VOCES, MEMORIAS Y RESISTENCIAS DE MUJERES EN ALCANFORES, CHIAPAS: GENTRIFICACIÓN VERDE Y PERSISTENCIA DE LAS DESIGUALDADES DE GÉNERO

 

VOICES, MEMORIES AND RESISTANCES OF WOMEN IN ALCANFORES, CHIAPAS: GREEN GENTRIFICATION AND THE PERSISTENCE OF GENDER INEQUALTIES

 

Martha Yuritzia Galera Morales[1]

Angélica Aremy Evangelista García[2]

 

Doi: https://doi.org/10.32870/lv.v7i64.8466

 

Resumen

El artículo analiza las desigualdades que enfrentan las mujeres de Alcanfores, Chiapas, en el contexto de los procesos de gentrificación verde que reconfiguran el territorio. La llegada de nuevos habitantes y los cambios en el uso del suelo no solo modifican la materialidad del espacio, sino que producen nuevas formas de apropiación y gestión del territorio, generando diferenciaciones en las maneras de habitar y participar en él.

El marco conceptual articula enfoques de territorialidad, desterritorialización y reterritorialización con perspectivas feministas críticas que problematizan la división sexual del trabajo, la desposesión diferenciada y la producción de desigualdades en contextos de intervención ambiental. La investigación se inscribe en una epistemología cualitativa y feminista que reconoce el conocimiento situado de las mujeres como un saber legítimo para comprender las relaciones socioespaciales.

Los resultados evidencian que la diferenciación entre la zona alta y la zona baja, así como la clasificación social entre población originaria, nativa y avecindada, configuran un orden territorial que distribuye privilegios, redefine pertenecias, reconfigura saberes y prácticas sostenidas principalmente por mujeres. Estas dinámicas muestran que la gentrificación verde no opera de manera homogénea, sino que produce efectos diferenciados según la posición de las mujeres en el territorio.

Se concluye que las desigualdades de género en Alcanfores, además de ser persistentes, se profundizan con las transformaciones asociadas a la gentrificación verde, si bien las mujeres despliegan estrategias para sostener el vínculo con el territorio, estas se inscriben en un campo de tensiones marcado por negociaciones, adaptaciones y límites estructurales.

 

Palabras clave: desigualdades persistentes, gentrificación verde, territorialidad, conocimiento situado, rural-urbano

 

Abstract

This paper analyzes the persistent inequalities faced by women in Alcanfores, Chiapas, within the context of green gentrification processes that reconfigure the territory. The arrival of new inhabitants and changes in land use not only transform the materiality of the space but also generate new forms of appropriation and management of the territory, generating differentiation in the ways individuals incorporate themselves into this space.

The conceptual framework articulates approaches of territoriality, deterritorialization, and reterritorialization with critical feminist perspectives that problematize the sexual division of labor, differentiated dispossession, and the production of inequalities in the context of environmental intervention. Methodologically, the research is grounded in a feminist epistemology that recognizes the situated knowledge of women as a legitimate form of knowledge for understanding socio-spatial relations.

Findings demonstrate that the differentiation between the high and low zones, coupled with the social classification of the population as originaria (original), nativa (native), or avecindada (newly settled), generates a territorial order that unequally distributes privilege, displaces knowledge and practices, and redefines belonging, disproportionately impacting women. These dynamics show that green gentrification is not a homogenous process, rather, it produces distinct outcomes for women depending on their positionality within the territory.

It is concluded that gender inequalities in Alcanfores are not only persistent but pre-existing, and are deepened by the transformations associated with green gentrification. While women deploy strategies to maintain their connection to the territory, they are embedded in a field of tensions marked by negotiations, adaptations, and structural constraints.

 

Keywords: persistent inequalities, green gentrification, territoriality, situated knowledge, rural-urban

 

Recepción: 22 de noviembre de 2025/Aceptación: 17 de abril de 2026

 

Introducción

La ranchería de Alcanfores se ubica al poniente del municipio de San Cristóbal de Las Casas, dentro de los límites de la zona periurbana de la ciudad, en un fragmento del bosque de niebla que caracteriza a una de las montañas más importantes de los Altos de Chiapas; el cerro del Huitepec, situado en la intersección entre los municipios de San Cristóbal, Chamula y Zinacantán.

Este territorio se ha convertido en una de las zonas más significativas para la población que habita en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas. Sus áreas arboladas y bosques de niebla representan un recurso de alto valor, no solo en términos simbólicos y ecológicos, sino también económicos, lo que ha provocado que sea cada vez más codiciado como espacio para habitar y urbanizar.

En la actualidad Alcanfores es habitado por una diversidad de actores sociales cuyas prácticas reflejan tanto dinámicas rurales como urbanas. La observación del territorio muestra cómo los procesos de urbanización han sobrepasado los límites periurbanos de San Cristóbal de Las Casas, transformando el paisaje y reconfigurando el entorno al modificar las formas de vida de la población originaria que ha habitado este lugar históricamente para afectar también las relaciones sociales y culturales que lo sostienen.

Esta superposición de lo rural y lo urbano configura un espacio socioespacial complejo, donde las prácticas agrícolas tradicionales han entrado en declive progresivamente frente a los asentamientos habitacionales vinculados a nuevos proyectos inmobiliarios. Estos desarrollos, que enfatizan la conservación ambiental, se apropian de los espacios verdes, utilizando la cercanía a recursos naturales y paisajes boscosos como principal atractivo para la vivienda.

La revalorización ecológica y paisajística de este territorio, bajo discursos de sostenibilidad, bienestar y conservación ambiental, constituyen procesos de gentrificación verde que terminan atrayendo a nuevos residentes con mayor poder adquisitivo y a proyectos inmobiliarios orientados al consumo de la naturaleza como estilo de vida (Bonfil Jiménez y Ribeiro Palacios, 2023). Se genera así un contexto de constante tensión entre la expansión urbana y la defensa del territorio, en el que se confrontan intereses inmobiliarios con las formas históricas de uso y cuidado del espacio por parte de la comunidad.

La gentrificación verde genera transformaciones profundas en la estructura socioespacial, pues incrementa el valor de la tierra, altera los usos del suelo y desplaza material o simbólicamente a las y los habitantes históricos, especialmente a aquellos cuyos vínculos con el territorio se sostienen en prácticas de trabajo comunitario, agricultura de pequeña escala o economías locales (Anguelovski, 2016, p. 24).

En este sentido, el estudio que aquí se propone analiza cómo la gentrificación verde exacerba las desigualdades de género preexistentes y da forma a estrategias de resistencia de las mujeres de Alcanfores, Chiapas. La investigación se enmarca en una epistemología feminista y adopta una perspectiva de género, reconociendo las narrativas sobre las experiencias de las mujeres como conocimiento situado que fundamenta el análisis de los procesos de territorialidad, desterritorialización y reterritorialización en contextos de gentrificación verde (Blázquez Graf et al., 2012).

Se documentan los impactos diferenciados de la gentrificación verde en quienes históricamente han sostenido la vida comunitaria y las relaciones sociales de Alcanfores en un contexto de constantes transformaciones del territorio y de la distribución de recursos naturales (Bee et al., 2013). Por tanto, se establece un diálogo con los conocimientos de las mujeres participantes a manera de ruptura con la epistemología tradicional que ha negado históricamente racionalidad y autoridad epistémica a las mujeres (Chaparro Martínez, 2021).

            Para lograr el objetivo, este artículo plantea como punto de partida un marco conceptual del territorio desde una perspectiva feminista e integra la importancia de la territorialidad del género para examinar la gentrificación verde como un fenómeno que intensifica desigualdades históricas de género.

            Posteriormente se presenta el posicionamiento epistemológico feminista que configura este estudio y los métodos que permiten comprender cómo las desigualdades de género se entrelazan con los procesos territoriales. Los hallazgos se organizan a partir de las transformaciones espaciales, socioeconómicas, de género y sociopolíticas en Alcanfores detonadas por las dinámicas de gentrificación verde y desterritorialización; finalmente, se cierra el texto con las conclusiones.

 

Marco conceptual

El territorio, entendido como un entramado de elementos vinculados al espacio comúnmente asociado a dimensiones geográficas, políticas, culturales y sociales, en este estudio se concibe desde la geografía crítica como un lugar vivido, sentido y constantemente disputado (Lefebvre, 1974). Esta mirada reconoce que el territorio no es neutral, sino que está atravesado por relaciones de poder que influyen en las formas en que se gestiona, habita y significa.

De acuerdo con Haesbaert (2013) y Lefebvre (1974), el territorio se configura no solo como un espacio físico, sino también como un campo simbólico y material en permanente tensión y transformación donde los sujetos ejercen su territorialidad, pero también experimentan procesos de desterritorialización y reterritorialización cuando las dinámicas externas transforman sus formas de vida. Desde una perspectiva de la geografía feminista, el espacio es “las relaciones sociales que lo conforman, que sitúan a grupos sociales en posiciones diferentes y desiguales” (Rodó-Zárate, 2021, p. 68).

De manera adicional, las geografías de la interseccionalidad subrayan la contribución de la interseccionalidad como herramienta para superar la idea de los espacios como simples contenedores de ciertas relaciones. Rodó-Zárate (2021, p. 70) propone “una relación de mutua constitución entre los lugares y la interseccionalidad”; es decir, las dinámicas de desigualdad configuran los espacios, al mismo tiempo que el lugar condiciona cómo operan las estructuras de poder.

Desde esta perspectiva asumimos la relacionalidad entre los lugares y la relacionalidad entre el lugar y el tiempo; la primera premisa para considerar cómo la desigualdad en un espacio como el doméstico impacta en otro, como la asamblea comunitaria; y la segunda, para colocar la importancia de los procesos históricos que han configurado los lugares y las relaciones sociales.

Para los fines de este artículo hemos colocado al género al centro como ordenador cultural primario y como categoría de análisis fundamental para comprender la experiencia diferenciada, asimétrica y, por lo tanto, de opresión del espacio (Serret, 2023). Sin embargo, los debates contemporáneos en el feminismo latinoamericano amplían esta mirada al considerar que las experiencias de género son contextuales, interseccionales y situadas, atravesadas por condiciones de clase, etnia, edad y territorialidad (Segato, 2017; Ramos, 2020).

Segato (2017) señala que estas desigualdades se acentúan en contextos donde la precariedad, la violencia de género y la exclusión social se interceptan, configurando experiencias diferenciadas de opresión y vulnerabilidad para las mujeres. Desde esta perspectiva, aunque los lugares se viven de forma diferente según la posición de género, también es imprescindible entender que el género en tanto eje de desigualdad estructurador se configura a través de la intersección con otros ejes de desigualdad.

En el contexto mexicano, la territorialidad de género nos posibilita entender la forma en que las relaciones de poder entre géneros se materializan, organizan y negocian en espacios físicos, simbólicos y sociales, moldeando quién accede, quién decide, quién cuida y quién trabaja. De acuerdo con Parás y Tello (2022), esto implica una dimensión sistémica y geoespacial, no solo es “quién usa la tierra”, sino cómo las políticas, los mapas, los datos y los espacios mismos reproducen desigualdades basadas en el género (Parás y Tello, 2022).

La mirada analítica del género en mutua constitución con otros ejes (Rodó-Zárate, 2021), permite profundizar en las transformaciones territoriales asociadas a la gentrificación verde que suelen impactar de manera diferenciada y desigual a mujeres y hombres, intensificando la precariedad de las mujeres en cuanto a acceso a recursos, movilidad y sostenimiento del trabajo doméstico y de cuidados (Durán, 2012).

El territorio y la territorialidad son, por tanto, categorías clave para comprender cómo se materializa el fenómeno de la gentrificación verde ya que suele generar procesos ligados a la desterritorialización al desarticular vínculos históricos de la población con el espacio y, simultáneamente, induce reterritorializaciones al imponer nuevos usos, normas y prácticas urbanas que reorganizan la vida comunitaria (Haesbaert, 2013; Herner, 2009).

En este sentido, la gentrificación verde no solo reconfigura el acceso y uso del espacio, sino que también redefine quiénes pueden beneficiarse de las mejoras ambientales y en qué condiciones. Como señala Baumgartner (2021), la incorporación de la naturaleza en los procesos de producción del espacio urbano puede convertirse en un mecanismo de valorización que favorece su apropiación por sectores con mayor poder adquisitivo, desplazando de manera directa o indirecta a poblaciones preexistentes.

En el contexto latinoamericano, estos procesos adquieren particularidades específicas, donde la naturaleza es reconfigurada como un privilegio ambiental, profundizando desigualdades estructurales y limitando el acceso de grupos históricamente marginados (Baumgartner, 2026). Así, la gentrificación verde evidencia la necesidad de problematizar las intervenciones ambientales desde una perspectiva crítica que incorpore la justicia territorial y de género, reconociendo las formas diferenciadas en que se habita, cuida y disputa el territorio.

 

Metodología

Este estudio se articuló desde un enfoque cualitativo que reconoce los conocimientos situados de las mujeres de la ranchería Alcanfores. Asumir lo cualitativo fue una decisión política y epistemológica, en tanto reconoce los saberes que emergen de la experiencia cotidiana, la memoria encarnada y el vínculo afectivo con el territorio como formas legítimas de producción de conocimiento.

El marco metodológico se sostiene en la epistemología feminista, entendida como una perspectiva que cuestiona las jerarquías de producción del conocimiento y reconoce que toda investigación está atravesada por relaciones de poder y experiencias de género situadas. Esta perspectiva implica valorar los saberes encarnados, afectivos y territoriales de las mujeres participantes como fuentes legítimas de conocimiento (Chaparro, 2021; Mileo et al., 2024).

Desde este enfoque, las técnicas empleadas privilegiaron la escucha activa, el diálogo y la observación cercana, a través de platicas informales, recorridos por la ranchería y entrevistas semiestructuradas y a profundidad. Estas últimas se organizaron en tres bloques temáticos: la territorialidad del espacio, las transformaciones territoriales y las desigualdades de género. Una primera aproximación desde estos ejes permitió identificar la persistencia de la división sexual del trabajo y la doble jornada laboral que enfrentan las mujeres de Alcanfores, particularmente en el contexto del declive de la actividad agrícola en el espacio habitado. Por lo tanto, se profundizó en estas dimensiones.

Las entrevistas se llevaron a cabo entre los meses de octubre de 2024 y enero de 2025, con una duración aproximada de una hora cada una. Durante este periodo, se concretaron ocho encuentros con una de las participantes, lo que permitió profundizar de manera sostenida en su experiencia. A partir de este proceso, fue posible delimitar las principales categorías analíticas de la investigación, reconociendo que lo que emerge de los datos generados responde a un enfoque situado, permitiendo comprender las dinámicas sociales y territoriales en su dimensión cotidiana.

De manera complementaria, se llevaron a cabo recorridos por la zona de estudio, acompañados de registros sistemáticos en el diario de campo, los cuales funcionaron como una técnica de apoyo para el reconocimiento del territorio. Estos recorridos permitieron profundizar en la descripción de Alcanfores, así como en la observación de las actividades, prácticas y dinámicas sociales de la población que lo habita, fortaleciendo la comprensión situada de los procesos territoriales en curso.

La selección de las participantes respondió a una clasificación interna de la comunidad, mujeres originarias, nativas y avecindadas, que emergió durante el trabajo de campo. En total, participaron ocho mujeres nativas y avecindadas, de entre 43 y 66 años; no obstante, para los fines de este artículo se recuperan fragmentos de las narrativas de cinco de ellas, así como experiencias de mujeres originarias evocadas a través de los relatos sobre madres y abuelas. En todos los casos, se solicitó su consentimiento para la grabación de las entrevistas y el uso de la información con fines académicos.

Si bien la edad de las participantes puede implicar ciertos sesgos o limitaciones en la información, se priorizó la interacción con mujeres que pudieran dar cuenta de las primeras generaciones en el territorio, así como su disposición para participar en la investigación. Esta estrategia metodológica permitió incorporar memorias familiares y comunitarias como una vía central para comprender los procesos de resistencia y transformación territorial que han atravesado las mujeres en Alcanfores.

            Constituyó un recurso analítico clave para la reconstrucción del espacio habitado, al aportar elementos sobre las prácticas y actividades que han configurado su territorialidad, en este sentido, no se entienden como evocaciones nostálgicas, sino como expresiones de conocimiento situado que permiten interpretar las transformaciones territoriales y las lógicas que estructuran la vida cotidiana.

La sistematización de los datos se realizó en el programa de análisis cualitativo NVivo, mediante la construcción de un árbol de codificación sustentado en el análisis de las entrevistas. Se priorizaron categorías analíticas vinculadas al género y al territorio, mientras que las subcategorías se definieron, en un primer momento, a partir de la revisión bibliográfica y, posteriormente, en función de la evidencia empírica. Finalmente, se incorporaron etiquetas orientadas a identificar aspectos específicos de la problemática de la gentrificación verde, con el fin de visibilizar cómo las desigualdades de género se expresan en el acceso, uso y defensa del territorio.

El análisis se desarrolló desde una ética feminista del cuidado, la reciprocidad y la construcción conjunta de los relatos, lo que permitió reconocer cómo las mujeres producen conocimiento desde su experiencia y cómo sus voces son fundamentales para comprender las transformaciones socioespaciales en Alcanfores. Es importante señalar que, a solicitud de las participantes, se resguarda su anonimato, evitando la mención de nombres y datos personales. Como se mencionó anteriormente, la investigación cuenta con el consentimiento informado de las participantes, garantizando en todo momento la confidencialidad y el manejo ético de los datos. Asimismo, se dispone de la autorización formal de la agencia rural de la ranchería, avalando la participación en determinadas actividades comunitarias y la realización de visitas a las mujeres participantes.

            En este marco, la relación establecida con ellas y otros actores de Alcanfores se fundamenta en principios de respeto, reciprocidad y compromiso, orientados a la construcción de vínculos a largo plazo, en el contexto de un proceso de investigación más amplio y sostenido en el territorio.

 

Hallazgos

Alcanfores es una ranchería fundada hace más de un siglo (ver Figura 1). En sus primeras etapas de poblamiento, las dinámicas comunitarias respondían a una lógica de cuidado, producción y reproducción del territorio vinculada a actividades rurales. Esta organización dio origen a una configuración territorial que divide el espacio en una zona baja y una zona alta a partir de la organización social de roles asignados a mujeres y hombres desde la división sexual del trabajo.

 

Figura 1. Ubicación de la ranchería de Alcanfores, elaborado por el Mtro. Rodolfo Rodríguez Ruiz, con datos proporcionados por las autoras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las actividades vinculadas al cuidado y la reproducción para el sostenimiento cotidiano se asociaron a lo femenino, mientras que las labores productivas y agrícolas fueron reconocidas como espacios masculinos. Esta división sexual del trabajo dio lugar a zonas feminizadas y masculinizadas dentro del territorio, expresión material de las desigualdades de género que organizan la vida comunitaria. En Alcanfores, la zona alta se vinculó a la vivienda y la reproducción de la vida familiar, “porque el terreno no era tan bueno para sembrar” (Participante 4, 43 años, diciembre 2024); mientras que la zona baja se destinó principalmente a la agricultura y otras labores productivas como albañiles, peones, electricistas o carpinteros.

Más que una delimitación geográfica formal, esta división refleja la forma en que la población reconoce y nombra simbólicamente su territorio. Evidenciando un orden socioespacial construido por las prácticas y percepciones comunitarias. Las geografías feministas destacan que los espacios no son neutrales porque están generizados y son generizantes; es decir, estructurados por relaciones de poder que les atribuyen significados simbólicos y materiales diferenciados según el género (Oberhauser et al., 2018).

En este sentido, la zona alta se caracteriza por concentrar dinámicas vinculadas al trabajo doméstico y de cuidados familiares (la preparación de alimentos, la recolección de agua y leña, el pastoreo de borregos), constituyéndose como un espacio donde se entrelazan el arraigo, la memoria y las prácticas de reproducción de la vida cotidiana por parte de las mujeres para sostener la continuidad de la vida en Alcanfores. Estas prácticas, además de garantizar la subsistencia material, encarnan una relación afectiva y simbólica con el entorno, en la que el cuidado se afirma como una forma de habitar y de producir territorio.

 

Mi niñez y juventud, fui de lo más feliz porque a mí no me hizo falta nada, mi papá cosechaba y se iba con mi mamá a intercambiar maíz por frutas allá en los lugares de tierra caliente. Teníamos de todo aquí, había agua, había leña, carbón … comida teníamos porque se sembraba. Tenía un techo y a mis hermanitos, todo teníamos aquí. (Participante 5, 65 años, diciembre 2024)

 

En contraste, la zona baja se configuró históricamente como el espacio de la producción y el intercambio, donde las actividades asociadas al trabajo agrícola y al sustento económico recaían principalmente en los hombres. En este territorio se concentraban principalmente los cultivos de maíz, y las áreas de comercio local, articulando una lógica productiva que reforzaba la división sexual del trabajo y, con ello, una geografía de lo cotidiano marcada por el género.

A partir de 1950, el territorio comenzó a experimentar la transformación del entorno rural, ocurrió a partir del desplazamiento de muchas de estas actividades por nuevas formas de ocupación del suelo vinculadas a proyectos inmobiliarios, modificando las relaciones sociales y los sentidos del territorio. La zona baja se convirtió así en un espacio de disputa, donde las tensiones entre el valor económico de la tierra y el arraigo comunitario revelan los efectos más visibles de los procesos de gentrificación verde.

La venta de parcelas heredadas a hijos e hijas en la zona baja a personas externas e incluso extranjeras, no solo transformó la composición social de Alcanfores, sino que también abrió paso a dinámicas de gentrificación verde. Ante la llegada de nueva población a Alcanfores, la territorialidad del espacio se modificó significativamente.

La zona alta continuó siendo el ámbito principal para la reproducción de la vida y el sostenimiento familiar, aunque sus espacios también se fueron adaptando a actividades agrícolas de menor escala. En contraste, la zona baja se transformó en el territorio donde se asentó la mayor parte de la población externa, redefiniendo la organización social y las formas de apropiación del espacio dentro de la ranchería.

 

Tuvimos que adaptar aquí arriba un espacio para continuar sembrando, después fuimos heredando a nuestros hijos, entonces ya no quedó lugar donde sembrar, solo teníamos espacio para vivir. (Participante 5, 65 años, diciembre 2024)

 

La reconfiguración del paisaje urbano-rural en la ranchería, impulsada por la llegada de población externa, tensionó la apropiación del espacio por las mujeres, limitando su acceso a recursos y dificultando los vínculos comunitarios y las prácticas de cuidado esenciales para la reproducción social.

Como resultado, en la reconfiguración de las normas comunitarias se restringió el acceso a recursos naturales (leña, agua, abono, pastoreo) y se impusieron reglas que exigían a la nueva población integrarse a las actividades de vigilancia y participar en los órganos de decisión territorial (asamblea comunitaria, agencia rural, comités de gestión). Tal organización ejemplifica una gobernanza híbrida y relacional donde diversos actores negocian el uso y control de los recursos (Grau-Solés et al., 2011).

En este sentido, la población de Alcanfores experimentó procesos de desterritorialización del espacio habitado, no solo por la venta de parcelas que constituían la principal fuente de sustento económico de las familias, sino también por la reconfiguración social que llevó a muchas mujeres a emplearse principalmente en el trabajo doméstico remunerado dentro y fuera de la ranchería. Esta transformación alteró las formas de reproducción de la vida cotidiana y los vínculos con el territorio, evidenciando cómo los procesos de desterritorialización reestructuran no solo el espacio físico, sino también las relaciones sociales y los significados atribuidos al lugar (Haesbaert, 2020).

La incorporación de las mujeres de Alcanfores al trabajo remunerado no ha significado una igualdad en el acceso a recursos o a decisiones sobre el territorio. Por el contrario, estas nuevas formas de empleo se suman a la carga histórica del trabajo doméstico y de cuidado, generando lo que las investigaciones en estudios de género denominan una “doble jornada laboral” (Hochschild y Machung, 2012).

 

Nosotras teníamos trabajo fuera de aquí, otras mujeres en aquellos tiempos lo hacían aquí, ¡pobres mujeres! Vendían leña, vendían carbón, enterraban su carbón, y lo vendían en la ciudad, o aquí en la ranchería. No [a] todas nos tocó un trabajo de lavanderas, algunas trabajaban allá abajo haciendo limpieza, o cosechaban sus verduras y se iban al mercado a vender, pero todas o casi todas teníamos que trabajar. (Participante 2, 66 años, diciembre 2024)

 

A partir del año 2000, las transacciones de compra y venta de parcelas en la ranchería se intensificaron y adquirieron un carácter más complejo, dando lugar a procesos relacionados con el fenómeno de la gentrificación verde.

La gentrificación verde en Alcanfores no solo transformó la composición de la población, sino también la manera en que se valoran y utilizan los espacios del territorio. La valorización ambiental de ciertas parcelas y la llegada de proyectos inmobiliarios vinculados a la conservación y el paisaje generaron nuevas jerarquías sociales y económicas, donde el capital y la proximidad a recursos naturales se convirtieron en criterios de legitimidad y poder generando exclusión, desplazamiento y transformación de las poblaciones locales (Bonfil Jiménez y Ribeiro Palacios, 2023).

Además, los estudios sobre gobernanza territorial en Latinoamérica muestran que estos procesos no son neutrales: la regulación de los recursos comunes y la participación en la toma de decisiones se estructuran de manera desigual según la pertenencia social y el poder de los actores implicados (Calderón Maya et al., 2018). En este contexto, las reglas sobre acceso y vigilancia no solo organizan el uso de los recursos, sino que también evidencian cómo se reproducen jerarquías sociales y se restringe la agencia de ciertos grupos, incluyendo a las mujeres de la comunidad.

 

Llegué aquí creo en el 2006, pero no sabía que pertenecíamos a la ranchería. Después los de la agencia dijeron que nos iban a dar agua, pero teníamos que pagar una cuota y, además, tenían una asamblea comunitaria en la que debíamos participar. (Participante 1, 65 años, octubre 2024)

 

Las tensiones entre quienes históricamente habitan el territorio y los nuevos actores externos afectan especialmente a las mujeres, cuyas prácticas tradicionales de cuidado, agricultura y gestión del espacio se vieron deslegitimadas o limitadas frente a estas nuevas dinámicas asociadas al proceso de gentrificación verde (Bonfil Jiménez y Ribeiro Palacios, 2023).

 

A mí una vez un avecindado fue a denunciarme a la agencia, dijo que por la culpa del excremento de mi perro había ensuciado su alfombra, ¡imagínate!, me denunció por una alfombra, dijo que pedía que yo mantuviera encerrados a mis perros, y además se atrevió a insultarme frente a la autoridad [...]. (Participante 2, 66 años, octubre 2024)

 

Ante estas transformaciones, no solo del espacio geográfico sino también de las formas de organización y gestión del territorio, la población que históricamente habitó Alcanfores desarrolló estrategias de resistencia a manera de dinámicas de reterritorialización. Es decir, procesos mediante los cuales los actores reconfiguran el significado y el control de un territorio ante cambios externos y desplazamientos (Deleuze y Guattari, 2020; Blázquez Graf et al., 2012).

En el caso de Alcanfores, estas dinámicas se manifiestan a través de la clasificación de la población, según su relación con el lugar, como originaria, nativa y avecindada. Así, la población originaria está compuesta por quienes fundaron la ranchería hace más de un siglo, la población nativa por quienes nacieron en el lugar y pertenecen a familias originarias, y la población avecindada por personas de fuera que adquirieron parcelas principalmente en la zona baja de la ranchería. Esta categorización permite establecer jerarquías de incorporación ante la nueva población, y comprender las distintas formas de pertenencia en la vida comunitaria, así como las estrategias que cada grupo emplea para adaptarse y resistir frente a las transformaciones del territorio y las relaciones de poder que alteran tanto el espacio comunal como las dinámicas sociales.

La clasificación de la población en Alcanfores muestra la configuración situada de las desigualdades de género en intersección con las normas comunitarias que regulan el acceso y uso de los recursos naturales. Aunque estas disposiciones impactan al conjunto de la población, las mujeres enfrentan mayores restricciones en el uso del agua, la leña y el abono, insumos vinculados a sus prácticas de cuidado y sostenimiento de la vida cotidiana. Esta situación ha generado un mayor descontento y precarización, particularmente entre las mujeres nativas, quienes habían construido una relación cotidiana y estratégica con dichos recursos.

 

A mí me gustaba cocinar en fogón, así lo hacía mi mamá y abuela, además, no teníamos para estar gastando en gas, ahora no puedo ir a la Reserva por leña, me lo prohíben las autoridades, tengo que comprar mi carbón o usar la estufa, pero me da tristeza que no puedo recoger mi leñita, o traer abono para mis plantitas. (Participante 1, 65 años, enero 2025)

 

Frente a estas restricciones, las mujeres nativas han desplegado diversas estrategias que pueden leerse como formas de resistencia en tanto buscan sostener su vínculo con el territorio y sus prácticas situadas; no obstante, estas no se configuran como respuestas homogéneas ni necesariamente confrontativas. En diálogo con Scott (2000), es posible entender estas prácticas como formas cotidianas de resistencia que operan de manera sutil y, en ocasiones, poco visibles.

Sin embargo, como advierte Mahmood (2019), estas acciones también pueden implicar procesos de negociación y reproducción de normas, lo que complejiza su lectura en términos exclusivamente emancipatorios. En este sentido, la resistencia se inscribe en un campo de tensiones donde coexisten adaptaciones, ambivalencias y disputas internas, permitiendo visibilizar las contradicciones que atraviesan la vida comunitaria y las relaciones al interior de la ranchería.

Su participación en los comités comunales de conservación de la reserva ecológica y en los grupos de vigilancia, como el denominado “Guardianes de la Reserva”, organizados por la propia ranchería y conformados por hombres y mujeres, constituye una forma de resistencia colectiva que resignifica su presencia en el espacio. A través de estas prácticas, disputan y negocian el control y la gestión del territorio, fortaleciendo su rol en la preservación del entorno y en la continuidad de sus saberes, mientras evidencian cómo, incluso en marcos normativos comunales, persisten jerarquías de género que condicionan su agencia y reconocimiento.

 

Caminar por la reserva es algo que siempre me gustó, en algún tiempo no podíamos entrar, nos tenían amenazados porque quisieron invadir este espacio, cuando se liberó, se formó un grupo aquí en la ranchería, lo llamamos Los Guardianes de la Reserva, yo soy parte de ese grupo, los domingos vamos a revisar que no estén saqueando leña, o que no talen los árboles. (Participante 4, 43 años, enero 2025)

 

Hace más de un siglo, las mujeres originarias y nativas en Alcanfores no participaban en la gestión del territorio, ya que los cargos de autoridad comunal y las decisiones sobre el uso de la tierra y el acceso a los recursos se reservaban solo a los hombres. A partir de la década de 1990, algunas mujeres lograron incorporarse a la agencia rural, abriendo espacios de participación en los órganos de control y gestión comunal.

Sin embargo, estas incursiones se vieron afectadas por situaciones de violencia física y psicológica, presiones sociales y resistencias estructurales que dificultan su participación permanente y consolidada en dichos espacios. Ante la persistencia de las desigualdades de género en la gobernanza comunitaria, las mujeres han desarrollado formas de resistencia situadas para mantener su influencia y presencia en la organización y cuidado del territorio, incluso frente a normas y estructuras que históricamente las han marginado.

 

Yo participé en la agencia rural, fui juez dos años, la ranchería me propuso para ocupar este cargo. Me sentí insegura porque no sabía leer bien, pero lo acepté. La verdad es que te expones mucho al estar ahí porque a veces la gente no te respeta, ahora, si me preguntas, ya no volvería a estar ahí, prefiero estar tranquila en mi casa. (Participante 5, 65 años, diciembre 2024)

 

En Alcanfores, las dinámicas de inclusión y exclusión en los espacios de decisión no solo responden al género, sino también a la historia de residencia y la relación con el territorio, condicionando la participación efectiva de quienes no forman parte de los linajes originarios. Desde las territorialidades feministas, estos procesos revelan cómo el control y la gestión del espacio reproducen relaciones de poder que subordinan los saberes y prácticas de las mujeres, al tiempo que reconfiguran sus formas de habitar, cuidar y vincularse con el territorio, profundizando así las desigualdades preexistentes en contextos de reordenamiento socioterritorial (Lan, 2024).

Las mujeres originarias y nativas, con vínculos históricos y afectivos profundos con Alcanfores, enfrentan la presión de mantener sus prácticas tradicionales de cuidado, producción y transmisión de saberes, mientras deben adaptarse a nuevas demandas económicas y sociales. Por ejemplo, expresan un profundo descontento frente a la creciente participación de la población avecindada en los órganos de decisión comunal, al considerar que cuentan con menor conocimiento sobre el territorio y que su intervención reconfigura las formas de legitimidad históricamente construidas a partir de la memoria colectiva y la participación sostenida en la vida comunitaria.

Por su parte, esta deslegitimación, orientada por las jerarquías implícitas a la clasificación de la población, afecta el sentido de pertenencia de las avecindadas al lugar.

 

No busco participar en la agencia o la asamblea rural porque siento que ellos nos ven diferente por ser avecindada, una vez llegamos a pedir ayuda y hacen como que te escuchan, pero después te ignoran, siento que, si eres mujer y estás sola, más aún, entonces la verdad no me interesa estar ahí. (Participante 1, 65 años, octubre 2024)

 

Desde la perspectiva de las mujeres originarias y nativas, la población avecindada impone normas vinculadas a discursos de conservación ambiental y ordenamiento que, lejos de fortalecer el tejido comunal, se inscriben en dinámicas propias de la gentrificación verde, donde la protección del territorio se instrumentaliza para disputar su control simbólico y material. Cuando dicha población elige pagar multas para evitar prácticas que sostienen la pertenencia como las festividades, los rituales vinculados al agua y las jornadas de limpieza y mantenimiento evidencian un distanciamiento con el espacio habitado y una lógica económica que reconfigura las jerarquías internas.

 

A veces me molesta que los avecindados estén en la agencia, dicen que la reserva es un espacio de conservación, que no debemos entrar, que no debemos tomar leña, ni los troncos que se cayeron de viejos. Piensan que nosotros no cuidamos, no conservamos, entonces; ¿cómo es que ha existido hasta este tiempo? (Participante 6, 59 años, noviembre 2024)

 

En este escenario, las mujeres nativas resisten defendiendo estas prácticas como formas de cuidado colectivo, memoria territorial y reproducción de la vida comunal, enfrentándose a procesos que fragmentan el arraigo y diluyen los sentidos históricos de pertenencia y autoridad en Alcanfores.

Por su parte, las mujeres avecindadas, al no contar con un arraigo histórico en la ranchería, se sitúan en una posición más frágil en términos de legitimidad y reconocimiento comunitario, lo que complejiza su inserción en los espacios de participación y toma de decisiones. No obstante, estas mujeres despliegan estrategias orientadas a construir pertenencia y reafirmar su compromiso con el territorio a través de su incorporación en los comités de gestión territorial, su presencia constante en la asamblea comunal y su participación en la agencia rural, ocupando cargos que, en varios casos, han sido propuestos por los propios habitantes nativos de Alcanfores.

En este sentido, su involucramiento puede leerse como una forma de resistencia que busca disputar su lugar dentro del entramado comunal, aunque este proceso se encuentra permanentemente tensionado por jerarquías históricas que privilegian el origen y el linaje como criterios centrales de legitimidad y autoridad territorial.

 

Conclusiones

Los procesos de gentrificación verde en Alcanfores han transformado no solo el espacio físico, sino también las relaciones sociales y de género, reconfigurando las formas en que las mujeres participan en la vida cotidiana y comunitaria. Desde este contexto, ellas asumen una multiplicidad de roles que articulan el trabajo remunerado, la participación en espacios de decisión y la continuidad de las tareas domésticas y de cuidado, sosteniendo simultáneamente la reproducción de la vida y el funcionamiento comunitario.

Lejos de construir un grupo homogéneo, las experiencias de las mujeres en Alcanfores se encuentran atravesadas por diferencias en su posición territorial, al nombrarlas y reconocerlas como originarias, nativas y avecindadas, lo que da lugar a formas diferenciadas de acceso, participación y reconocimiento. Estas distinciones evidencian que la gentrificación verde no impacta de manera uniforme, sino que reconfigura jerarquías preexistentes y produce nuevas tensiones en torno a la pertenencia, la autoridad y el uso del territorio.

En este marco, las tronsformaciones territoriales asociadas a la valorización de los espacios verdes y la llegada de población externa generan dinámicas de exclusión que limitan la incidencia de las mujeres en la toma de decisiones sobre la tierra y los recursos, de esta manera, la gentrificación verde opera como un proceso que no reorganiza el espacio, sino que también redefine las relaciones de poder que atraviesan la vida cotidiana, afectando las prácticas de cuidado, producción y transmisión de saberes.

Si bien estos procesos intensifican condiciones de vulnerabilidad, también emergen diversas estrategias mediante las cuales las mujeres sostienen su vínculo con el territorio. Estas prácticas no pueden entenderse de manera lineal como formas de resistencia, sino como acciones situadas que implican negociaciones, adaptaciones y, en ocasiones, la reproducción de ciertas normas y jerarquías, lo que da cuenta de las tensiones internas que configuran la vida en la ranchería.

En conjunto, el caso de Alcanfores aporta a la discusión sobre la gentrificación verde al evidenciar que estos procesos en contextos rurales y periurbanos se entrelazan con dinámicas comunitarias, memorias y prácticas de cuidado que suelen quedar fuera de los análisis centrados en lo urbano. Desde esta perspectiva, las mujeres se reconocen como productoras activas de territorio y conocimiento, cuya experiencia permite comprender cómo la gentrificación verde redefine el acceso, uso y control del espacio.

Finalmente, estos hallazgos dialogan con debates más amplios sobre justicia socioambiental y planificación territorial al mostrar que las intervenciones asociadas a la gentrificación verde pueden profundizar desigualdades si no incorporan un enfoque de género y una comprensión situada de las dinámicas territoriales. Esto plantea la necesidad de avanzar hacia formas de gobernanza que reorganizan las prácticas cotidianas y el papel central de las mujeres en la sostenibilidad de la vida y del territorio. Pensar la gentrificación verde desde el género implica reconocer que no hay justicia ambiental posible sin justicia territorial, ni justicia territorial sin considerar el papel central que las mujeres desempeñan en el sostenimiento cotidiano de la vida.

 

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[1] El Colegio de la Frontera Sur, México. Correo electrónico: martha.galera@posgrado.ecosur.mx

[2] El Colegio de la Frontera Sur, México. Correo electrónico: aevangel@ecosur.mx