CUIDADORAS
Y ARTESANAS TSOTSILES. TEXTILES PARA EL TURISMO EN EL SUR DE MÉXICO
TSOTSIL CAREGIVERS AND ARTISANS. TEXTILES FOR TOURISM
IN SOUTHERN MEXICO
Claudia Elizabeth Tovilla Borraz[1]
Erin Estrada Lugo[2]
David Robichaux[3]
Georgina Sánchez Ramírez[4]
Carla Zamora Lomelí[5]
DOI: https://doi.org/10.32870/lv.v7i64.8405
Resumen
Aunque el turismo no considere al
trabajo de cuidados como parte nodal de la reproducción de la vida, la
actividad artesanal en tanto trabajo remunerado ha sido reconocida como parte
de la cadena de valor del turismo. Desde la perspectiva económica
feminista de los cuidados, este artículo tiene el
objetivo de abonar a la laguna existente entre estos dos campos, documentando la
copla trabajo cotidiano de cuidados con trabajo artesanal textil para el
turismo con un estudio de caso en Zinacantán, Chiapas, México, una comunidad tsotsil de
la Región Altos. La metodología fue cualitativa, se trabajó con mujeres artesanas participantes en el programa público Corredores Artesanales.
Los hallazgos muestran que los mandatos de género influencian la entrada de las
mujeres al ámbito de producción para el mercado. En el mercado turístico
la competencia con
souvenirs industriales desvaloriza el trabajo artesanal, invisibiliza la
dimensión de género y aumenta su carga
laboral. Finalmente, se visibiliza el
conflicto capital-vida que enfrentan las mujeres artesanas en el mercado
turístico al recurrir a la auto-explotación.
Palabras clave: Chiapas, artesanas tsotsiles, uso de tiempo, textiles, turismo cultural
Abstract
Although
tourism does not consider care work as a nodal part of the reproduction of
life, artisanal activity as paid work has been recognized as part of the
tourism value chain. From the feminist economic perspective of care, this
article aims to fill in the gap between these two fields, documenting the
everyday work of care with textile craftsmanship for tourism with a case study
in Zinacantán, Chiapas, Mexico, a Tsotsil
community in the Altos Region. The methodology was qualitative, working with
women artisans participating in the public program Corredores Artesanales. The findings show that
gender mandates influence women’s entry into the sphere of production for the
market. In the tourist market, competition with industrial souvenirs devalues
artisanal work, makes the gender dimension invisible and increases its
workload. Finally, the capital-life conflict that women artisans face in the
tourist market by resorting to self-exploitation is visible.
Keywords: Chiapas, tsotsil artisans, time management,
textiles, cultural tourism
Recepción: 19 de noviembre de 2025/Aceptación: 17 de
abril de 2026
Introducción
Esta investigación documenta cómo las artesanas tsotsiles de Zinacantán se incorporan a la economía de
mercado, combinando la producción de bienes y servicios en el hogar con la
producción y la comercialización artesanal para el turismo. Se trae a la
discusión la organización de los cuidados y la situación de desigualdad en
términos de tiempo que enfrentan las mujeres frente a sus pares varones, al
incorporarse en la elaboración de artesanías como actividad económica para el
mercado.
La elaboración de textiles en México
es una actividad feminizada (Ayala-Carrillo et al., 2020; Uwimabera
et al., 2017), y una tradición mesoamericana (Brumfiel,
2007). Las mujeres artesanas de Zinacantán, Chiapas, México, transmiten la
técnica del tejido en telar de cintura a sus hijas (Greenfield,
2004) y es a través de esta actividad que se incorporan a la economía
preexistente, capitalista y patriarcal.
En México, el impulso al turismo
cultural a través de políticas de fomento artesanal ha incrementado la
participación de mujeres a esta actividad (Nash, 1993, 1995; Rus, 1990). Muchas
mujeres rurales de los Altos de Chiapas han transformado su hogar en un espacio
de producción para el mercado (Ramos, 2010) y su actividad tradicional en un
producto comercializable. De 1970 a 1980 el Centro
Coordinador Tseltal-Tsotsil (CCTT) del Instituto
Nacional Indigenista (INI) tuvo un papel importante en la organización
de grupos de producción y en la inclusión de las
mujeres a esta actividad mercantil (Ramos, 2010, p. 88). Rus (1990) y
Ramos (2018) dan cuenta de cómo a medida que las diversas crisis económicas en
México ocurren, las mujeres rurales de los Altos de Chiapas se introducen en
mayor medida a la producción y comercialización de artesanías para el turismo. Este
incremento también ocurrido en Zinacantán responde a su cercanía con San
Cristóbal de Las Casas, ciudad nodo de la región Altos y destino turístico
cultural en programas de promoción nacional e internacional[6].
La actividad artesanal
vinculada al turismo se presenta a las mujeres como oportunidad para obtener
ingresos (Fernández et al., 2023), una ocupación que impulsa el desarrollo de
sus propias comunidades (Rivera et al., 2008). Sin embargo, desde una postura económica feminista cuestionamos cómo el
turismo reproduce las prácticas de desigualdad de género y continúa sobreponiendo
el trabajo mercantil por sobre el trabajo que se realiza en casa (Ferguson,
2010, 2011). La reproducción de los roles
tradicionales de las mujeres en emprendimientos turísticos (Suárez et al.,
2022) y la transmisión intergeneracional de conocimientos y técnicas (Härkönen,
et al., 2018)
permite argumentar la desconsideración del
trabajo de cuidados, históricamente desempeñado por mujeres, y su invisibilización sistemática en la economía de mercado.
Este trabajo tiene como objetivo conocer cómo las mujeres tsotsiles
de Zinacantán, Chiapas, acoplan el tiempo para la producción y comercialización
textil en un contexto de promoción del turismo de parte del Estado. Se aborda el tiempo dedicado a la producción para el
mercado y a la producción de bienes y servicios en el hogar. Esta investigación
documenta las horas dedicadas al trabajo de cuidados para lograr una mejor
comprensión de la organización social de los cuidados (OSC) en el México étnico
rural y las horas que las mujeres dedican a la producción para el mercado.
Se analiza el caso de las mujeres
artesanas dentro del Programa de Corredores Artesanales (PCA) en Zinacantán,
Chiapas. Programa creado por la administración pública federal 2012-2018 con el
propósito de proveer apoyo económico y entrenamiento a personas artesanas en
destinos con potencial turístico (Fondo Nacional para el Fomento a las
Artesanías [FONART], 2017). Este artículo no tiene el
propósito de evaluar el programa o su operación, sino contribuir con este caso
a la discusión y reflexión sobre el tiempo que dedican las mujeres al
trabajo en su concepción ampliada, y que integra tanto el ámbito de producción
para el mercado como el de producción de bienes y servicios en el hogar. Entendemos
al oficio desempeñado a cambio de un sueldo o
salario como el trabajo remunerado (Orozco y González, 2024) aunque desde la
perspectiva económica de los cuidados la propuesta es superar la dicotomía
trabajo remunerado/no remunerado que proviene de la división sexual del trabajo
por el análisis del tiempo o de las jornadas laborales de las mujeres. Para la
discusión aquí presentada, el uso de estas definiciones es introductorio a los
temas de las jornadas laborales y los tiempos de vida.
En el caso de las zinacantecas,
el oficio artesanal consiste en la creación manual de piezas únicas con
técnicas básicas para la producción textil destinada a su venta como mercancías
para el turismo cultural, este motivado por el aprendizaje de la historia, la
arquitectura y las tradiciones de un lugar. La adquisición de una mercancía que
guarde esta inmersión cultural es la cristalización de la experiencia del
viajero o turista en cuestión (Organización Mundial del Turismo
[OMT], 2026). De modo que el trabajo artesanal, en tanto
conjunto de actividades hechas con ayuda de herramientas simples, guarda un
componente tradicional, asociado a la cultura y a la memoria histórica de
ciertos grupos o pueblos. En este artículo la elaboración de piezas textiles
para su comercialización define al trabajo artesanal que las zinacantecas realizan para el intercambio de una mercancía “zinacanteca” hecha para el o la
turista a cambio de un pago. La obtención de ingresos monetarios requiere de
tiempo extra, lo que implica cargas adicionales a las labores domésticas,
afectando de manera decisiva el tiempo de vida y el autocuidado.
El conjunto de actividades enfocadas al
sostenimiento del grupo social (léase familia, colectivo o comunidad) y a la
nutrición del vínculo de dicho grupo comprende el trabajo de cuidados. Esto es
actividades físicas, emocionales o gestoras orientadas por el sentido de la
reparación, la cura y el mantenimiento del “otro”, la “otra” o lo “otro”; por
tanto, el trabajo de cuidados es relacional y busca el bienestar común (p. ej.
el cuidado de dependientes, el cuidado del hogar, el cuidado del territorio, el
cuidado de los recursos naturales). Esta labor, generalmente desempeñada por
mujeres, no es remunerada, es invisibilizada y naturalizada por ser la base de
la economía capitalista mundial (Carrasco, 2014b).
La estructura del artículo es la siguiente. En el
primer apartado exponemos la literatura que ha abordado el tema de las mujeres,
la artesanía para el turismo y los cuidados para revelar cómo los cuidados
siguen siendo invisibilizados. A continuación
presentamos la perspectiva teórica, seguida de la metodología. Posteriormente
presentamos el apartado de los resultados, y luego de estos la discusión y las
conclusiones.
Mujeres
rurales, artesanía, turismo y cuidados
Existe un creciente interés de parte de las
mujeres rurales por incorporarse a la actividad artesanal para el turismo. Los
ingresos que obtienen provocan mayor reconocimiento social, a la vez que logran
tener más influencia en la toma de decisiones dentro del hogar y la comunidad (Movono y Dahles, 2017; Nash,
1993). Las mujeres que se dedican a la producción artesanal en Chiapas han
cambiado las ideas que tenían sobre sí mismas y sobre los roles de género
tradicionales que les toca desempeñar: ser esposas y ser madres (Linares Bravo
et al., 2019; Abbott, 1995).
A diferencia de la
cohesión reportada entre mujeres artesanas en China (Zhang et al., 2021) en
Chiapas se documenta competencia y conflictividad (Bolóm
et al., 2021; Ramos, 2010; Moctezuma, 2002), que puede estar relacionado a las condiciones de precariedad en las que se realizan las actividades
artesanales y en la que están inmersos los grupos domésticos en los Altos de
Chiapas. La
revitalización y la recuperación de técnicas artesanales ha cobrado una
importancia vital (Palomino y Pardue, 2021) al tiempo
que existe una preocupación por la función y forma de los objetos creados para
el turismo (Mayuzumi, 2022). En México este tema
tiene auge frente al incremento de esta actividad, la introducción de nuevos
actores dentro de la cadena de valor en el sector artesanal y su entrada al
mercado global (Del Rasso, 2018; Moctezuma, 2018;
Pérez-Cánovas, 2018).
La literatura que aborda
las diferencias por género se limita a estudiar el acceso a los recursos y las
barreras que enfrentan las personas artesanas (Rogerson
y Sithole, 2001; Hassan et al., 2017). Persiste una
mirada al trabajo vinculado al mercado, ignorando o asumiendo el trabajo de
cuidados. En México el trabajo de cuidados sigue siendo feminizado y el tiempo
de las artesanas es cada vez menor (Ayala-Carrillo et al., 2020). Las jornadas
laborales y los arreglos que las mujeres hacen para poder incorporarse al
trabajo remunerado vía la artesanía no ha recibido suficiente atención,
especialmente en los pueblos originarios (Ojeda y Hernández, 2023). Lo anterior
a pesar de que esta actividad se realiza desde su hogar y en donde dividir los
tiempos de cuidados de los de producción para el mercado es un reto, el telar
está montado y se teje cuando se tiene el tiempo. Conocer cómo acoplan
el trabajo en sus distintos ámbitos y analizarlos como jornadas laborales
presenta de manera más clara el aporte que realizan las artesanas a la reproducción
social, y muestra cómo la actividad artesanal para el turismo está anclada en
un sistema que expolia el trabajo de las mujeres.
Perspectiva
teórica de los cuidados
La perspectiva teórica de los cuidados en
Latinoamérica ha tenido cuatro aproximaciones (Batthyány,
2020). En la primera se encuentran aquellos trabajos cuyo acercamiento al tema
es a través del enfoque de derechos, la noción del cuidado se estudia como
derecho universal en todo el ciclo de vida de las personas. En la segunda se
han abordado los regímenes de cuidados, tomando en consideración el enfoque del
bienestar y el papel que tienen el Estado, el mercado, la familia y la
comunidad. En la tercera se recupera la noción de ética del cuidado
(Gilligan,1993) como un eje que pueda ampliarse a toda la sociedad. La cuarta
aproximación, de interés para el presente trabajo, es el de la economía
feminista, que ha contribuido a visibilizar los procesos de la reproducción
social de la vida, señalando la falsa separación entre trabajo productivo y
reproductivo. La corriente de sostenibilidad de la vida de la economía
feminista otorga centralidad a la reproducción de la vida frente a la
acumulación de capital individual reconociendo que: 1) el trabajo de cuidados,
históricamente feminizado (Pérez-Orozco, 2005, 2012) es el que absorbe los
costes del trabajo remunerado (Carrasco, 2014a; Pérez-Orozco, 2012; Agenjo-Calderón y Gálvez-Muñoz, 2019), y 2) que el ámbito
de desarrollo humano o de reproducción es donde se prepara a futuros ciudadanos
y trabajadores (Carrasco, 2014b).
La corriente de
sostenibilidad de la vida propone un circuito ampliado del trabajo que
considera los ámbitos de producción para el mercado y desarrollo humano, que
incluye la producción de bienes y servicios en el hogar. Una de las
características de esta propuesta es el desplazamiento del objetivo de
beneficio económico en términos de capital, al de calidad de vida y bienestar
de las personas (Carrasco, 2014a). Es decir, mover la centralidad de la
atención del trabajo que se realiza para el mercado hacia la reproducción de la
vida (Rodríguez, 2015;
Carrasco, 2014a). Analiza cómo impacta el trabajo de cuidados en la vida de las
mujeres, y revela desigualdades (Rodríguez, 2015) que pueden estar siendo
asumidas y naturalizadas por la división sexual del trabajo. División que se
apega a roles hegemónicos de género en donde se asume que las mujeres cuidan de
manera natural sin necesitar nada a cambio.
La literatura ha
demostrado cómo los indicadores sobre el trabajo, o los presupuestos públicos,
esconden o no toman en cuenta la realidad particular de las mujeres (Carrasco,
2014b). La reproducción de la vida requiere de los cuidados y la noción de
Organización Social de los Cuidados (OSC) remite a cómo la demanda de cuidados
se comprende y se distribuye entre la familia, la comunidad, el mercado y el
Estado, reconociendo que esta se encuentra en la base del sistema económico
(Arriagada, 2011). La atención en el tiempo que dedican las mujeres a los
cuidados y cómo se organiza, en este caso, por la red familiar, permite
analizar el peso de trabajo de las mujeres en contextos rurales.
Metodología
La investigación se llevó a cabo en Zinacantán,
pueblo tsotsil ubicado
en Chiapas, México, municipio que en 2020 contaba con 45,343 habitantes, 53.4% mujeres y 46.6% varones. En ese año
el municipio obtuvo una tasa de 31% de analfabetismo, 29.6% correspondió a los
varones y 70.4% a las mujeres (Instituto Nacional de Estadística y
Geografía [INEGI], 2024). Como en otras comunidades
rurales en México, el trabajo agrícola ha migrado a la producción agrícola
comercial (Molina et al., 2017). La siembra y
comercialización de flores es la actividad principal, seguida por la artesanía
textil para el turismo realizada por mujeres (Seidl
et al., 2011).
En 2019 el Programa
Corredores Artesanales certificó a ocho colectivos de artesanas en Zinacantán,
cada uno de estos grupos contó con una representante. Este reconocimiento por
parte del Instituto Casa de las Artesanías de Chiapas otorga autenticidad a las
piezas que se elaboran localmente con la técnica del telar de cintura (Entrevista
representante Instituto, 27 de junio de 2023).
La investigación
cualitativa priorizó la voz de las mujeres artesanas para indagar cómo acoplan
el trabajo de cuidados con el de la producción y comercialización textil para
el mercado turístico, entendido este como el espacio de oferta y demanda de
piezas artesanales para el turismo[7]. Las herramientas de
investigación fueron la observación participante, las entrevistas semi-estructuradas a nueve artesanas (A1-A9) y las entrevistas
en profundidad a cinco de las nueve artesanas del programa Corredores
Artesanales y a un ejecutivo de este programa en Chiapas, así como
conversaciones informales con otras artesanas de Zinacantán y actores del
sector artesanal. El trabajo de campo abarcó visitas al lugar de estudio
durante los meses de octubre de 2022 a enero de 2025, lo que permitió estudiar la
actividad artesanal de las mujeres tzotziles en su propio contexto. En la
primera parte del trabajo de campo se realizaron entrevistas a artesanas de
cada una de las tiendas colectivas que pertenecen al Corredor. Se les preguntó
sobre las actividades económicas de la familia, los arreglos de residencia, el
número de hijos. También se preguntó sobre la organización para la producción,
la comercialización, y el mercado principal del trabajo artesanal. Las
dimensiones “desarrollo humano” y “producción mercantil”, fueron categorías
analíticas operacionalizadas como trabajo de cuidados y la producción y
comercialización textil, ambas guiaron las entrevistas semiestructuradas y en
profundidad.
Las relaciones de
confianza establecidas con las mujeres, y su disponibilidad para continuar
participando en la investigación, sirvieron como criterio para continuar en la
segunda fase con las entrevistas en profundidad. Estas se llevaron a cabo con
cinco mujeres a quienes se preguntó sobre la distribución de su tiempo. Con el
consentimiento de las participantes del estudio, estas entrevistas fueron
grabadas y transcritas, y para cada mujer se creó un “reloj de cuidados”,
adaptación propia tomada del “reloj del bienestar” desarrollado por
Gibson-Graham et al. (2013),
que posteriormente se presentó a cada una, tomando nota de sus comentarios.
Poniendo en el centro a
las mujeres con lo que hacen y cómo lo hacen, el análisis se organizó en torno
al trabajo de cuidados y al de producción y la comercialización textil. Se
siguieron las seis recomendaciones de Clarke y Braun (2013) a saber: 1)
familiarización con los datos, 2) codificación, 3) búsqueda de temas, 4)
revisión de los temas, 5) definición de temas, y 6) tejido del escrito. Lo
anterior con la ayuda del programa ATLAS.ti. En un
primer repaso se establecieron a priori aquellas categorías que se operacionalizaron
en la investigación: cuidado de dependientes, producción de alimentos, trabajo
doméstico y autocuidado, la organización para el trabajo, los horarios, el
espacio de producción y venta. En el segundo repaso, de forma inductiva,
surgieron los mandatos de género asociados a la división sexual del trabajo en
Zinacantán, que se vinculan a la organización del trabajo artesanal y a la
organización de los cuidados.
Hallazgos:
organización de los cuidados, la producción y la comercialización
Las entrevistas en profundidad dieron cuenta de
que las mujeres combinan la producción y comercialización textil con tareas
asociadas a su papel como mujer zinacanteca[8]. El trabajo de cuidados y
el ritual son de mayor importancia. De acuerdo con lo observado, el peso del trabajo de cuidados puede hacer
que las madres asignen estas tareas a las hijas para que ellas puedan dedicarse
a la producción artesanal. Las hijas, aún niñas, antes de ir a la escuela deben
dejar preparados los alimentos para los varones de la casa. Para poder
dedicarse a la artesanía, hacen uso de su red de ayuda familiar (Moctezuma,
2002).
Las mujeres casadas
cuyos esposos tienen cargos, tienen tareas extras para que ellos puedan
desempañarlos, lo que les deja poco tiempo para cualquier otra actividad o
incluso descansar (Diario de campo, 2023-2024). Además
de la participación en rituales y ceremonias, las mujeres realizan gestión de
los cuidados (p.ej. la organización de mujeres para elaborar alimentos, para el
lavado de ropa de personajes emblemáticos para la iglesia católica, entre
otras). Actualmente a todas estas tareas, se agregan
las de producción para el mercado (Cuadro 1; Figura 1). Las mujeres también
pueden realizar labores asociadas al negocio del esposo, cuestión que ha sido
reportada en otras investigaciones (Córdoba, 2017).
La aportación que realizan las
artesanas tsotsiles entrevistadas en el hogar, como
trabajo no remunerado (Cuadro 1) corresponde a una jornada completa o más, que
se combina con el trabajo remunerado. La feminización de los cuidados es
naturalizada, por ejemplo, A3 reporta 5.5 horas de trabajo de cuidados (Cuadro
1) porque cuenta con empleada doméstica de medio tiempo. Sin embargo, mientras
trabaja cuida de su hija de tres años y de su hijo de tres meses al que
alimenta por las noches.
Cuadro
1
Horas
laborales en los ámbitos de producción de bienes y servicios en el hogar y en
el de producción para el mercado
|
Artesana |
Trabajo de cuidados (horas al día) |
Hijos |
Producción para el mercado (horas al día) |
Total (jornada) |
|
A1 |
10 |
2 |
8 |
18 |
|
A2 |
11 |
1 |
7 |
18 |
|
A3 |
5.5 |
2 |
7 |
12.5 |
|
A4 |
11 |
4 |
5 |
16 |
|
A5 |
8.5 |
3 |
8.5 |
17 |
Fuente: Entrevistas a
profundidad. Trabajo de Campo, 2023.
Relojes
de trabajo de las mujeres artesanas
Fuente: Entrevistas
en profundidad. Trabajo de Campo, 2023.
Los relojes de 24 horas muestran las jornadas
acumuladas durante un día, diferenciando el trabajo de desarrollo humano o de
cuidados (en amarillo) y el de producción para el mercado (en gris). En el día a día las mujeres desde su
hogar “hacen tiempo” para dedicarse a la artesanía. Las mujeres “quedan libres”
de las actividades de cuidados cuando los esposos se encuentran trabajando,
generalmente de 10 u 11 de la mañana a 4 de la tarde. Es en esos tiempos cuando
tienen oportunidad de tejer. Cuando una exposición de sus artesanías se acerca,
las horas de trabajo textil se extienden realizando jornadas nocturnas.
Si bien las mujeres aquí
entrevistadas se encuentran en la fase de expansión del ciclo doméstico[9] (Fortes,
1958), viviendo en su propia casa, las obligaciones que deben realizar están
supervisadas por la suegra, aunque no compartan residencia. Las suegras pueden
estar atentas a que estas obligaciones se cumplan, de otra forma puede verse
como un acto de negligencia hacia el deber familiar, cito a una de las
artesanas:
No tengo ningún problema de convivir ni nada de
eso, pero el detalle es que mi esposo no cocina, no busca su comida solo, y si
de repente ya no está, ya se siente un poco incómodo, un poco molesto que ya no
hay nadie que lo atienda, o sea lo veo por ella, entonces me imagino que así
están los demás y para
evitar problemas, pues, uno se acomoda. (Entrevista personal A1, 9 de junio 2023)
A pesar de la influencia de la estructura de
parentesco demostrada en el testimonio anterior, las mujeres actualmente pueden
desafiar los roles de género, un ejemplo es la recepción de la primera estancia
infantil[10]. Vista con sospecha y con
críticas sobre las mujeres que dejarían a sus infantes al cuidado de otras
personas, la guardería fue aceptada por las nuevas madres trabajadoras; más
tarde fueron dos estancias instaladas en la comunidad (cerradas posteriormente
por la eliminación del subsidio federal), (Entrevista personal A1, 9 de junio,
2023). Los roles de género también se flexibilizan cuando el grupo doméstico
tiene dependencia por los ingresos de la producción artesanal. Puede observarse
el cuidado de un infante por parte del esposo mientras la mujer teje, o bien
que este participe en la elaboración de alimentos, que es vista como “ayuda”,
reflejo de cómo la feminización de los cuidados está naturalizada (Diario de
Campo, 2023).
La actividad artesanal
se ha reconocido como parte de la cadena de valor del turismo (Kumar y Kumar,
2014) y como parte integral de la experiencia turística (Mustafa,
2011). Sin embargo, no existe suficiente claridad ni interés en conocer cómo se
organizan las mujeres para esta actividad, como Love (2019) menciona no existe
certidumbre sobre cómo es o debería ser una organización de origen étnico. Las tiendas funcionan como un emprendimiento familiar
(Tovilla et al., 2021; Zapata y Suárez, 2007), lo que tiene sentido cuando el
espacio de producción para el mercado es el hogar, y las horas disponibles están definidas por
las tareas de cuidados. “Si
quieres ir a trabajar ahí, como tú te acomodes”, las mujeres “se acomodan” como
menciona A1 sobre la invitación a participar en su grupo (Entrevista personal
A1, 14 de junio de 2023). Aunque levantarse en la madrugada sea el único
horario viable para dedicarse al trabajo artesanal, las mujeres recurren a
estas acciones para lograr piezas comerciables.
Las tiendas colectivas están
conceptualizadas para captar al turismo que llega a Zinacantán, pero reportan
escasas ventas a turistas. En cada tienda se ubica un espacio para recrear la
técnica de telar de cintura como demostración de autenticidad, que se puede
leer como parte del trabajo de ventas que les toca realizar. Los turistas no
caminan a estas tiendas y los guías cobran una comisión de 20% a 40% sobre las
ventas. Las tiendas de A3, A6 y A9 se dedican a proveer la demanda interna de
indumentaria tradicional zinacanteca. El cambio en la
indumentaria tradicional se ha registrado desde la introducción de la máquina
de coser (Pérez-Cánovas, 2011). Este cambio parece estar ocurriendo más a
menudo de acuerdo con las mismas mujeres. Las personas que poseen máquinas de
coser con punto de cruz tienen influencia en los colores y el tipo de flores
que se usan en la temporada (Diario de campo, 2023-2024).
Por otra parte, cuando las mujeres
no venden de forma colectiva, optan por diferentes estrategias de venta
directa, por mayoreo, y a través de redes sociales. Utilizan la aplicación de
mensajería WhatsApp y acuden a sus redes de reciprocidad para vender en ciudades
como Cancún o Palenque. Aunque en San Cristóbal de Las Casas, la venta de
piezas en el mercado de artesanías de Santo Domingo es percibido perjudicial por
la desvaloración del trabajo artesanal, recurren a este espacio cuando las
ventas en la tienda y los pedidos son insuficientes. Además, las artesanas han
aprendido una técnica que les permite acelerar el proceso de producción, abaratar
los costos para ofrecer piezas más accesibles y lograr ventas con mayor
frecuencia (Diario de Campo, 2023-2024).
La certificación que otorga el FONART
a las tiendas colectivas reconoce las técnicas de trabajo ancestral de las
mujeres, y puede contribuir a que se refleje en los ingresos que obtienen en
las piezas que elaboran, según una de las representantes:
Nos sentimos valoradas de que nuestro trabajo sí
tiene sentido, de formar parte de una nación, de un pueblo, de una comunidad. Y
sí, nos sentimos muy tranquilas, muy satisfechas. Quiere decir que estamos bien
con lo que sabemos hacer. (Entrevista personal A9, 20 de junio de 2023)
El reconocimiento no garantiza ventas a los turistas a un
precio que contemple las horas de trabajo que requiere la técnica. Al competir
con souvenirs industriales existe un impacto en el precio, y en la competencia
entre grupos familiares de producción como se ha documentado en otros lugares
de México (Rivera et al., 2008). Al final, las mujeres, buscando elaborar más por
menos, recurren a la auto-explotación que tiene
consecuencias en su cuerpo y la salud.
Discusión: ¿Calidad
de vida y bienestar para quién?
El enfoque de cuidados plantea el desplazamiento
del objetivo de beneficio económico en términos de capital, al de calidad de
vida y bienestar de las personas (Carrasco, 2014a). En la actividad artesanal
para el turismo se puede observar la tensión entre capital y vida que implica
la explotación de las mujeres. Existe una suposición desde quienes promueven
esta actividad sobre la libertad del tiempo de las mujeres que no es cabalmente
cierta. Las normas y pautas culturales asociadas a los mandatos de género no lo
permiten, como tampoco la provisión de servicios por parte del Estado. Las
mujeres gestionan su tiempo para poder dedicarse a elaborar artesanías dando
prioridad a los cuidados. No cumplir con esos mandatos puede dar lugar a
críticas, rumores o violencia doméstica. La conciliación entre el trabajo para
el mercado y el de cuidados no es un tema que atañe solamente a las mujeres si
no que exige una corresponsabilidad en la pareja y la familia, así como con el
Estado, la iniciativa privada y la sociedad en general.
La Organización Social de los
Cuidados en esta comunidad tsotsil de los Altos gira
alrededor de las madres, esposas, y otras mujeres de la red familiar. Cuestión
más factible de realizar que negociar mandatos de
género como sucede en otras latitudes (Bakas, 2014). Cuidar
genera bienestar y aporta servicios que sostienen la economía y debieran estar
plenamente reconocidos (Batthyány, 2020).
La dedicación al trabajo
de cuidados limita la dedicación de las mujeres a la actividad artesanal lo que
imposibilita su autonomía económica y el acceso a prestaciones laborales
(Orozco y González, 2024). En indicadores sociodemográficos como el de
Población Económicamente Activa (PEA) se toma en cuenta el trabajo asalariado, aunque,
como se observa en esta investigación, las mujeres dedican jornadas completas a
los cuidados. Cabe mencionar que en México el valor del trabajo de cuidados
equivale al 26.3% del Producto Interno Bruto (PIB) representando 8.4 millones
de pesos. En estas cifras, las mujeres aportan el 71.5% mientras que los
varones 28.5% (INEGI,
2023).
Las mujeres artesanas
entrevistadas recurren a la auto-explotación cuando
realizan jornadas completas de cuidados, y al menos otra jornada para lograr
allegarse ingresos vía la elaboración de textiles. El problema visto desde la
disponibilidad de tiempo indica que las mujeres muestran mayor “pobreza de
tiempo”, como es apuntalado por trabajos como los de Ayala-Carrillo et al.
(2020) y es demostrado en los relojes de trabajo ampliado antes presentados. El número de horas dedicadas a los cuidados de las mujeres
artesanas de Zinacantán rebasa lo que se presenta como promedio para México (Jimenez Brito, 2024). Consistente con lo que se ha
reportado en otras investigaciones para las mujeres que trabajan por cuenta
propia (Orozco y González, 2024).
Además de incidir en la autonomía
económica, también impide el disfrute del descanso o el ocio. En ese sentido,
como mencionan Sifuentes et al., es importante recuperar “los tiempos de no trabajo como tiempos de
vida y como una medida saludable para las mujeres y para la sociedad en su
conjunto” (2018, p. 131). Aquí cabe preguntarse cómo se conciben actualmente
tácita y culturalmente el autocuidado y el descanso para las mujeres en la
cultura zinacanteca. La
reproducción social en Zinacantán tiene un fuerte componente de opresión hacia
las mujeres. El sistema patrivirilocal[11] encuentra en el poder de
las suegras un mecanismo que asegura la subordinación de las mujeres y la
residencia postmarital un mecanismo de control
sobre ellas y su tiempo. En el trabajo artesanal, la
dedicación de las mujeres depende del ciclo de desarrollo del grupo doméstico.
Las artesanas que están en el ciclo de expansión tienen más retos para
consolidar talleres artesanales (Moctezuma, 2002).
Sobre la incursión de
los varones en el trabajo de cuidados que se explica como “ayuda”, consistente
con experiencias en otras partes de Latinoamérica (Uwimabera
et al., 2017), y Martínez y Filgueira (2021),
proponen que el cambio tiene que provenir desde adentro logrando una implosión.
En Mesoamérica, el sistema familiar (Robichaux, 1997),
que incluye la pauta de residencia patrivirilocal, ha
funcionado para la reproducción social de los grupos étnicos. ¿Cuáles podrían ser esas estrategias que originen un cambio
desde adentro sin que estas actúen como mecanismos de opresión para las mujeres?
De otra manera, el trabajo que realizan las mujeres
seguirá siendo precario y perpetuando el peso de la reproducción de la vida
sobre ellas.
Los mandatos de género
no son el único factor para tomar en cuenta en las jornadas laborales. Como se
ha presentado en los resultados, la producción de las artesanas zinacantecas está siendo desplazada por imitaciones o por souvenirs fabricados en otras partes del
mundo. Ante la ausencia de políticas integrales, como ha advertido Cohen
(1989), esta presencia contribuye a la saturación del mercado, que en México ha
sucedido para la artesanía nahua en Acapulco (Morales, 2020). La competencia
aumenta la carga de las mujeres, quienes prolongan el número de horas de
trabajo para producir más por menos. En ese sentido, es necesario realizar investigación
que documente el impacto directo en la salud de estas mujeres como resultado de
dicha sobrecarga de trabajo.
Por otra parte, el
sentido de pertenencia y la reivindicación étnica (Cruz, 2014) manifiesto en el surgimiento de la moda local es una
vía de ingresos y evidencia la capacidad de agencia para la
sostenibilidad de la vida del grupo social. Sin embargo, esta moda no resuelve
la tensión estructural entre capital-vida ¿hacia dónde se está dirigiendo el
sector? Las agencias que financian capacitaciones a las artesanas con presencia
en los Altos de Chiapas demandan responsabilidad del ciclo completo para lograr
una moda sostenible (Diario de Campo, 2024).
Conclusiones
Esta investigación proporciona una mirada hacia los arreglos
sobre el tiempo que tienen que realizar las mujeres para poder participar en la
actividad artesanal para el mercado turístico. La perspectiva de la economía
feminista de los cuidados permite observar cómo la entrada de las mujeres
rurales de la etnia tsotsil al mercado de artesanías
se produce bajo condiciones de explotación y precariedad. La división sexual
del trabajo, enraizada en pautas culturales de roles hegemónicos de género,
invisibiliza el aporte de trabajo de las mujeres, aumenta su carga limitando su
autonomía económica y el pleno goce de libertades como el ocio o el descanso
como se puede corroborar en los relojes de trabajo ampliado.
La carga laboral también puede
fomentarse por la falta de articulación entre la expectativa de
comercialización de la experiencia turística, las piezas textiles y la demanda
de souvenirs de bajo costo. Atendiendo
a la pregunta que orientó esta investigación se observa que, en términos de
preferencia por el uso del tiempo, la organización de las mujeres en la
actividad textil está atravesada por prácticas culturales que muestran formas
de organización familiar, y preponderancia por el trabajo de cuidados y el
ritual. En la comunidad rural de Zinacantán, Chiapas, las mujeres otorgan
centralidad al trabajo de reproducción de la vida, demostrando que la
acumulación de capital individual no es lo más importante. Sin embargo, al
hacer un balance y a pesar de las largas jornadas laborales de las mujeres en
los dos ámbitos de trabajo: mercado y desarrollo humano, las mujeres acoplan la
producción textil en su cotidiano aun recurriendo a la auto-explotación.
El análisis realizado permite ver
tres aportaciones. El primero a nivel empírico, la construcción de los relojes
de cuidados demuestra cómo la articulación del trabajo productivo y
reproductivo resulta en jornadas laborales excesivas. El segundo, a nivel
teórico, se visibiliza cómo el conflicto capital-vida se materializa en la auto
explotación de las mujeres, tensión que las políticas de fomento al turismo y
actividad artesanal ignoran al no considerar la organización social de los
cuidados. El tercero, en términos de política pública, la experiencia de
Zinacantán muestra que el Estado no puede impulsar la participación económica
de las mujeres sin una estrategia paralela de corresponsabilidad en los
cuidados. Lo anterior deberá incluir, además de servicios como las estancias
infantiles cuya aceptación local fue posible, la revisión de los mandatos de
género que sustentan la desigual distribución del trabajo de cuidados, y
mantienen un régimen orientado a las mujeres de la familia.
En términos
de la producción y comercialización artesanal, es necesario avanzar hacia la
comprensión de formas de organización adaptables al
contexto cultural local, con estrategias políticas que pongan el bienestar de
las mujeres al centro. Mientras la organización social de los cuidados siga
recayendo desproporcionalmente sobre las mujeres, la actividad artesanal para
el turismo aún impulsada por el Estado no podrá alcanzar su objetivo de
bienestar para las comunidades receptoras.
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[4]
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[5]
El Colegio de la Frontera Sur, México. Correo electrónico: czamora@ecosur.mx
[6]
La
incorporación de esta ciudad a la red de ciudades creativas fue en la categoría
de artesanías y arte popular (Organización de las Naciones Unidas para la
Educación, la Ciencia y la Cultura [UNESCO], 2023). Mundo Maya (Little, 2008), Pueblos Mágicos (Gobierno de
México, 2014), entre otros.
[7]
El turismo al que nos
referimos y que llega a los Altos de Chiapas es el cultural que incluye, de
acuerdo con la OMT (2026) al creativo y étnico. A Zinacantán los turistas no
llegan de forma directa, sino que toman tours desde San Cristóbal (Song, 2022).
[8] Nos referimos a mujer zinacanteca como aquella mujer habitante
del territorio al que llaman Tsots leb (lugar de murciélagos), conocido
oficialmente como Zinacantán, y hablantes del tsotsil. Recuperando a Bonfil (1991), una mujer tsotsil es parte de un grupo social
que posee un ámbito de cultura autónoma con un patrimonio cultural heredado
desde donde define su identidad colectiva. Sobre la división sexual del trabajo
Vogt
(1966), Devereaux (1987) y Martínez-Ochoa (2014) han documentado que la
preparación de alimentos, la recolección de leña para la cocina, el cuidado de
las y los niños y el tejido son tareas que le corresponden a las mujeres.
[9] Según Fortes (1958, pp. 4-5), el
ciclo de desarrollo de los grupos domésticos comienza con la expansión que
acompaña el crecimiento de la familia nuclear, continúa con la fisión, fase en
la que los hijos salen de la residencia para formar sus propios grupos, y
finaliza con el reemplazo cuando el ciclo termina con la muerte de la pareja y
ésta se sustituye por otra.
[10] La primera guardería fue
parte del Programa de Estancias Infantiles para Apoyar a Madres Trabajadoras y
Padres Solos que se implementó en toda la república mexicana durante el sexenio
2012-2018. El programa fue eliminado en la administración posterior.
[11]
En el sistema
patrivirilocal, aún vigente, las mujeres al contraer matrimonio van a vivir a
la casa de los varones (Robichaux, 1997). Esta costumbre asegura que las
mujeres al menos en los primeros años sean una ayuda para la suegra. El trabajo
de D’Aubeterre (2002) aborda esta relación en una comunidad del centro de
México.