcionó como un espacio donde las estudiantes pudieron cuestionar
los mandatos de género presentes en su cotidianeidad y fortalecer vínculos
basados en la sororidad. Por medio del diálogo y la reflexión colectiva, las
personas participantes diseñaron acciones para cuestionar la violencia entre
mujeres y apostar por relaciones más solidarias. Entre las estrategias
acordadas se incluyó no interactuar con la página en la que se daban estos
ataques, evitar comentar o difundir su contenido y señalar que hablar sobre lo
que ahí se publicaba sólo contribuía a amplificar el problema. Asimismo, se
decidió reportar la existencia de la página a la dirección de la escuela y realizar
una campaña de carteles –basada en materiales de
ONU Mujeres– con el objetivo de promover la reflexión sobre la violencia que
viven las mujeres.
Para comprender la
operatividad de esta propuesta, en la Figura 1 se sistematiza el modelo pedagógico
del taller, el cual articula el diagnóstico situacional de la preparatoria con
los pilares teóricos y metodológicos que sustentan la intervención.
Figura 1
Modelo pedagógico del Taller de Género de la PEZ: Ciclo de
Intervención y transformación
Nota: Elaboración Propia (2026).
Enfoque metodológico
Las personas que
participan en el taller de género son en su mayoría mujeres; también asisten
estudiantes varones heterosexuales y personas de la comunidad LGBTQ+. Todas pertenecen
a la Preparatoria Emiliano Zapata de la BUAP y tienen entre 15 y 17 años. Las
reflexiones que se presentan en este artículo corresponden a siete estudiantes
que asistieron de manera regular al taller. Es importante señalar que tanto el
alumnado como sus familias autorizaron el uso de sus textos con fines
académicos mediante un consentimiento informado. Asimismo, para cumplir con los
protocolos de ética en la investigación, se garantizó el anonimato de los
participantes, se omitieron sus nombres reales y cualquier dato de
identificación personal, con ello se asegura la confidencialidad de los menores
de edad.
La
selección de esta muestra, integrada por siete estudiantes (n=7), responde a
los principios de la investigación situada y el estudio de caso. En la
investigación cualitativa con perspectiva feminista, se prioriza la profundidad
analítica y la riqueza de las experiencias subjetivas sobre la
representatividad estadística (Lagarde, 2022). Dado el contexto de
excepcionalidad provocado por un paro estudiantil, esta muestra permitió
realizar un análisis exhaustivo de los discursos de los participantes. La
intención era favorecer una mayor riqueza interpretativa y un clima de
confianza que permitiera profundizar en las subjetividades del alumnado,
aspectos que suelen resultar complicados en estudios con grupos masivos.
El
enfoque metodológico del estudio es de corte cualitativo con perspectiva
feminista. El taller se desarrolla mediante dinámicas participativas,
discusiones colectivas y actividades reflexivas orientadas a problematizar los
mandatos de género presentes en la vida cotidiana del estudiantado y a visibilizar
las aportaciones de las mujeres.
Entre
las actividades realizadas se encuentran ejercicios de reflexión individual y
colectiva orientados a crear comunidad, vinculados con el reconocimiento del
cuerpo, los gustos e intereses compartidos; charlas y conferencias impartidas
por especialistas sobre temas como la gestión de emociones y el establecimiento
de límites; cine-debate; así como actividades creativas, por ejemplo la
elaboración de stickers para promover el amor propio durante el evento
del 14 de febrero que se realiza en la PEZ, o la creación de pulseras para
reconocer las genealogías femeninas de las personas participantes.
Estas
actividades se conciben como estrategias pedagógicas que toman como punto de
partida las experiencias del estudiantado para analizar colectivamente las
normas de género presentes en su vida cotidiana. Asimismo, buscan generar un
espacio de confianza que favorezca la expresión de vivencias, la escucha de
otras perspectivas y el desarrollo de una reflexión crítica sobre las
desigualdades de género.
Para el
análisis se utilizaron las narrativas producidas en una de las sesiones finales
del taller, el 11 de abril de 2025. La recolección de información se realizó
mediante la técnica de escritura reflexiva a través de un cuestionario de preguntas
abiertas. Este instrumento permitió que el alumnado expresara sus vivencias de
forma libre y anónima, con ello se busca privilegiar la autenticidad del relato
y evitar el sesgo de deseabilidad social en las respuestas que puede surgir en interacciones
grupales. Las tres interrogantes que guiaron la reflexión fueron las
siguientes: ¿por qué asistes al taller de género?, ¿cómo ha impactado el taller
en tus relaciones con otras mujeres? y, ¿qué has reflexionado sobre los roles
de género en tu vida?
El
objetivo de la actividad fue identificar las motivaciones del estudiantado para
participar en el taller, así como reconocer la utilidad de las actividades
realizadas y el impacto que éstas han tenido en sus experiencias cotidianas.
Durante
la sistematización de los textos se realizó un proceso de codificación temática
mediante el cual se identificaron categorías recurrentes como: espacio seguro,
sororidad, pensamiento crítico y cuestionamiento de los mandatos de género. Las
respuestas fueron revisadas de manera comparativa con el propósito de reconocer
temas comunes en las experiencias del alumnado. A partir de este proceso se
construyeron las categorías analíticas que orientan la interpretación
presentada en este artículo. A manera de síntesis, en la Tabla 1 se presentan
las fases que integraron el diseño metodológico de este trabajo:
Tabla 1. Síntesis del diseño
metodológico y fases de la investigación
|
Fase |
Descripción |
Actividades/Instrumentos |
|
1. Diseño y fundamentación |
Definición del enfoque y marco
teórico |
Perspectiva de género y
pedagogía feminista participativa |
|
2. Intervención pedagógica |
Implementación del taller de género
en la PEZ |
Sesiones semanales:
cine-debate, elaboración de stickers y diálogos colectivos |
|
3. Recolección de datos |
Captura de experiencias
situadas (abril de 2025) |
Técnica de escritura reflexiva
(cuestionario de preguntas abiertas) |
|
4. Sistematización |
Organización y procesamiento de
la información |
Codificación temática de los
testimonios individuales |
|
5. Análisis e interpretación |
Construcción de categorías
analíticas |
Triangulación teórica basada en
las categorías de Marcela Lagarde |
Nota. Elaboración propia
(2026).
Mandatos de género,
sororidad y pensamiento crítico: resultados del taller de género
En este apartado se presentan
algunas de las reflexiones de las personas que participan en el taller con la
finalidad de analizar sus aprendizajes y cuestionamientos en torno a los
mandatos de género, la sororidad y el desarrollo del pensamiento crítico.
Durante abril de 2025
se recuperaron algunas experiencias a partir de una actividad reflexiva
realizada en una de las sesiones finales del taller. La asistencia fue reducida
–debido al paro estudiantil y a las suspensiones que interrumpieron algunas
sesiones–, por lo que participaron siete estudiantes: tres de cuarto semestre y
cuatro de segundo. Sus respuestas ofrecen una muestra valiosa del efecto que
puede tener un espacio como este en la vida cotidiana del estudiantado.
Con el fin de
organizar el análisis de la información obtenida en la sesión de cierre del
semestre, se identificaron diversas categorías a partir de las respuestas del
estudiantado. La Tabla 2 presenta las principales categorías analíticas
utilizadas en el análisis de los testimonios: espacio seguro, pensamiento
crítico, sororidad y empatía con otras mujeres, y cuestionamiento de los
mandatos de género. Asimismo, se incluyen algunos ejemplos de los testimonios
que ilustran cada una de estas categorías.
Tabla 2. Categorías de
análisis y ejemplos de testimonios estudiantiles
|
Categoría de análisis |
Ejemplos de
testimonios |
|
Espacio seguro |
“Me gustó el ambiente”, “me da
mucha seguridad”, “me siento cómoda”, “siento que me entienden”, “es un
espacio seguro para aprender y compartir mis experiencias”. |
|
Pensamiento crítico |
“Me gusta ir al taller porque
se fomenta el pensamiento crítico”, “me hace cuestionarme los rasgos de
comportamiento”, “reflexiono y expando mi visión del mundo”. |
|
Sororidad y empatía con otras mujeres |
“Me di cuenta de que muchas
pasamos por situaciones similares”, “ahora comprendo más el porqué de sus
acciones”, “no debo juzgar sin conocer antes la situación”. |
|
Cuestionamiento de los mandatos
de género |
“He empezado a cuestionar
muchas ideas sobre lo que debería ser como mujer”, “los roles están presentes
siempre”, “ahora pienso más en qué quiero yo”. |
Nota. Elaboración propia a
partir de testimonios estudiantiles del taller de género (sesión del 11 de
abril de 2025).
Participación en el taller: motivaciones del estudiantado
La respuesta a la
pregunta "¿Por qué asistes al taller?" reveló varias coincidencias en
las razones por las que consideran valioso este espacio. Algunas personas mencionaron
que lo hicieron porque es un lugar de aprendizaje que contribuye a su
desarrollo personal. Escribieron que “crecen con cada sesión” o que les ayuda a
“reflexionar y expandir su visión del mundo”. El taller fue percibido como un
espacio único para analizar temáticas controvertidas o poco abordadas en las
aulas o en la vida cotidiana. Un primer paso para erradicar la violencia, como
se destacó, es visualizarla, y dialogar sobre ella es fundamental para
cuestionar sus causas y cómo se reproduce.
También se señaló la
forma en que se desarrollan las actividades. En las sesiones se promueve la
reflexión colectiva y la autorreflexión, y se fomenta el pensamiento crítico.
Un participante señaló que le gusta que se cuestione la realidad y se analicen
los estereotipos de género presentes en la vida cotidiana. Otra expresó que
asiste porque las actividades les permiten pensar, aprender y compartir
experiencias. Las dinámicas están diseñadas para que las vivencias de las personas
participantes sean la fuente principal de conocimiento. En lugar de centrarse
en conceptos teóricos, el taller parte de las experiencias y emociones para
problematizar la realidad, utilizando algunos principios de la teoría feminista
como herramientas para comprenderla y analizarla.
Por último, otra
razón destacada para asistir al taller es que lo consideran un espacio seguro
en el que pueden expresar sus inquietudes sin sentirse juzgadas. Algunas de las
expresiones utilizadas fueron: “me gustó el ambiente”, “me da mucha seguridad”,
“me siento cómoda”, “siento que me entienden”, “es un espacio seguro para
aprender y compartir mis experiencias”, “puedo expresarme libremente y escuchar
diferentes puntos de vista”. Estas respuestas son cruciales en un taller vivencial,
ya que como señalan García y Castellanos, “la generación de un clima de
confianza resulta crucial para el buen desarrollo de las actividades” (2020, p.
183). Crear espacios seguros y libres para abordar estas temáticas es
fundamental, y aunque las perspectivas no siempre son idénticas, se ha logrado
establecer puentes entre las diferentes posturas para lograr una comprensión
colectiva.
Transformaciones
personales: relaciones con otras mujeres
Respecto a sus
vínculos con otras mujeres, varias personas señalaron que antes no eran
plenamente conscientes de los obstáculos que enfrentan las mujeres en su vida
cotidiana. Algunas pensaban que existía igualdad de oportunidades entre hombres
y mujeres, pero al escuchar otras experiencias comprendieron que las
oportunidades suelen estar condicionadas por el género, así como por factores
como la raza, la clase, el color de piel o la presencia de una discapacidad.
También reflexionaron
sobre la necesidad de mirar a otras mujeres desde una perspectiva más empática.
Comentarios como “no debo juzgar sin conocer antes la situación”, “comprender y
no juzgar”, o “respeto sus decisiones y comprendo un poco más el porqué de sus
acciones” evidencian este cambio.
Estas respuestas
muestran cómo el taller ha propiciado el reconocimiento de otras realidades, el
cuestionamiento de prejuicios y la construcción de vínculos más empáticos entre
mujeres. Escuchar otras voces y compartir vivencias genera un sentido de
comunidad que fortalece el acompañamiento y transforma los vínculos cotidianos.
Transformaciones
personales: mandatos de género
En lo referente a los
mandatos de género, se identificaron dos perspectivas entre el alumnado: por un
lado, quienes no reconocían su existencia y, por otro, quienes utilizan la
categoría para entender y enfrentar ciertas problemáticas.
Las estudiantes que
inicialmente no reconocían la presencia de los roles de género, tras asistir al
taller y escuchar a otras personas, comenzaron a identificarlos en su vida
cotidiana. Una de ellas comentó: “vivimos con ellos y están muy presentes en mi
vida”; otra dijo: “he empezado a cuestionar muchas de las ideas con las que
crecí sobre lo que ‘debería’ ser como mujer”. También se mencionó: “ahora puedo
contestar con certeza que los roles están presentes siempre”. Estas respuestas,
provenientes de estudiantes de segundo semestre, muestran que el taller ha sido
un punto de partida para reflexionar críticamente sobre su lugar como mujeres
en el mundo.
En cuanto a quienes
ya usaban la categoría de género para analizar la realidad, expresaron que
estos estereotipos siguen muy presentes: “eso algunas veces me lleva a
preguntarme por qué es así”. Reflexionaron sobre cómo estos mandatos influyen
en sus decisiones y formas de actuar: “ahora pienso más en qué quiero yo”, “me
ha ayudado a veces a confrontar estas situaciones”, “cuestionarme ciertas
actitudes” y “cómo esos roles afectan no sólo a las mujeres, sino también a los
hombres y a las personas con otras identidades de género”.
Durante una de las
sesiones se vivió un momento significativo: al invitar a compartir reflexiones,
nadie quería comenzar. Al preguntar por qué, una persona dijo que temía
equivocarse; otra, que no quería acaparar la conversación; y una más, que
simplemente no le gustaba hablar en público. Finalmente, se eligió al azar
quién iniciaría. Luego se les preguntó si sentían que esos silencios estaban
vinculados con los mandatos de género.
La persona que
mencionó tener miedo a equivocarse no lo relacionó directamente con el género.
Sin embargo, esta actitud puede explicarse como una forma de autocensura
alimentada por el temor a la burla o descalificación (González, 2024), lo que
responde a patrones de socialización de género que históricamente han
minimizado las opiniones de las mujeres. La persona que evitaba participar para
no incomodar comentó que sentía que hablar mucho podría molestar a las demás.
Esto puede interpretarse como evidencia de cómo el sistema patriarcal establece
límites y valoraciones distintas sobre la expresión según el género.
Finalmente, la
estudiante que dijo no ser muy platicadora compartió que pasa mucho tiempo sola
en casa porque sus padres trabajan y son sus abuelos quienes la cuidan. Comentó
que ellos suelen hablar más con su hermano y no con ella, lo que le hizo notar
cómo su voz ha sido históricamente subordinada. Reconoció ahí la presencia de
los roles de género, y cómo estos han influido en su personalidad y en la forma
en que se posiciona en el entorno familiar.
Estas experiencias permiten
observar cómo los mandatos de género –articulados con otras estructuras como el
clasismo, el racismo o el colonialismo– pueden limitar la participación de las
alumnas, influir en su desarrollo personal y tener repercusiones en su futuro.
Conclusiones
La incorporación de
la perspectiva de género y la reflexión crítica en los espacios educativos puede
ser una herramienta eficaz para que el alumnado analice cómo las desigualdades
por razones de género siguen presentes en su vida cotidiana y cómo éstas
afectan su desarrollo y su futuro. En este sentido, el taller de género de la
Preparatoria Emiliano Zapata constituye una muestra de los alcances de crear
espacios seguros para el diálogo y para profundizar en temáticas que
generalmente no se discuten en las aulas tradicionales.
Si bien las
reflexiones pertenecen a un grupo específico de estudiantes, las experiencias
situadas han sido utilizadas en la investigación feminista para visibilizar violencias
estructurales y simbólicas. A partir de los testimonios del estudiantado se
puede afirmar que el taller se percibe como un lugar seguro para compartir experiencias,
cuestionar mandatos de género y construir nuevas formas de relacionarse.
Escuchar otras voces y promover la empatía han favorecido la comprensión y el
respeto entre las personas participantes, fortaleciendo sus vínculos. Asimismo,
el taller ha propiciado el desarrollo del pensamiento crítico al analizar problemáticas
cotidianas desde una perspectiva feminista, reconocer las experiencias de otras
mujeres y profundizar en temas que generan inquietud en la vida del
estudiantado.
El taller responde al
interés por incluir la perspectiva de género en la PEZ, y también a la necesidad
profunda del alumnado por contar con espacios que les permitan cuestionar las
violencias cotidianas, reflexionar sobre sus experiencias y reconocerse como
personas capaces de incidir en su entorno. En este sentido, no se trata sólo de
un taller, sino de una apuesta por la transformación colectiva. La creación de espacios pedagógicos basados
en la escucha, el diálogo y la reflexión colectiva puede contribuir a la
prevención de la violencia de género en contextos educativos.
Finalmente, los
resultados de esta experiencia sugieren la necesidad de llevar este tipo de
acciones extracurriculares aisladas hacia la institucionalización de la
perspectiva de género en la educación media superior. Se recomienda que
espacios como el taller de género de la PEZ se integren de manera transversal y
formal en la currícula de las preparatorias públicas. Solo mediante la
formalización de estas pedagogías feministas será posible consolidar la
prevención de la violencia como un eje estructural de la formación ciudadana, con
ello se garantiza que el pensamiento crítico y la sororidad sean pilares
permanentes en la construcción de comunidades escolares más justas e
igualitarias.
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